El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

“Ahora para encontrar trabajo hace falta un máster. ¿Qué será lo próximo? ¿El Nobel? Entrevista al educador Ken Robinson

Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

Historia del Universo

Diagrama representativo de la historia del universo.

Para todas las mentes curiosas

con inquietud de conocimiento.

Neuronas

Conexiones sinápticas.

Química

Tabla Periódica de los elementos.

Tecnología

Al alcance de nuestras manos.

Moléculas y el espacio

FRASES DE CIENCIA

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martes, 9 de enero de 2024

Un universo no hecho para nosotros (Carl Sagan)

 


Fragmentos del libro «Un punto azul pálido», de Carl Sagan (1994).






Nuestros antepasados entendieron los orígenes extrapolando a partir de su propia experiencia. ¿Cómo iban a hacerlo de otro modo? Así pues, el Universo surgió de un huevo cósmico, o fue concebido mediante la unión sexual de una diosa madre y un dios padre, o bien fue un producto manufacturado en el taller del creador, quizá el último de un sinnúmero de intentos fracasados.

Y el Universo no era mucho más grande de lo que vemos, ni mucho más viejo que nuestros registros escritos y orales, ni muy distinto en ninguna de sus partes de los lugares que conocemos. Tendíamos en nuestra cosmología a hacer las cosas familiares. A pesar de todos nuestros esfuerzos, no hemos mostrado mucha inventiva. En Occidente el cielo es plácido y confortable y el infierno es parecido al interior de un volcán. En muchas historias ambos reinos se hallan gobernados por jerarquías dominantes, encabezadas por dioses y demonios. Los monoteístas hablaban del «Rey de reyes». En cada cultura hemos imaginado algo parecido a nuestro propio sistema político dirigiendo el Universo. Pocos encontraron dicha semejanza sospechosa.

Luego llegó la ciencia y nos enseñó que nosotros no somos la medida de todas las cosas, que existen maravillas jamás imaginadas, que el Universo no está obligado a ajustarse a lo que consideramos cómodo o plausible. Y, de nuevo, si no somos importantes, ni centrales, ni somos «la niña de los ojos» de Dios, ¿qué implica eso para nuestros códigos morales fundados en la teología? El descubrimiento de nuestro verdadero valor en el Cosmos fue resistido durante tanto tiempo y hasta tal punto que muchos vestigios de aquel debate todavía persisten, en ocasiones, con los motivos de los geocentristas al descubierto.

¿Qué buscamos realmente en la filosofía y la religión? ¿Paliativos? ¿Terapia? ¿Consuelo? ¿Buscamos fábulas tranquilizadoras o la comprensión de nuestras circunstancias reales? Consternarnos porque el Universo no se ajusta a nuestras preferencias parece infantil. Uno podría pensar que los adultos se sentirían avergonzados de publicar sus frustraciones. La forma elegante de hacerlo no es culpar al Universo —lo cual es realmente un sinsentido—, sino más bien habría que culpar al medio a través del cual conocemos el Universo: la ciencia. La ciencia nos ha enseñado que, como tenemos gran talento para auto-engañarnos, puede que la subjetividad no llegue a reinar libremente. Sus conclusiones derivan de interrogar a la Naturaleza, y no en todos los casos están prediseñadas para satisfacer nuestros deseos.

Admitimos que incluso los líderes religiosos más reverenciados —productos de su época tal como nosotros lo somos de la nuestra— pudieron cometer errores. Las religiones se contradicen unas a otras, tanto en temas menores —como si debemos ponernos o sacarnos el sombrero al entrar en un lugar de culto o si es conveniente comer cordero y abstenerse de comer cerdo, o al revés— hasta en las cuestiones fundamentales, como la de si no hay dios, hay un dios o hay muchos dioses.

Si vivías dos o tres milenios atrás, no era vergonzoso pensar que el Universo fue hecho para nosotros. Era una tesis atractiva, consistente con todo lo que conocíamos; era lo que propugnaban los más eruditos sin salvedad. Pero hemos descubierto muchas cosas desde entonces. Defender semejante postura hoy en día, equivale a pasar premeditadamente por alto la evidencia, y a una huida del auto-conocimiento.

Queremos estar aquí con un propósito aunque, a pesar de tanto auto-engaño, no hay ninguno evidente. Nuestra época sobrelleva la carga del peso acumulado en sucesivos desprestigios de nuestras concepciones. Somos recién llegados. Vivimos en una región olvidada del Cosmos. Surgimos de microbios y barro. Los simios son nuestros primos. Nuestros pensamientos y sentimientos no están completamente bajo nuestro control. Puede que haya seres mucho más inteligentes y muy diferentes en algún lugar. Y por si fuera poco, estamos arruinando nuestro planeta y volviéndonos un peligro para nosotros mismos. La trampa bajo nuestros pies, se abre. Nos descubrimos en una caída libre hacia el abismo. Estamos perdidos en una inmensa oscuridad y nadie puede mandarnos un equipo de rescate. Ante tan dura realidad, naturalmente nos sentimos tentados a cerrar los ojos y fingir que nos encontramos seguros y confortables en casa, que la caída no es más que una pesadilla.

Tan pronto como superamos nuestro miedo a ser insignificantes, nos descubrimos en el umbral de un universo vasto e imponente que empequeñece del todo —en tiempo, espacio y potencial— el ordenado proscenio antropocéntrico de nuestros antepasados. Miramos a través de miles de millones de años luz de espacio para ver el Universo poco después del Big Bang, y sondeamos la magnífica estructura de la materia. Escudriñamos el núcleo de nuestro planeta, y el flameante interior de nuestra estrella. Leemos el lenguaje genético en el que están escritas las habilidades y tendencias de todo ser en la Tierra. Descubrimos capítulos ocultos en el registro de nuestros propios orígenes. Inventamos y refinamos la agricultura, sin la cual casi todos moriríamos de hambre. Creamos medicinas y vacunas que salvan la vida a miles de millones. Nos comunicamos a la velocidad de la luz y damos la vuelta a la Tierra en una hora y media. Hemos enviado docenas de naves a más de setenta mundos y cuatro astronaves a las estrellas.

