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Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

FRASES DE CIENCIA

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Una dieta baja en calorías reduce las enfermedades y alarga la vida

Un estudio de 20 años en monos mostró que una dieta baja en calorías producía menos enfermedades y una vida más longeva, dijeron ayer investigadores estadounidenses, un hallazgo que se podría aplicar a los humanos.

mono menos calorias
Canto, de 27 años, (izquierda), un mono Rhesus con dieta restringida, y Owen, de 29, con dieta libre.

Los investigadores dijeron que monos de la India (también conocidos como macacos Rhesus) con una estricta dieta baja en calorías tenían tres veces menos de probabilidades de morir por enfermedades ligadas al envejecimiento como un ataque al corazón, cáncer y diabetes, en comparación con los que comieron lo que quisieron durante el mismo período.

"Hemos sido capaces de demostrar que la restricción calórica puede ralentizar el proceso de envejecimiento en una especie primate", dijo Richard Weindruch, de la Universidad de Wisconsin, en Madison, Estados Unidos, cuyo estudio aparece en la revista Science.

"Observamos que la restricción calórica reduce el riesgo de desarrollar una enfermedad relacionada con la vejez y aumenta la longevidad", dijo Weindruch.

El estudio en primates refuerza hallazgos similares en hongos, gusanos, moscas y roedores, y sugiere que otros primates −incluidos los humanos− se pueden beneficiar también.

"Dado que la gente vive mucho más que los monos, puede que no sea posible completar el estudio con los efectos de una restricción calórica en humanos, pero los monos puede ofrecer una aproximación", afirmó el equipo.

Gran parte de los estudios con limitación de calorías han hallado que para lograr los beneficios de la longevidad es necesaria una vida de abstinencia, y muchos equipos de investigación están trabajando en la forma de conseguirlo con medicamentos. En su último estudio, Weindruch y sus colegas investigaron los efectos de la limitación calórica durante dos décadas en un grupo de monos macacos Rhesus.

La mitad de los macacos pudieron comer lo que quisieron y la otra mitad siguió una dieta cuidadosamente controlada que sólo les ofrecía dos tercios de las calorías que hubieran elegido normalmente.

El equipo halló que la mitad de los monos que comieron libremente durante esos 20 años han sobrevivido, mientras que un 80% de los monos que comieron un 30% menos de calorías durante el mismo periodo están aún vivos.

"Los macacos Rhesus tienen una esperanza de vida promedio de unos 27 años en cautividad", dijo el equipo.

Los animales que comieron menos tuvieron la mitad de enfermedades cardíacas y cáncer, y no se registraron casos de diabetes entre ellos.

Además, los monos del grupo bajo en calorías también tenían un mayor volumen cerebral en algunas regiones que los animales que comieron libremente, lo que sugiere que la dieta puede afectar a la salud cerebral en el envejecimiento. l

(Reuters)

Estudios en animales demuestran que tomar menos calorías retrasa el envejecimiento y prolonga la vida

¿Quiere vivir más? Coma un poco menos. El secreto de la eterna juventud no está en pócimas, hormonas de reciente descubrimiento o píldoras mágicas. Reside, simplemente, en las calorías. Esta es la hipótesis de un grupo de científicos dedicados al estudio del envejecimiento. Sus convicciones son fruto de años de investigación sobre los efectos de la dieta restrictiva en ratas y monos. Y hoy, paradójicamente -en el Día Mundial de la Alimentación-, mientras que millares de personas que mueren por la falta de alimentos conviven con 150 millones de obesos, algunos expertos intuyen que la reducción de la dieta diaria a 1.800 calorías es el camino para que el hombre llegue a centenario. Una apuesta basada, de momento, en los estudios sobre restricción calórica hechos en animales, y cuyos resultados muestran que las dietas espartanas retrasan el envejecimiento, reducen el riesgo de males asociados al paso del tiempo y prolongan la vida. Así que, de confirmarse estos hallazgos en el hombre, y si usted no fuma, no bebe, mantiene un peso constante y hace ejercicio, incorpore un hábito saludable más a su vida para prolongarla: seguir una dieta reducida, pero equilibrada.


Dos trabajos, uno publicado en el número de este mes de la revista American Journal of Pshysiology y otro difundido en julio en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, ensalzan los beneficios de la restricción de la dieta en monos. "Mi opinión personal es que las ventajas que se han obtenido en macacos con la dieta restringida podrían trasladarse al hombre", asegura George Roth, líder de la investigación publicada en julio, y jefe del Laboratorio de Biología Molecular y Celular del Instituto Nacional del Envejecimiento de EEUU (NIA), lugar en el que, en 1987, se iniciaron los estudios de la restricción calórica en primates.


La búsqueda de un milagro que pudiera retrasar el reloj biológico obtuvo sus primeros resultados hace siete años. En uno de los laboratorios de la Universidad Cornell, el científico Clive M, McCay y sus colaboradores realizaron un sorprendente hallazgo: la dieta restrictiva había conseguido aumentar la expectativa de vida de un grupo de ratas en un 33%. De tres años de vida pasaron a cuatro.


