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FRASES DE CIENCIA

domingo, 7 de abril de 2013

La metamorfosis de los dioses en enfermedades

¿Somos una sociedad enferma? Acaso porque los dioses que antes fluían por nuestra mente mitológica hoy son obstruidos por nuestra mente civilizada y científica, la cual promete domar el instinto pero no lo logra del todo.

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“Los que eran dioses se han convertido en enfermedades”, Carl Jung

Somos una sociedad enferma. O, ¿en realidad somos una sociedad enferma? La diferencia estriba en los matices y en la posibilidad de que nuestras “enfermedades”, en muchos casos, estén siendo exageradas (y hasta inventadas) por la industria farmacéutica para seguir produciendo ganancias multimillonarias. Y, más que la industria farmacéutica, en que nosotros mismos estemos confundiendo procesos naturales de integración psíquica con enfermedades que debemos  repeler.

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Existen diversos factores  que contribuyen a la creación de una “sociedad enferma” que necesita sanarse tomando pastillas. El más evidente es la concepción de la salud como negocio –uno de los más grandes del mundo. Podemos pensar que este es el factor determinante de por qué en Estados Unidos casi la mitad de la población toma un fármaco de prescripción y el 25% de las mujeres toma un antidepresivo (cuando estos apenas logran vencer, si acaso, al placebo y claramente son superados por la terapia: según pruebas clínicas hablar es 20% más efectivo para superar la depresión que uno de estos fármacos). Estamos siendo manipulados por las grandes farmacéuticas a consumir productos que no necesitamos y que, como drogas que son, nos hacen, después necesitarlos –de paso creando una serie de efectos colaterales que a su vez son tratados con otros fármacos ad nauseam infinitum. Hay algo de cierto en esto, no hay duda.  

Pero existen otro factores, quizás más profundos, que contribuyen a que nos sobremediquemos, a que pensemos que en una pastilla está nuestra salvación y a que vivamos enfermizamente.

No sólo es la industria farmacéutica la que nos hace, paradójicamente, bajar nuestra defensas y aceptar con tanta facilidad tomar un medicamento para tratar un supuesto malestar. Es también la industria del entretenimiento que proyecta imágenes a la mente colectiva de lo que debemos ser la que nos acaba haciendo querer comprar una pastilla para tratar una condición –tal vez no tener los músculos que tiene una celebridad [1] o no ser tan felices como aquellas personas que sonríen en los comerciales y tienen un rostro bello y envidiable como resultado de esa felicidad. Es también, de manera conjunta con la sociedad del espectáculo y la cultura de las celebridades, el sistema económico basado en el consumo lo que nos dota de la ligereza característica de un buen pill popper (un consumidor de pastillas). Seamos conscientes de ello o no, en la actualidad la oferta de innumerables productos a la que estamos expuestos nos hace pensar que el remedio o la solución de nuestros problemas es algo que podemos comprar, algo que está haya afuera, siempre a un click de distancia (si es que tenemos una tarjeta de crédito) o en el mall más cercano.


Quizás más que enfermedades como la depresión o el déficit de atención, la enfermedad de nuestros tiempos sea esta: el creer que estamos enfermos, que nos falta algo. Para sustentar el crecimiento económico del capitalismo es indispensable una cierta insatisfacción –y una noción o creencia de que nuestra insatisfacción puede ser saciada si adquirimos el producto correcto o visitamos al especialista indicado. Son muchos los factores que contribuyen a generar esa insatisfacción –ennumerarlos nos desviaría más aún del tema. No es la intención principal de este artículo entrar en el tema de la conspiración y si existe o no una agenda y un plan coordinado para hacernos desear aquello que no tenemos, pero que se proyecta como lo deseable, según un paradigma existencial –¿están coludidas las farmacéuticas, con los medios, con el gobierno para enajenarte de tal forma que reacciones comprando más productos y abraces el estilo de vida sin el cual nos sería inconcebible este consumo rapaz? Lo que interesa aquí es analizar lo que sucede con la psique que se asume o se autoproduce como una entidad enferma, y que debe tratar su enfermedad a través de objetos de consumo: introducir agentes externos como mecanismo fundamental para sanarse (las pastillas tienen algo de mesiánico).