Para nuestros antepasados, había mucho a qué temer en la Naturaleza: relámpagos, tormentas, terremotos, volcanes, plagas, sequías, inviernos largos. Las religiones afloraron en parte como intentos de aplacar y controlar —si no de comprender— el aspecto desordenado de la Naturaleza. ¿Cuánto más gratificante habría sido si nos hubieran colocado en un jardín hecho a medida para nosotros, y los restantes ocupantes puestos ahí para que los utilizáramos como nos plazca? Hay una famosa historia en la tradición occidental, similar a esta; sólo que allí no estaba absolutamente todo a nuestra disposición. Había un árbol en particular del cual no debíamos comer: el árbol del conocimiento. El conocimiento, el entendimiento y la sabiduría nos estaban vedados en esa historia. Debíamos permanecer ignorantes. Pero no pudimos resistirlo. Nos mataba el hambre de conocimiento; nos crearon hambrientos, podría decirse. Ese fue el origen de todos nuestros problemas. En particular, ésa es la razón por la que ya no vivimos en un jardín: descubrimos mucho. Mientras permanecimos indiferentes y obedientes —supongo— podíamos consolarnos con nuestra importancia y centralidad, y decirnos a nosotros mismos que éramos la razón por la que fue creado el Universo. Sin embargo, tan pronto como fuimos cediendo a nuestra curiosidad, a nuestras ansias de explorar, de aprender cómo es realmente el Universo, nos auto-expulsamos del Edén. Ángeles con espadas en llamas fueron apostados a las puertas del Paraíso para impedirnos regresar. Los jardineros nos convertimos en exiliados y peregrinos. A veces sentimos nostalgia de ese mundo perdido, pero eso —me parece— es sensiblero y sentimental. No podíamos ser felices permaneciendo ignorantes para siempre.

Hay en este universo muchas cosas que parecen haber sido diseñadas. Pero en lugar de eso, descubrimos reiteradamente que los procesos naturales —por ejemplo, la selección de mundos por colisión, o la selección natural del acervo genético, o, incluso, el patrón de convección en una olla de agua hirviendo— pueden producir orden a partir del caos, y engañarnos llevándonos a deducir un propósito, cuando no lo hay.

El significado de nuestras vidas y de nuestro frágil planeta está únicamente determinado por nuestra propia sabiduría y coraje. Nosotros somos los guardianes del sentido de la vida. Anhelamos un Padre que cuide de nosotros, que perdone nuestros errores, que nos salve de nuestras equivocaciones infantiles. Pero el conocimiento es preferible a la ignorancia. Es mejor, por lejos, aceptar la dura verdad que una fábula tranquilizadora. Si anhelamos algún propósito cósmico, encontremos primero una meta digna para nosotros.

La Tierra (ese punto azul pálido a la derecha), fotografiada por la sonda espacial Voyager 1 desde 6.000 millones de kilómetros, en 1990. versión remasterizada en 2020. (Foto: NASA)






  


martes, 20 de abril de 2021

La explicación de Carl Sagan a su hija sobre la inmortalidad y porqué somos polvo de estrellas

 


"Mis padres me enseñaron que a pesar de que se trata de una condición efímera, estar vivo es algo profundamente bello por lo cual cada uno de nosotros debe sentirse muy agradecido. Si viviéramos para siempre, no sería tan maravilloso" Sasha Sagan

Carl Sagan falleció el 20 de diciembre de 1996, después de toda una vida entregada a descubrir y divulgar los misterios del cosmos. Durante la última etapa de su vida compartió escritos, investigaciones y sus mayores pasiones con Ann Druyan, su esposa, mientras cuidaba y mostraba el mundo a su pequeña hija y único fruto de ese matrimonio, Sasha Sagan.


Defensor del pensamiento crítico y científico ateo; activista a favor de la legalización de la marihuana; asesor de la NASA en los programas Apolo, Viking, Pioneer y Voyager; apasionado divulgador de la ciencia y escritor de ciencia ficción, Sagan inspiró el corazón de millones de personas de todo el mundo a través de un lenguaje sencillo y ameno, todo sin olvidar el rigor que requiere el conocimiento científico.

Las aportaciones de Carl Sagan a la difusión de la ciencia son invaluables y su mensaje sigue motivando a generaciones a dedicar su vida al estudio de los misterios que el Universo tiene para ofrecer a través del mejor método que conocemos para ello. El caso de su hija menor no fue la excepción.

Una tarde de invierno, Sasha de apenas 6 años se acercó a Carl y, fiel a la curiosidad innata de nuestra especie de ir tras la respuesta a cualquier interrogante, especialmente durante la infancia, le preguntó sobre sus padres. Ella conocía a sus abuelos maternos y convivía regularmente con ellos, pero nunca experimentó algo parecido desde el lado paterno.


–"Papá, ¿Por qué no conozco a tus papás como a mis otros abuelos?"


Para la hija menor de un hombre dedicado a divulgar el conocimiento científico, no existía nadie mejor que papá para explicarle porqué llovía, porqué debía ir a la escuela o cómo se formaba un arcoiris. Todas las preguntas que alimentan las ansias de cualquier niño en su descubrimiento del mundo, eran respondidas por él con amor y la misma fascinación por la naturaleza que su padre plasmó durante toda su vida.