Posteriormente, este grupo de científicos pudo comprobar que los animales que siguieron una dieta menos calórica se conservaban más jóvenes y sufrían menos enfermedades asociadas al envejecimiento que sus compañeros de estudio, los roedores a los que les permitieron seguir con su dieta normal, según publica Scientific American. El trabajo de McCay confirmaba así una sospecha científica que se remonta a 1930, momento en el que empiezan a surgir las primeras evidencias que relacionan las dietas restrictivas con el aumento de vida en ratas y otros mamíferos.


La bibliografía
Desde entonces, numerosos trabajos, como el de la Universidad de Cornell, han demostrado que cuando se disminuye entre un 30% y un 60% la alimentación normal (es decir, los animales comían lo que querían) en las ratas, la media de esperanza de vida (que es de 23 meses, aunque con dieta restrictiva es de 33 meses) y el tiempo máximo de supervivencia que pueden alcanzar (33 meses con dieta normal y 47, con dieta reducida) se incrementan en las misma cantidad. Curiosamente, y por contra -tal y como destaca el New England Journal of Medicine en un artículo de revisión reciente titulado Consumo de calorías y envejecimiento-, los roedores que siguen una dieta restrictiva, aunque más permisiva (92% de la media de las dietas consideradas como restrictivas), que comen carne, practican ejercicio y pesan un 40% menos que sus homólogos sedentarios, también aumentan la media de expectativa de vida, pero no el máximo de la misma.


La trascendencia de estos resultados sembró la duda entre los científicos sobre si el control en la alimentación proporcionaría los mismos resultados en el hombre. Para resolverla sólo había un camino: los ensayos con monos. Así es como hace una década surgieron las primeras investigaciones con macacos. Y aunque todavía resulta aventurado asegurar que las dietas espartanas prolongan la supervivencia en estos animales (dado que su esperanza de vida es de 30 o 40 años); ya existen datos que muestran los beneficios de este tipo de alimentación. Tal y como destaca American Journal of Physiology, tras 10 años de estudio, los 30 monos que siguieron una dieta restrictiva (30% menos de calorías diarias) tuvieron una elevación de 25 puntos en los niveles de colesterol HDL, el bueno, así como una reducción de 20 puntos en los de triglicéridos (miligramos por decilitro), en comparación con los 30 macacos sometidos a una dieta normal.


"Los animales que consumieron menos calorías tuvieron unas alteraciones que están asociadas a un menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares: niveles más altos de colesterol bueno; triglicéridos más bajos; presión sanguínea más baja y una menor acumulación de grasa", destaca Roy Verdery, uno de los autores de este estudio que ha sido realizado por miembros del Centro del Envejecimiento de Arizona y del NIA.


Pero hay más. Las páginas del Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism revelan una reducción en el declive de la hormona DHEA en los monos que siguieron una dieta baja en calorías (también un 30% de reducción calórica).
La hormona DHEA
"Los niveles de DHEA son de gran interés para nosotros porque creemos que esta hormona es una fuente de juventud, pero, sobre todo, porque es un buen marcador para establecer el envejecimiento de los macacos que han seguido la dieta restrictiva", insiste el doctor Lane, uno de los miembros del NIA que ha realizado el estudio, junto a Sheldon Ball, de la Universidad de San Francisco, en Fresno.


La DHEA, dihidroepiandrosterona, es una hormona esteroide que se fabrica a partir del colesterol en las glándulas adrenales. A los 20 años, los niveles de esta hormona en hombres y mujeres alcanzan los niveles máximos, pero a partir de la treintena comienza el declive de su producción. A los 75, la cantidad de DHEA que el ser humano posee en el cuerpo es mínima. De ahí que esta hormona esté considerada como uno de los marcadores del envejecimiento.


"Es importante distinguir entre los niveles de DHEA que ocurren de forma natural en el cuerpo y el declive que se produce con la edad, y las cantidades de esta hormona que poseen otras personas porque consumen píldoras de DHEA con el objetivo de vivir más años. Sin embargo, los beneficios de esta hormona, obtenida de forma artificial, no están demostrados", destaca el investigador Lane.


Más colesterol bueno, más DHEA, menos triglicéridos, una distribución más inteligente de la grasa resumen, hasta ahora, los hallazgos obtenidos en los ensayos con macacos. Unos datos que, por otra parte, se suman a los beneficios de la alimentación poco calórica alcanzados por otros investigadores en sus ensayos con ratas: se mantiene por más tiempo el control del azúcar en la sangre, la capacidad reproductiva de las hembras, ciertas respuestas inmunes, la reparación del ADN, la masa muscular y la síntesis de proteínas. Además, los roedores que siguen dietas espartanas consiguen esquivar ciertas enfermedades asociadas al envejecimiento: patologías autoinmunes, cáncer, diabetes, cataratas, hipertensión y fallo renal.


La hipótesis científica que explica el porqué del retraso del envejecimiento en los animales sometidos a dietas restrictivas está en los radicales libres, los terroristas de las células y del ADN.