Los que eran dioses se han convertido en enfermedades, en esta frase de Jung se encapsula, creo, buena parte de lo que nos sucede en la actualidad como sociedad enferma. Algunas personas consideran que la proliferación de nuevas enfermedades (hoy incluso la timidez es considerada una enfermedad mental) es el resultado del avance científico –y de nuestra capacidad de detectarlas– del incremento de elementos tóxicos en nuestro ecosistema o de la corrupción sociocultural a la que supuestamente estamos sometidos. A mi me parece que el hecho de que existan tantas enfermedades –además de la obvia explicación mercantilista– tiene que ver sobre todo con una forma de ver el mundo, una perspectiva que hace que aquello que antes era aceptado como una influencia a la cual estaba sometido el hombre como parte de la naturaleza sea ahora considerado como algo indeseable y patológico (consideramos ya al mismo pathos, a la pasión, como algo que deriva en enfermedad). Podemos pensar en estas influencias como dioses, como arquetipos de la mente, como fuerzas de la naturaleza o incluso como emociones primarias (de la misma manera que Eros es el amor y es un dios o Pan es el pánico y es un dios). Siguiendo con Jung, habría que considerar que el inconsciente es la parte mayor (y dominante) de la mente: estos dioses (que son en el fondo una historia psíquica que nos moldea) siguen habitándonos. El no reconocerlos o el intentar exorcizarlos hace que se manifiesten como enfermedades.

En su ensayo La Locura Que Viene de las Ninfas, Roberto Calasso explora cómo la posesión, de ser para los griegos un hecho natural y en algunos casos altamente deseable, pasó a ser, para el hombre moderno, algo a lo que había que rehuir: una enfermedad, generalmente una de las tantas manifestaciones de la locura. La posesión entendida no necesariamente como el evento extraordinario de una posesión demoniaca o un trance místico, sino como el hecho casi cotidiano de ser poseído por algo: como puede ser la alegría, la ira, la pasión erótica. La circulación de una energía que no sólo se encuentra dentro de nosotros sino también en el mundo. Calasso explica que con la llegada de la mentalidad apolínea, estas posesiones-pasiones fueron reguladas, bajo la sombra métrica de Apolo. Y actualmente no queremos mirar el contenido de nuestra sombra. Todo aquello que nos produce una sensación desagradable, todo lo “negativo”, debe de ser desechado rápidamente –tan rápido como tarda tomar una pastilla.

¿Por qué no dejarse poseer por la tristeza cuando esta llega? ¿Por que no sentir la ira en toda su feroz desmesura cuando esta se presenta (como le sucedió a Aquiles)? Y sobre todo, ¿por qué no sentir la locura que viene de las ninfas, si somos tan afortunados de que esta se manifieste? Acaso porque somos una sociedad civilizada, que ha domado y sofisticado su instinto ¿Pero no es ese instinto precisamente lo que nos hace humanos en principio? Lo animal, sí, pero también el ánima, lo que anima y enciende el mundo, el espíritu.

La enfermedad es generalmente el resultado de un proceso psíquico que se ha bloqueado (coloquialmente podríamos decir “traes un dios atorado”). En muchos casos la enfermedad sólo es enfermedad porque no se deja ser –el agua debe de fluir porque de otra forma engendra pestilencia.

Este es el caso evidente de la neurosis; el instinto sexual, el líbido se convierte en una afectación mental solamente porque se reprime (en otras palabras si nos dejáramos poseer, prontamente estaríamos relajados: acaso disfrutando de la estela brillante que deja Eros en nosotros). (Esta posesión del instinto sexual no significa una violencia, significa sentir la energía sexual con la cual nos encontramos en ese momento: algo que perfectamente puede hacerse respirando el aire, contemplando un árbol y sintiendo nuestro cuerpo).