Ante la interrogante repentina de Sasha, Sagan (que solía tomarse un par de segundos para pensar las respuestas más convenientes y ajustarlas a la comprensión infantil de su hija) miró a la pequeña y respondió con un tono de melancolía:


–"Porque murieron"


La inocente Sasha pudo percatarse del cambio en el semblante de su padre, que después de un profundo suspiro, sonrió al mirarse reflejado en las enormes pupilas de la niña. Ella lo observó con detenimiento, atención y una desbordante curiosidad, misma que caracterizó al escritor de "Dragons of Eden" (1977) durante toda su vida. Carl afirmó que no había nada que deseara más en el mundo que ver a su madre y a su padre de nuevo, pero que no tenía ninguna razón ni prueba para creer que podría ser así y por lo tanto, no podía caer en la tentación de un autoengaño.

Sin comprender del todo, Sasha frunció las cejas en señal de confusión y soltó un escueto "¿por qué?". Su padre la miró con ternura, pero con el convencimiento de que ella sería capaz de entender a lo que se refería y le explicó cuán peligroso podía ser creer cosas sólo porque queramos que sean verdad. "Es muy fácil ser engañado si no te cuestionas a ti mismo y a otros, especialmente a las personas con una posición de autoridad", continuó. "Todo lo que es real puede resistir a cualquier prueba".


La joven Sasha experimentó algo parecido a su primer acercamiento a una crisis existencial. El desconcierto de su hija ante tal revelación llevó a Sagan y Druyan a acercarse de nuevo donde Sasha y el astrónomo inició:


"Tú estás viva en este segundo. Eso es algo increíble", le dijo. La pequeña se mantuvo escéptica y su padre continuó:


"Si tenemos en cuenta el número casi infinito de posibilidades y caminos que conducen a nacer a una sola persona, debes estar agradecida de ser tú misma este preciso instante. Piensa en el enorme número de posibles universos alternativos en los que, por ejemplo, tus tatara-tatarabuelos nunca se encontraron y tú nunca llegaste a existir. Tienes el placer de vivir en un planeta en el que has evolucionado para respirar el aire, beber el agua y adorar el calor de la estrella más cercana. Estás conectada con todas las generaciones y los seres vivos de este mundo a través del ADN. También con el universo, porque cada célula de tu cuerpo fue creada en los corazones de las estrellas".


A lo largo de su vida, Sasha Sagan había escuchado más de una decena de veces la frase "somos polvo de estrellas", pero nunca logró siquiera imaginar su significado. Sabía que la autoría pertenecía a su padre, la había visto subrayada en cuadernos y hojas sueltas, pero nunca antes comprendido la magnitud de tal declaración, hasta entonces.

Pocos años después, cuando Sasha tenía 14 años y comenzaba a descubrir la grandeza del pensamiento de su papá a través de su visión del mundo y lo que aprendía en la escuela, Sagan dejó este mundo sin ninguna promesa religiosa de por medio. El corazón del autor de "A Pale Blue Dot" (1994) dejó de latir en una cama del Centro de Investigación de Cáncer Fred Hutchinson en Seattle, Washington. Al poco rato, su cerebro envió las últimas señales eléctricas y la muerte médica fue decretada en un acta de defunción.

Los restos mortales de Sagan fueron enviados a su natal Nueva York, mientras el calcio de sus huesos, el nitrógeno de sus proteínas en forma de aire, el hierro de su sangre y el hidrógeno, que combinado forma el compuesto más abundante en el cuerpo humano, y al mismo tiempo, es el combustible gracias al que brillan cada una de las estrellas que percibimos en una noche despejada, seguirán su curso en la vastedad del tiempo y la inmensidad del espacio. Sólo para hacernos recordar que, en palabras de Sagan, somos polvo estelar.



Referencia: NYMag

martes, 3 de octubre de 2017

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil

Lawrence Krauss  Enseñar creacionismo es abuso infantil
El doctor Lawrence Krauss habla de las nociones preestablecidas que tenemos los humanos, incluso cuando se contradicen con la realidad. Para explicarlo, usa como ejemplo al senador norteamericano Marco Rubio, a quien considera como un hombre razonablemente inteligente y educado.

Ante la pregunta sobre la edad de nuestro planeta, la Tierra, el senador Marco Rubio contesta que es un gran misterio. Krauss no se sabe si de verdad lo cree o está tratando de ser políticamente correcto.

Sea como fuere, el político aboga por enseñar a los niños dos ideas, la creacionista, que estipula que nuestro mundo tienen 6000 años, y la científica, que lo data en casi 5 mil millones de años de antigüedad.

Según el doctor Krauss, muchos pensarán que no se deben ofender las creencias religiosas.

No obstante, para este gran científico, enseñar a los jóvenes que la Tierra tiene 6000 años es como decirles que la distancia de costa a costa de los Estados Unidos es de 17 pies.

El propósito de la educación

Para el doctor Krauss, el propósito de la educación nunca debe ser validar la ignorancia, jamás defenderla ni dimensionarla.

El 50 % de los habitantes de Estados Unidos creen que el Sol gira alrededor de la Tierra, aun cuando está científicamente probado que no es así.

¿Significa eso que hay que enseñar en las escuelas las teorías anti-Galileanas y anti-Copernicanas y decir que la Tierra gira alrededor del Sol? Absolutamente no.

Así pues, es evidente que demasiada gente está interesada en hacer creer a los demás que la Tierra tiene 6000 años, lo que significa que los científicos y profesores tienen que hacer un mejor trabajo en cuanto a física y biología.

Otro gran problema de la educación actual es que mucha gente no reconoce la teoría de la evolución. No obstante, la evolución es la base de la biología moderna.
Es decir, hay que hacer un mejor trabajo educativo a este respecto, pues el objetivo de la enseñanza nunca puede ser validar la ignorancia, sino superarla.

Para el doctor Krauss, no se debería permitir que un senador de los Estados Unidos pueda manifestar sinsentidos con total impunidad en temas de vital importancia, pues es la salud y el futuro de la sociedad lo que está en juego.

Por último, Krauss insiste en decir que la base de la economía futura es la tecnología y la biotecnología.