El doctor Denham Harman, profesor emérito de Medicina y Bioquímica de la Universidad de Nebraska, los desenmascaró en 1954. Este científico fue el primero en relacionar la acción de los radicales libres con el envejecimiento y el desarrollo de algunas enfermedades y, aunque en aquel momento sus teorías provocaron el rechazo de la comunidad científica, hoy pocos dudan de la responsabilidad de estos compuestos en la mayoría de las enfermedades que afectan al ser humano.


Los radicales libres se generan dentro de las células, en las mitocondrias, y no son más que formas muy reactivas de oxígeno. De hecho, y a pesar de que son un producto normal que fabrica el cuerpo como combustible para conseguir energía, tienen un gran poder destructivo: dañan la membrana celular, las proteínas de los tejidos y el ADN. No obstante, estos elementos también se generan por la acción de otros factores como la contaminación, los rayos ultravioletas, el tabaco, el alcohol, las drogas, etcétera.


Según el artículo del Scientific American, las investigaciones realizadas con ratas demuestran que los niveles de oxidación provocados por los radicales libres en el cerebro, corazón y riñones fue mucho menor en los roedores sometidos a dietas restrictivas que en los que siguieron una dieta normal. Además, "el incremento significativo en la producción de radicales libres que sucede con la edad fue menor en los animales con una reducción calórica", aclara el artículo de la citada revista.


En este sentido el New England Journal of Medicine, en su artículo de revisión, destaca que las dietas restrictivas "provocan una reducción de la temperatura corporal de los animales y, por consiguiente, una disminución en el consumo de oxígeno en estos roedores".


La duda sobre si el ser humano podría conservarse más joven, ágil, sano y alegre siguiendo una dieta restrictiva está sin resolver. Ningún estudio controlado que contemple este objetivo ha sido realizado hasta la fecha. Sí existen, en cambio, algunos artículos que recogen algunos trabajos en los que, de forma indirecta, se ha podido evaluar el papel de la reducción calórica en hombres y mujeres. El Scientific American relata el caso de Okinawa, donde un 17% de los adultos y un 36% de los niños consumían menos calorías que la media del resto de los habitantes de Japón. Como consecuencia, los expertos encontraron una prevalencia 40 veces más elevada de personas que llegaron a ser centenarias en Okinawa que en otras islas del Japón.


Otro ejemplo es el aportado por algunos estudios epidemiológicos estadounidenses que han demostrado que ciertos tipos de cáncer (sobre todo, los de mama, colon o estómago) son menos frecuentes entre personas que siguen dietas espartanas. Para algunos expertos estos datos, y los resultados de los ensayos con animales, bastan para considerar a la dieta restrictiva como el único método eficaz para llegar a centenario, y ya se han convertido en auténticos fans de la dieta antienvejecimiento. Otros, en cambio, advierten del peligro que puede entrañar el conocimiento de estos trabajos entre los pacientes de anorexia y bulimia, ya que estos enfermos podrían convertir estos estudios en un alegato para defender sus trastornos.





Los "locos" de la dieta antienvejecimiento


A Roy Walford, profesor de patología en el Colegio Médico de UCLA, como al resto de sus seguidores, no le importa pasar hambre. Su cuerpo y su mente se han acostumbrado ya a los sacrificios de seguir una dieta espartana. "Llevo 10 años practicando este tipo de dieta y sus beneficios están demostrados en animales", ha asegurado a EL MUNDO este científico. Sus argumentos se basan en su propia experiencia como investigador: es miembro de numerosas asociaciones científicas estadounidenses; ha publicado más de 325 trabajos en las mejores revistas médicas del mundo; trabaja como periodista en varios diarios de EEUU y ha escrito libros sobre la dieta y el envejecimiento. Su método, denominado Anti-Aging Plan (Plan antienvejecimiento) ha ganado tantos adeptos que, en EEUU, existe ya un grupo de personas que, en 1995, formaron la llamada Sociedad de Restricción Calórica. Su función es la de proporcionar información a todos ellos que quieran iniciarse en la dieta restrictiva con el objetivo de prolongar su supervivencia. El profesor Walford propone dos métodos para conseguir afiliarse a este tipo de dieta: el denominado de Orientación Rápida, para aquéllos capaces de adaptarse a los cambios radicales y el de Reorientación Gradual, destinado a todos los que necesitan más tiempo para asimilar dichas transformaciones. El objetivo es el mismo: limitar la dieta diaria a 1.800 calorías. Ambas estrategias requieren consejo especializado sobre nutrición, ya que se debe restringir el consumo de determinados alimentos, sobre todo grasa animal. De hecho, la mayoría de los alimentos que consume el doctor Walford, y sus seguidores, son vegetales, frutas, y productos elaborados con soja. "Hay que pensar en verde. Y lo fundamental de esta dieta es la calidad de sus alimentos", asegura este experto. Walford propone, incluso, una serie de recetas que se recogen en su libro Anti-aging Plan. Toda la información acerca de la dieta-antienvejecimiento está en el web: http://www.walford.com

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