Estas enfermedades que medicamos para no sentirlas, son también lo que nos libera, lo que nos hace, al menos en el momento de su posesión, dioses.

En el Fedro, nos recuerda Calasso, Sócrates señala que a través del “justo delirar[2] se puede alcanzar la liberación de los males. Y que la manía –que hoy siempre connota una enfermedad– es más bella que la sophrosyne, la mesura. Esto es porque “la manía nace del dios” mientras que la sophrosyne “nace entre hombres”. Literalmente estamos “medicando” –mesurando– aquello que nace de los dioses en nosotros.

Twitter del autor: @alepholo

Fuente: Pijamasurf

[1]  Sobre las celebridades escribe Calasso: “habría que decidirnos un día a entender que las stars son astros, al igual que Andrómeda y las Pléyades y muchas otras figuras de la mitología clásica. Sólo si se reconoce este cómun origen astral y fantasmal, se podrá llegar a comprender cuáles son las diferencias –y las distancias también ellas estelares– entre Sunset Boulevard y el Olimpo”. Una nueva transmigración de los dioses. Esas apariciones de Apolo o de Atenea en el campo de  batalla  –teofanías, y también manifestaciones externas de la psique– son hoy las apariciones de las estrellas de cine en nuestras vidas (la diferencia de si estas ocurren en una ficción o en la vida real es menos significante que la aparición misma que se registra en nuestra psique: una pálida posesión. “Las películas ha robado nuestros sueños”, dijo F. Scott Fitzgerald; las celebridades, como los dioses, también nos poseen al invadir nuestros sueños).

[2] ¿Es un delirio creer que someternos de nuevo a la influencia de estas divinidades mentales, es lo que nos puede sanar como sociedad? Quizás. Es aventurado recetar un tratamiento colectivo, una especie de droga psicodélica etérea para las masas como quería Tim Leary.  Pero al menos en un plano individual, que es lo primero, sino lo único a lo que debemos aspirar, me parece vitalmente interesante dejarse poseer por los instinitos que aparecen en los versos homéricos y en los vedánticos como deidades.  El argumento es el siguiente, si, como considera la filosofía védica, el yo es una fabricación (ahamakara) del Sí (el Atman) que nos imprime la ilusión de tener una identidad aislada del mundo, entonces  estas emociones (enfermedades: dioses) tienen potestad sobre nosotros, usan nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso para sentir(se). Nos poseen, no como un acto abominable y violatorio, sino porque justamente esos somos: vehículos para ser poseídos por las fuerzas del cosmos. Y dentro de la alucinación de ser yo, la máxima realidad a la que podemos aspirar es a sentir, a ser sobrecogidos por una pasión: y al sentirla convertirnos en ella, una corriente divina. Tal vez debamos de enfermarnos de estos dioses obstruidos en nuestro organismo, para que aquello que hirió luego cure: completando el proceso de alquimia.

Vídeos:


Rafael Borràs: "Hay que recuperar el respeto a los medicamentos"

Rafael Borràs es un farmacéutico que conoce bien el sector, dado que viene de familia muy ligada al mundo farmacéutico, y director del Observatorio de Medicamentos de Abuso, ahora integrado también en Antares Consulting, donde han elaborado últimamente algunos estudios realmente interesantes sobre la situación de la oficina de farmacia española.

En la entrevista se tocan temas de actualidad, el uso de antibióticos, el abuso de psicofármacos, la venta por Internet...

Me gusta la última frase: "hay que abogar por recuperar el respeto a los fármacos por parte de la sociedad".

Spot publicitario para prevenir el abuso de medicamentos

Spot producido por SAWIA para el Estudio de publicidad Arrontes & Barrera.