Si se acepta y promulgan sinsentidos en las escuelas, están garantizando que los jóvenes norteamericanos caerán ante un mundo competitivo que depende de una fuerza de trabajo capacitada que pueda entender y manipular la tecnología y la ciencia.

Vídeo:

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil


sábado, 29 de julio de 2017

LA ALFABETIZACIÓN CIENTÍFICA ( SCIENTIFIC LITERACY

La divulgación de la ciencia es la arteria a través del cual fluyen las soluciones de los problemas de mañana. 

La ciencia y la tecnología tienen un impacto que crece exponencialmente en la vida de los individuos y de las sociedades, en los problemas políticos, económicos, sociales y éticos que a todos nos afectan. 
Nos pasamos el primer año de la vida de un niño enseñándole a hablar y caminar. Y el resto de sus vidas les decimos que se callen y se estén quietos”. Un consejo que debería hacer reflexionar porque el método científico -les guste o no a esos mayores que prefieren que los niños estén quietos- consiste en probar. Probar siempre. Los genios siempre son inquietos. 

Los estudiantes deberían alcanzar una cierta comprensión y apreciación global de la ciencia y la tecnología como empresas que han sido y continúan siendo parte de la cultura". Así mismo que permita utilizar los conocimientos en la vida diaria con el fin de mejorar las condiciones de vida. 

Para estas instancias la alfabetización científica se refiere a la apropiación de conocimientos, habilidades y actitudes básicos respecto de la ciencia, la tecnología y sus relaciones con la sociedad, que permita a las y los ciudadanos comprender los efectos de las tecnociencias en sus vidas y en el medio ambiente, a fin de que puedan tener una participación responsable en los debates y la toma de decisiones acerca de los asuntos importantes de sus vidas y su sociedad. 

«La ciencia es una empresa cooperativa, que se extiende de generación en generación. Es el paso de la antorcha del maestro, al estudiante, al maestro... Una comunidad de mentes que se remonta a la antigüedad y hacia adelante, a las estrellas». Neil De Grasse Tyson. 

LA ALFABETIZACIÓN DE LA CIENCIA IMPLICA : 

⦁ Entender que la ciencia y sus teorías no son opiniones personales, creencias o nociones no sustentadas. 

⦁ Aprender cómo las teorías se construyen y se ponen a prueba, cómo adquieren una validez temporal, en qué sentido son modificables y cómo continuamente son refinadas y precisadas por nuevos estudios. 

⦁ Saber que las afirmaciones sustentadas en resultados confirmados responden a las preguntas: ¿cómo sabemos tal cosa?, ¿por qué lo sabemos?, ¿cuál es la evidencia de que así es?, y saber diferenciarlas de las que no han sido verificadas y de las que se asumen como acto de fe. 

⦁ Entender al menos algunas formas cómo la ciencia y la tecnología impactan en la sociedad. 

Debemos ayudar a los estudiantes a desarrollar perspectivas de la ciencia y la tecnología que incluyan la historia de las ideas científicas, la naturaleza de la ciencia y la tecnología y el papel de ambas en la vida personal y social. Éste es el nivel multidimensional de la alfabetización científica.


Scientific Literacy - Neil deGrasse Tyson - from El Rincón de la Ciencia on Vimeo.

Neil DeGrasse: “Los responsables de enseñar ciencia a los niños no tienen ni idea de lo que es"

 https://youtu.be/CVe8narE2PI

lunes, 17 de julio de 2017

Carrie Poppy: Un acercamiento científico a lo paranormal

Los registros tienen que cerca del 37% de los estadounidenses creyendo en casas embrujadas. Carrie Poppy ha tenido una experiencia de una casa embrujada, de lo que se ríe hasta la fecha dado que resultó ser intoxicación por monóxido de carbono. Al parecer, su experiencia desalentadora pero “risible” y tal vez lo que ella tuvo que soportar la llevó a convertirse en una investigadora.

Carrie


Sin embargo, su trabajo tiene dos lados, uno de periodista de investigación, y de investigadora de las afirmaciones de lo paranormal y afirmaciones de lo espiritual. Esto la ha puesto en situaciones incómodas. Por ejemplo, Poppy ha tenido que fingir que necesita un exorcismo mientras intenta averiguar si el exorcista usa trucos o trucos psicológicos para convencer a alguien de que está poseído.

Ha realizado más de 70 investigaciones, pero ¿cuáles son los resultados?
Muchos son los momentos en que Poppy permanece encubierta en un grupo marginal, pero dice que la ciencia toma la iniciativa en la mayoría de sus investigaciones. Sin embargo, no diluye la presencia de los misterios. Por otro lado, ella opina que hay una verdad externa y otra interior.

No obstante, la investigadora periodista afirma que existe esta tendencia de intentar trasladar nuestras verdades interiores a verdades externas. Tampoco estamos tan interesados en saber si las personas nos están diciendo sus verdades internas y quizás en defensa de sus normas de verdad externa.

¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando las personas comparten sus creencias externas con nosotros?

Poppy dice que es importante que les demos suficiente respeto además de hacer buenas preguntas. Examínalos pero también consigue tiempo para desafiarlos, aunque muchos se han referido a eso como un doble estándar; que uno no puede respetar una creencia y todavía desafiarla.

Sin embargo, ha tenido situaciones en las que los buscadores vienen vacíos, lo que se espera en la ciencia es que haga una búsqueda para desentrañar. Al mismo tiempo, los resultados podrían estar equivocados, pero mientras buscamos la verdad, la búsqueda no termina ahí. Poppy recomienda la necesidad de la voluntad de estar equivocado para cambiar toda la cosmovisión.


Fuente: TED

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Evidencia anecdótica (testimonios)

hombre-adorando-en-intimidad-a-dios (1)Los testimonios y anécdotas vividas son una de las formas más populares y de las pruebas más convincentes presentadas por los creyentes de lo sobrenatural, lo paranormal y lo pseudocientífico. Sin embargo, los testimonios y las anécdotas en tales asuntos tienen poco valor en el establecimiento de la probabilidad de las afirmaciones que ellos proponen para apoyarlas. Las historias sinceras y vivas de encuentros de alguien con un ángel o con la Virgen María, con un extraterrestre, un fantasma, un Bigfoot, un niño afirmando  haber vivido antes, de auras púrpuras alrededor de pacientes que mueren, de un zahorímilagroso, de un gurú que levita, o de un cirujano psíquico, son de poco valor para establecer una creencia razonable en tales asuntos.

Las anécdotas no son fiables por varias razones. Las historias son propensas a la contaminación por creencias, experiencias posteriores, retroalimentación, atención selectiva a los detalles, y así sucesivamente. La mayoría de las historias se distorsionan cuando son contadas y recontadas. Los eventos se exageran. Las secuencias de tiempo se confunden. Detalles se hacen confusos. 

La memoria es imperfecta y selectiva;  rellena después de que hayan sucedido los hechos. Las personas interpretan mal sus experiencias. Las experiencias están condicionadas por los prejuicios, los recuerdos y las creencias, por lo que las percepciones de la gente pueden no ser exactas. La mayoría de la gente no espera ser engañada, por lo que pueden no ser conscientes de los engaños que otros pueden poner en práctica. Algunas personas inventan historias.Algunas historias son falsas ilusiones. A veces los eventos se consideran inapropiadamente como psíquicos simplemente porque parecen improbables, cuando estos podría ser improbables, después de todo. En pocas palabras, las anécdotas son intrínsecamente problemáticas e imposibles de comprobar con exactitud.

Por lo tanto, las historias de experiencias personales de sucesos paranormales o sobrenaturales tienen poco valor científico. Si los demás no pueden experimentar el mismo hecho y en las mismas condiciones, entonces, no hay ninguna forma de verificar dicha experiencia. Si no hay manera de probar la afirmación realizada, entonces no hay forma de saber si la experiencia fue interpretada correctamente. Si otros pueden experimentar el mismo hecho, entonces es posible hacer una prueba de la evidencia testimonial y determinar si esta está basada en que es digno de fe. Como el parapsicólogo Charles Tartdijo una vez, después de informar de una anécdota de un suceso, posiblemente paranormal: “Vamos a tomar esto en el laboratorio, donde se pueden saber exactamente cuales eran las condiciones. No tenemos que escuchar una historia años más tarde y esperar que esta sea exactita.” Dean Radin también tomó nota de que las anécdotas no son una buena prueba de lo paranormal, porque la memoria “es mucho más falible de lo que la mayoría de la gente piensa” y los testimonios de testigos presenciales “son fácilmente distorsionados” (Radin 1997: 32).

Los testimonios acerca de las experiencias paranormales son de poca utilidad para la ciencia porque el pensamiento selectivo y de auto-engaño deben ser controlados en las observaciones científicas. La mayoría de los psíquicos y adivinadores, por ejemplo, no se dan cuenta de que necesitan hacer pruebas controladas de sus competencias para descartar la posibilidad de que estén auto-engañándose a sí mismos. Ellos están convencidos de que sus experiencias les proporcionan suficiente información positiva para justificar la creencia en sus habilidades paranormales. Las pruebas controladas de psíquicos y adivinadores podrían demostrar de una vez por todas que no están siendo selectivos en la reunión de sus pruebas. Es común que estas personas recuerden sus aparentes éxitos e ignoren o resten importancia a todos sus fracasos. Las pruebas controladas también pueden determinar si otros factores, tales como trucos y fraudes, pueden estar involucrados.

Si estos testimonios son científicamente inválidos, ¿por qué son tan populares y por qué son tan convincentes? Hay varias razones. Los testimonios son a menudo gráficos y detallados, haciendo que estos parezcan creíbles. A menudo, son realizados por personas entusiastas que parecen fiables y honestos, y que parecen carecer de razón alguna para engañarnos. A menudo son realizados por personas con apariencia de autoridad, como quienes tienen un doctorado en psicología o en física. Hasta cierto punto, los testimonios son creíbles porque la gente quiere creer en ellos. A menudo, uno se anticipa con la esperanza de algún nuevo tratamiento o instrucción. Algunos de los testimonios se dan poco después de la experiencia, mientras que el estado de ánimo sigue siendo elevado desde el deseo de un resultado positivo. A la experiencia y al testimonio obtenido se les da más importancia de la que se merecen.

Por último, cabe señalar que los testimonios son usados frecuentemente en muchas áreas de la vida, incluyendo la ciencia médica, y que dar la debida consideración a tales testimonios se considera sabio, no estúpido. El médico usará los testimonios de sus pacientes para sacar conclusiones sobre ciertos medicamentos o procedimientos. Por ejemplo, cuando el médico hace pruebas anecdóticas a un paciente sobre una reacción a un medicamento nuevo y utiliza esa información en la decisión de ajustar la dosis prescrita o para cambiar el medicamento. Esto es bastante razonable. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucede con los defensores de lo paranormal, el médico no puede ser selectivo en la hora de escuchar testimonios: escuchando sólo aquellas afirmaciones que se ajusten a sus propios prejuicios. Esto sería poner en peligro a los pacientes de uno. Tampoco debe ser la persona promedio selectiva a la hora de escuchar testimonios sobre alguna experiencia paranormal u oculta.

Para saber más…
Libros

Artículos

Memoria episódica – Wikipedia

Websites


La fragilidad del argumento de la experiencia personal, cortesía de Richard Dawkins

En este vídeo Richard Dawkins explica hasta qué punto las anécdotas o las experiencias personales no son una buena guía para formarse una opinión acerca de la realidad, y mucho menos para rellenar lagunas de ignorancia acerca de asuntos sobrenaturales.