Para la campaña de la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias con objeto de prevenir el abuso de consumo de medicamentos.




sábado, 30 de marzo de 2013

Los humanos estamos llenos de bacterias

Los billones de bacterias que habitan en el ser humano no son enemigos sino aliados que podrían tener la clave para entender y tratar enfermedades como diabetes, asma y autismo.

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El hombre ha vivido en guerra permanente contra las bacterias y durante casi un siglo las ha combatido con los más sofisticados antibióticos. Sin embargo, esa visión negativa de estos y otros microorganismos que habitan en el cuerpo humano está cambiando y ahora  los médicos los ven como aliados estratégicos para la salud. 

Este cambio de paradigma se dio a partir de los hallazgos del proyecto del microbioma humano, que, según lo define Jeremy Nicholson, una autoridad mundial en el tema, “es el grupo de genes en las bacterias que viven dentro de cada individuo”.

Se calcula que hay por lo menos 3 billones de bichos en el estómago, la boca, la piel y el cuero cabelludo de un individuo. Son tantos, que una persona tiene más material genético microbiano que humano.  

En este ecosistema se da una relación simbiótica: las bacterias, como cualquier huésped que se respete, agradecen los nutrientes y el albergue de su anfitrión y le retribuyen ayudándole con procesos metabólicos, afinando el sistema inmunológico y colaborando con la digestión de los alimentos. “Los microbios se  comunican con su anftrión para que no los pongan de patitas en la calle”, dice Sven Petterson, del Instituto Karolinska en Suecia.


Jeremy Nicholson, profesor del Imperial College de Londres, es considerado una de las autoridades en el tema. El experto estará en Bogotá durante el V Congreso Latinoamericano de Infecciones Quirúrigcas, que se realizará en mayo.
Pero, a veces, cuando ese equilibro del microbioma se interrumpe, aparecen las enfermedades.

Nicholson señaló que se ha encontrado una relación entre ciertas anormalidades en dicho ecosistema y úlceras gástricas, desórdenes autoinmunes, el síndrome de colon irritable, el cáncer de colon, las enfermedades coronarias e incluso problemas neuropsiquiátricos.

Amigos con beneficios

Esa danza sincronizada entre los gérmenes y su anfitrión comienza al nacer. A su paso por el canal vaginal, el recién nacido absorbe un tipo de bacterias conocido como Lactobacillus johnsonii, que prepara su estómago para digerir la leche materna. Esta última aporta por lo menos 600 especies más de bacterias. 

La leche, además, contiene cierto tipo de azúcares que el bebé no puede digerir, pero que, según Nicholson,  alimenta a los gérmenes que ya habitan en su intestino. Se calcula que a los 3 años un infante ya tiene un microbioma adulto único, producto de su exposición a gérmenes en el ambiente y en la dieta.


 
Algunas bacterias como el estreptococo aureus habitan en las fosas nasales. Si migraran más allá de este lugar causaría infecciones severas. Se ha encontrado que otras bacterias con propiedades antibióticas la mantienen bajo control.
Se sabe que algunas de estas especies, como Bacteroides Thetaiotaomicron, ayudan a descomponer cierto tipo de alimentos que el organismo no podría absorber, como los carbohidratos complejos. Dicha bacteria los convierte en azúcares de fácil absorción para el intestino.

Hace poco, sin embargo, se descubrió que el microbioma tiene funciones más complejas como  controlar el sistema inmune. 

Sarkis Mazmanian, biólogo de la Universidad de California, encontró que una de estas bacterias, B. Fragilis, trabaja en llave con los linfocitos, soldados que defienden el cuerpo de invasores y se encargan de producir la respuesta inflamatoria que cualquier individuo ha sentido ante una infección: aumento de la temperatura y dolor. Para evitar que el sistema inmune organice una ofensiva exagerada y ataque el propio cuerpo, B. Fragilis le ordena producir linfocitos reguladores. Lo interesante es que estos a su vez les indican a los linfocitos proinflamatorios que no ataquen a B. Fragilis. Como dice Juan Manuel Anaya, experto en enfermedades autoinmunes, “el sistema se asegura de que la relación entre nuestro organismo y los microbios se mantenga sin generar enfermedad”.