A pesar de que guiarse por la experiencia personal no es inteligente y los progresos de la ciencia se han logrado prescindiendo de ella, lo cierto es que el "puesamifuncionismo" y la inducción todavía es algo común entre la gente. Pocos son los que sencillamente se encogerían de hombros y admitirían que no saben qué ha pasado si ahora mismo se les apareciera Alejandro Magno en el cielo rodeado de llamas fulgurantes (o cualquier otra aparición divina). Incluso los científicos son víctimas de este sesgo

Fuente: XATAKA CIENCIA

sábado, 22 de octubre de 2016

Fragmento: La conexión cósmica (Carl Sagan) El interés científico de la exploración del espacio

La conexión cósmica es un libro escrito por el astrónomo, astrofísico, escritor y divulgador científico estadounidense Carl Sagan. Publicado en 1973, en el libro Sagan especula sobre las probabilidades de encontrar inteligencias extraterrestres, discute sobre las posibilidades de vida en otros planetas del sistema solar y trata de ponernos en consideración con nuestro propio entorno planetario.
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Aquí lo explica él mismo: «Este libro se divide en tres partes a cual más importante. En la primera intento transmitir el sentido de la perspectiva cósmica viviendo fuera de nuestras vidas en un diminuto trozo de roca y metal circundando una de las doscientas cincuenta mil millones de estrellas que forman nuestra galaxia en un Universo de miles de millones de galaxias. La declinación de una de nuestras más comunes concepciones, o de uno de nuestros más vulgares engreimientos, también es una de las aplicaciones prácticas de la astronomía. La segunda parte del libro se relaciona con varios aspectos de nuestro Sistema Solar principalmente con la Tierra, Marte y Venus.

Aquí pueden hallarse algunos de los resultados e implicaciones del Mariner 9. La tercera parte se dedica a la posibilidad de comunicación con la inteligencia extraterrestre en planetas de otras estrellas. Puesto que todavía no se ha establecido ningún contacto nuestros esfuerzos hasta la fecha han sido débiles,esta parte es necesariamente especulativa. No he dudado en conjeturar dentro de lo que estimo puedan ser los límites normales de una plausibilidad científica. Y aunque no soy, por formación, un filósofo, sociólogo o historiador, no he dudado en esbozar implicaciones históricas, sociológicas y filosóficas de astronomía de exploración del espacio».


Este fragmento pertenece al capítulo VII La exploración del espacio como empresa humana

1. El interés científico

Hay un lugar con cuatro soles en el cielo: rojo, blanco, azul, y amarillo; dos de ellos están tan cerca uno del otro que se tocan, y entre ellos se extienden las estrellas.
Conozco un mundo con un millón de lunas.
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Conozco un sol que tiene el tamaño de la Tierra, un sol con diamantes.
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Hay núcleos atómicos de 1600 metros de ancho que giran treinta veces por segundo.

Hay diminutos granos entre las estrellas, con el tamaño y composición atómica de las bacterias.
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Hay bacterias que abandonan la Vía Láctea. Hay inmensas nubes de gas que penetran en la Vía Láctea.
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Hay plasmas turbulentos que se retuercen con poderosas explosiones estelares y con rayos X y gamma.

Hay, quizá, lugares fuera de nuestro universo.
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El Universo es vasto y pavoroso, y por vez primera estamos formando parte de él.
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Los planetas ya no son luces que vagan por el firmamento nocturno.
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Durante siglos, el hombre vivió en un universo que parecía seguro y agradable, incluso limpio. 

La Tierra era el blanco de la creación y el hombre, el pináculo de la vida mortal. Pero estas nociones alentadoras y de arcaica belleza no soportaron la prueba del tiempo.Ahora sabemos que vivimos en un diminuto trozo de roca y metal, en un planeta más pequeño que algunas de las relativamente menores manchas de Júpiter, y algo que resulta casi insignificante cuando lo comparamos con una sencilla mancha del Sol.
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Nuestra estrella, el Sol, es pequeña, fresca y poco insinuante, uno de los doscientos mil millones de soles que forman la Vía Láctea. Estamos situados tan lejos del centro de la Vía Láctea que la luz tarda unos treinta mil años en llegar a nosotros desde allí, viajando a una velocidad de unos trescientos mil kilómetros por segundo. Estamos en lo que podríamos llamar casi el borde de la galaxia donde no existe acción alguna. La Vía Láctea es totalmente insignificante, ya que no es más que una galaxia más entre miles de millones de otras galaxias esparcidas por la inmensidad aterradora del espacio.
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"El mundo" ya no se puede traducir por "el universo". Vivimos en un mundo inmerso entre la inmensidad de otro.

Las ideas de Charles Darwin sobre la selección natural han demostrado que no hay senderos evolutivos que conduzcan infaliblemente desde las formas simples al hombre; más bien, la evolución procede de un modo convulsivo, sin un plan determinado, y la mayor parte de las formas de vida conducen a callejones sin salida en la evolución. Somos el producto de una larga serie de accidentes biológicos. En la perspectiva cósmica no hay razón alguna para pensar que seamos los primeros, los últimos, o los mejores.
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Estas concepciones de Copérnico y de Darwin son evidentemente muy profundas; para algunos, en cierta medida, inquietantes. Pero llevan consigo ideas que podríamos calificar de compensatorias. 

Nos damos perfecta cuenta de nuestra conexión con otras formas de vida tanto simples como complejas. Sabemos que los átomos que nos forman fueron sintetizados en los interiores de generaciones anteriores de estrellas moribundas. No ignoramos tampoco nuestra íntima relación con el resto del Universo, tanto en la forma como en la materia. El Cosmos que nos han revelado los nuevos avances en astronomía y biología es mucho más grandioso y más pavoroso también que el diminuto Mundo de nuestros antepasados. Y estamos formando parte de él, del Cosmos tal y como es y no del Cosmos de nuestros deseos.