¿Cómo sabemos que los microorganismos buenos están desapareciendo?

Científicos de Puerto Rico y EUA fueron a visitar a indígenas de la zona del Amazonas, donde las poblaciones no tienen contacto con la civilización, aun viven de la caza y de la recolección de granos y frutos. Estos individuos han escapado a siglos de industrialización y cambios de estilo de vida. Su flora microbiológica es en teoría la que ha evolucionado con el hombre y lo mantiene sano. Investigadores como Gloria Domínguez-Bello recolectaron muestras de saliva, piel, y heces de estas poblaciones y determinaron que tipo de microorganismos están presentes y la compararon con la población microbiana de personas que viven en las grandes ciudades.

Gracias a métodos de amplificación de DNA es posible identificar a estos pequenos organismos, pues muchos no crecen en condiciones de laboratorio. As muestras están siendo analizadas actualmente en un laboratorio de EUA, pero resultados preliminares indican que nuestra modernidad nos esta enfermando porque matamos a los microorganismos que nos cuidan y protegen.

En la salud y en la enfermedad

Según  David Relman, de la Universidad de Stanford, la salud significa “propender por mantener el hábitat, fomentar las especies auctóctonas y eliminar las invasoras”. Desde esta perspectiva es que se producen las enfermedades.  Pero no se trata de las infecciones comunes que desde hace tanto tiempo los médicos combaten con antibóticos, sino de males que antes no estaban ligados a las bacterias. 

Nicholson, por ejemplo, encontró que el ácido fórmico, que se detecta en la orina, es indicador de alta presión arterial, uno de los factores de riesgo de infarto. Como las bacterias del intestino son las mayores productoras de esta sustancia, Nicholson cree que hay una relación estrecha entre estos microbios y la hipertensión.

Ciertas bacterias contribuyen además con el proceso de aterosclerosis, otro marcador de riesgo en la enfermedad coronaria. Stanley Hazen, de la Clínica Cleveland, en Ohio, observó ratones sometidos a una dieta para que desarrollaran aterosclerosis, un proceso por el cual las paredes de las arterias se endurecen. Lo interesante de su trabajo fue comprobar que cuando a los ratones se les dieron antibióticos que destruyeron su microbioma, la aterosclerosis disminuyó. “No se sabe cómo,  pero se cree que algunos productos microbianos dañan las paredes de las arterias”, explica Nicholson. 

En el caso de la esclerosis múltiple, Kerstin Berer, del Max Plank Institut, halló gracias a experimentos en ratones, que ciertas bacterias llevan al sistema inmune a rebelarse contra las células nerviosas, lo que desencadena esta enfermedad degenerativa. Los autistas tienen una población aumentada de un germen conocido como Clostridia, que acaba con la reserva de sulfatos, crucial para el desarrollo del cerebro, lo cual contribuye al desarrollo de la enfermedad. 

La diabetes también está ligada a las bacterias del intestino. Lo mismo sucede con otras enfermedades autoinmunes, como asma y eczema. Ya se han identificado posibles microbios que confundirían el sistema inmune hasta llevarlo a atacar las células del propio organismo.

El ser Humano no es un Individuo: Somos un Cosmos
 

Así como el universo esta lleno de planetas y la tierra de habitantes, de igual forma el hombre esta lleno de estos pequeños habitantes, somos un universo de organismos. Existen mas de 1000 diferentes bacterias viviendo en las capas internas de la piel en el cuerpo. Todas juntas tienen 100 veces mas DNA que el hombre y si las juntáramos pesarían casi 2 kilogramos, la microbiota es mas pesada que nuestro cerebro!