Ahora mismo, la Humanidad se encuentra ante varias encrucijadas de carácter histórico. Nos hallamos en el umbral de un reconocimiento preliminar del Cosmos. Por primera vez en la Historia, el hombre es capaz de enviar sus instrumentos y a sí mismo, personalmente, fuera de su planeta-hogar para explorar el Universo que le rodea.
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Pero la exploración del espacio se ha justificado, principalmente en términos de grandes consideraciones de prestigio nacional, tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética; en términos de mejora de capacidades tecnológicas, en una época en la que muchas personas consideran el desarrollo de la tecnología como de desastrosas consecuencias; en términos de una falsa necesidad militar, en una época en la que la gente de todo el mundo lo que más desea es una total desmilitarización de la sociedad.

En estas circunstancias no resulta sorprendente que se hagan preguntas duras acerca de los gastos espaciales, cuando existen necesidades urgentes y visibles en cuanto se refiere a fondos para corregir injusticias y mejorar la sociedad y la calidad de la vida en la Tierra. Evidentemente, estas preguntas son idóneas. Si los científicos no pueden dar al hombre de la calle una explicación satisfactoria sobre los gastos en la exploración del espacio, no es lógico ni moral que se destinen fondos públicos a tales aventuras.
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El interés de un científico por la exploración espacial probablemente obedezca a deseos muy personales, algo que le desorienta, algo que le intriga, algo que posee implicaciones que le excitan. Pero no podemos pedir al público que gaste grandes sumas sólo para satisfacer la curiosidad del científico. Sin embargo, cuando profundizamos más en el interés profesional de un científico, a menudo hallamos un foco de preocupación que en gran parte llega a atraerse el interés público.

Un área fundamental de interés común es el problema de la perspectiva. La exploración del espacio nos permite ver a nuestro planeta y a nosotros mismos desde una nueva luz. Somos como lingüistas en una remota isla donde sólo se habla un único idioma. Podemos construir teorías generales sobre idiomas, pero no disponemos más que de un solo ejemplo para examinarlo. Es improbable que nuestra comprensión del idioma posea la generalidad que requiere una madura ciencia de lingüística humana.

Hay muchas ramas de la ciencia donde nuestro conocimiento es igualmente provincial y pueblerino, restringido a un simple y solo ejemplo entre una vasta multitud de posibles casos. Únicamente examinando el índice de casos asequibles en todas partes, se puede idear o proyectar una amplia ciencia general.
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La ciencia que sin duda gana más con la exploración planetaria es la Biología. En un sentido muy fundamental, los biólogos tan sólo han estado estudiando una forma de vida en la Tierra. A pesar de la manifiesta diversidad de formas de vida terrestre, son idénticas en el más profundo de los sentidos. Tanto los tiburones y las begonias como las bacterias y las ballenas usan ácidos nucleicos para almacenar y transmitir información hereditaria. Todos utilizan proteínas para catálisis y control. 

Todos los organismos de la Tierra, que sepamos, emplean el mismo código genético. La estructura transversal de la célula del espermatozoide humano es casi idéntica a la del cilio de paramecio. La clorofila, hemoglobina y las substancias responsables de la coloración de muchos animales son esencialmente la misma molécula.

Es difícil escapar a la conclusión –que en cierto sentido está implícita en la selección natural de Darwin– de que la vida en la Tierra se ha desarrollado partiendo de un solo ejemplo de origen de la vida. Si esto es cierto, tiene bastante sentido el que el biólogo no pueda distinguir lo necesario de lo superfluo o eventual, es decir diferenciar aquellos aspectos de la vida que cualquier organismo en cualquier lugar del Universo debe poseer simplemente para estar vivo, de aquellos aspectos de la vida que son resultado de la tortuosa evolución debida a pequeñas adaptaciones oportunistas.
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La producción de moléculas orgánicas simples (basadas en el carbono) en condiciones planetarias primitivas y simuladas es hoy día tema de activa investigación de laboratorio. Como ya hemos visto anteriormente, las moléculas de que estamos hechos se pueden producir con cierta facilidad, en ausencia de vida y en condiciones planetarias primitivas en general. Pero no es posible llevar a cabo experimentos de laboratorio ni siquiera sobre las primeras etapas de la evolución biológica: las escalas de tiempo son demasiado largas. Sólo examinando sistemas de vida de otros lugares pueden determinar los biólogos cuáles son las demás posibilidades que existen.

Por esta razón, el descubrimiento de incluso un organismo extremadamente simple en Marte hubiese tenido profundo significado biológico. Por otra parte, si Marte está muerto, no cabe la menor duda de que se ha llevado a cabo un experimento natural en nuestro beneficio: dos planetas, en muchos aspectos parecidos, pero en uno se ha desarrollado la vida y en el otro no. Comparando el planeta control con el experimental, puede descubrirse mucho sobre el origen de la vida. De la misma manera, la búsqueda de productos químicos orgánicos y prebiológicos en la Luna, Marte, o Júpiter tiene una gran importancia para comprender los pasos que conducen al origen de la vida.
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Como otro ejemplo de la perspectiva proporcionada por los estudios planetarios, consideremos la meteorología. Los problemas del flujo turbulento y la dinámica fluida figuran entre los más difíciles de la Física. Se han logrado algunos datos e ideas sobre el tiempo en la Tierra estudiando la posición de las corrientes de aire, examinando las fotografías de los satélites meteorológicos y la circulación de la atmósfera terrestre. A pesar de todo, la teoría meteorológica para la Tierra es hoy capaz de predicciones climáticas de largo alcance, pero sólo sobre áreas geográficas muy extensas, en condiciones en que puedan considerarse válidas las suposiciones simplificadoras, y circunscribiéndose a un corto plazo en el futuro. Los estudios de laboratorio sobre la circulación atmosférica poseen alcance limitado; clásicamente se llevan a cabo en pilas de fregar platos transformadas.

Sería agradable realizar un experimento «Joshua», impedir durante un rato que la Tierra girase. El cambio en la circulación proporcionaría conocimientos sobre el papel de la rotación de la Tierra en determinar la circulación (principalmente a través de las fuerzas de Coriolis). Pero tal experimento es tecnológicamente muy difícil. Asimismo produce efectos secundarios poco deseables. Por otra parte, el planeta Venus, con aproximadamente la misma masa y radio que la Tierra, tiene un movimiento de rotación doscientas cuarenta veces menor. La atmósfera de Venus es mucho más densa que la de la Tierra. La Naturaleza, pues, ha dispuesto un experimento natural para los meteorólogos.
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Júpiter gira aproximadamente cada diez horas sobre su eje; un enorme planeta que lo hace mucho más rápidamente que la Tierra. Los efectos de la rotación deben de ser mucho más importantes que sobre la Tierra, e indudablemente Júpiter da la impresión de poseer una atmósfera turbulenta y terriblemente agitada; sus fajas y cinturones atmosféricos ciertamente son una prueba de su rápida rotación. Una buena comprensión de la circulación de las densas atmósferas de Venus y Júpiter mejorará, sin duda, nuestros conocimientos acerca de la circulación oceánica y atmosférica de la Tierra.

O fijémonos en el planeta Marte. He aquí un planeta con el mismo período de rotación y la misma inclinación de su eje de rotación a su plano orbital que la Tierra. Pero su atmósfera solamente alcanza al 1 % de la nuestra, carece de océanos y tampoco tiene agua líquida. Marte es un experimento de control sobre la influencia de los océanos y agua líquida en la circulación atmosférica.

Hasta hace muy poco tiempo, el geólogo sólo se había limitado a un tipo de estudio: el de la Tierra. Era incapaz de decidir qué propiedades de la Tierra son fundamentales a todas las superficies planetarias y cuáles son peculiares a las circunstancias únicas de la Tierra. Por ejemplo, las observaciones sismográficas de los terremotos han revelado la estructura interior de la Tierra y su división en corteza, manto, centro de metal fluido y núcleo interior sólido. Pero la razón de esta división sigue siendo muy obscura. ¿En alguna época geológica exudó la Tierra su corteza partiendo del manto? ¿Cayó de los cielos durante algún temprano acontecimiento catastrófico? ¿Acaso el núcleo de la Tierra se formó gradualmente durante una época geológica mediante el hundimiento o penetración del hierro a través del manto? ¿O se formó de forma discontinua, quizás, en una Tierra en fusión en la época en que se originó nuestro planeta? Tales problemas se pueden examinar efectuando observaciones sismométricas sobre la superficie de otros planetas, y podrían resultar poco costosos si se realizaran automáticamente con los instrumentos de que disponemos hoy día.
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Actualmente se dispone de pruebas convincentes de que existe un movimiento de deriva continental. El movimiento de África y América alejándose un continente de otro es el ejemplo más conocido hasta la fecha. Algunas teorías mencionan el hecho de que la fuerza de impulso de la deriva continental y de la evolución del interior de nuestro planeta se hallan correlacionadas, por ejemplo, mediante corrientes de difusión de calor que circulan lentamente entre el núcleo y la corteza en el manto. Tales conexiones entre geología de superficie y el interior de los planetas están empezando a destacar en el estudio de otros astros. Ponemos a prueba nuestra comprensión de tales relaciones demostrando si pueden aplicarse a otro lugar cualquiera.

Las perspectivas que se han conseguido en esta clase de estudios proporcionan una amplia gama de consecuencias prácticas. Una generalización de la ciencia meteorológica puede conducir a grandes mejoras en el pronóstico del tiempo. Incluso podría conducir a la modificación del tiempo. El estudio de la atmósfera de Venus ya ha dado lugar a la teoría de que allí está teniendo lugar un efecto de «invernadero» descontrolado, un equilibrio inestable en el cual un aumento de la temperatura provoca un aumento del contenido de vapor de agua atmosférico, que a su vez provoca absorción infrarroja de la radiación térmica del planeta llevando a un incremento aún mayor en la temperatura de la superficie, y así sucesivamente. Si la Tierra hubiese iniciado su recorrido ligeramente más cerca del Sol de lo que lo ha hecho, los cálculos teóricos preliminares indican que habríamos terminado por ser otro marchito y agostado Venus. Pero vivimos una época en la que la atmósfera de la Tierra está siendo fuertemente modificada por el hombre. Es de primordial importancia comprender lo que ha sucedido a Venus, con objeto de poder evitar una reproducción accidental en la Tierra del invernadero descontrolado de Venus.

Los estudios de las superficies e interiores de los planetas pueden dar lugar realmente a beneficios prácticos en el pronóstico de terremotos así como, a largo plazo, en las prospecciones geológicas de minerales valiosos en la Tierra.

La revolución que en el plano biológico supondría el descubrimiento de vida natural en otros lugares también proporcionaría unas enormes posibilidades de insospechados beneficios prácticos, particularmente en lo concerniente a la investigación del cáncer y del envejecimiento, temas que en la actualidad están más limitados por las ideas que por los medios económicos.
El estudio de la materia altamente condensada en las estrellas neutrones y la fabulosa producción de energía en los centros de galaxias ya han conducido a sugerencias sobre posibles modificaciones de las leyes de la física, leyes que se deducen en la Tierra para explicar los fenómenos observados en la misma.

La exploración del espacio proporcionará, inevitablemente, un rico y enorme conjunto de beneficios prácticos. Pero la historia de la ciencia sugiere que el más importante de todos ellos será siempre inesperado, beneficios que, en la actualidad, aún no somos suficientemente aptos para pronosticar o anticipar.

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