Disbiosis, Relaciones Peligrosas

Estamos abusando de las bondades de la civilización, antes una cesárea se realizaba para salvar la vida de la madre o el feto, ahora se practica regularmente por conveniencia.


De igual forma los antibióticos se usan indiscriminadamente. Una o dos rondas de ciprofloxacino (antibiótico para infecciones del tracto respiratorio y piel) es suficiente para deformar la población bacteriana del intestino, lo mas alarmante es que nunca se vuelve a recuperar del todo. A esta relación deformada se le llama Disbiosis o desbalance microbiano.


Los agricultores y ganaderos saben perfectamente que al administrar antibióticos al ganado les ayuda para que los animales crezcan rápido y engorden. ¿Sera que estamos haciendo lo mismo con los niños de hoy?


Las consecuencias de esta Disbiosis son varias. Por ejemplo, madres que dan a luz por cesárea tienen mayor probabilidad de tener hijos obesos. La falta de ciertas bacterias en el intestino es también la causa de alergias, inflamación del colon, cáncer intestinal y diabetes. Incluso se especula que el desbalance microbiano esta también relacionado con enfermedades neurológicas como el Alzheimer y Parkinson.





Hace poco un reportaje indicaba que niños que crecían con mascotas tenían menos probabilidades de desarrollar asma. Y es que los microorganismos de las mascotas y el jardín ayudan a entrenar a nuestro sistema inmunológico, enseñándole poco a poco que microorganismos son propios y cuales ajenos. Pero el exceso de higiene evita que el sistema inmune tenga esta ‘educación” por lo que mas y mas niños sufren de alergias al medio ambiente y asma.

Es interesante que niños con autismo tiene un sistema digestivo anormal, no se sabe como o porque lo desarrollan, pero esta claro que los intestinos de pacientes autistas no tienen la misma microbiota que personas sin autismo.

Tratamientos personalizados


Todos estos hallazgos han llevado a pensar nuevas maneras de tratar las enfermedades. Mark Mellow, del Baptist Medical Center de Oklahoma City, encontró que si se transplanta el microbioma de una persona sana a un paciente enfermo, se pueden combatir infecciones que de otra forma serían intratables, como la que produce Clostridium dificile, un microbio resistente a los antibióticos que causa diarrea. El tratamiento consiste en pasar heces de la persona sana al intestino del enfermo por medio de un enema. Mellow ha realizado más de 70 transplantes con un éxito del 91 por ciento.




Este mismo principio podría funcionar en pacientes obesos. Estudios preliminares muestran que con un trasplante de microbioma de un individuo de peso normal, los pacientes obesos metabolizan el azúcar en manera diferente.



Los médicos aseguran que en un futuro será posible diseñar tratamientos especializados según el microbioma de cada persona. “Las drogas tendrán como objetivo cambiar la acción de las bacterias”, explica Nicholson. No se buscará matarlas como se hace hoy con los antibióticos sino volverlas inofensivas o “promover sus actividades benéficas para la salud”, agrega.

Para entonces las compañías farmacéuticas tendrán que considerar el microbioma de los pacientes a la hora de diseñar drogas efectivas. En cirugía esto será de gran utilidad. A pesar de las medidas de higiene que se toman antes de un procedimiento quirúrgico todavía la infección es uno de los eventos adversos más comunes. “Si se conoce el microbioma de cada paciente se podría dar un antibiótico preventivo para el microbio que podría causar la infección en el postoperatorio”, dice Gustavo Quintero, profesor de cirugía de la Universidad del Rosario.

Las terapias también podrían incluir probióticos. Los que se incluyen en los yogures, según estudios clínicos, muestran beneficio en personas con síndrome de colon irritable, quienes también tienen un microbioma intestinal alterado. Sin embargo, el alcance de estos alimentos en otros males está por verse. "Probablemente no contribuyan mucho en las personas sanas”, dice Nicholson.

Aunque esta disciplina apenas está en su infancia, promete traer nuevas terapias a viejos problemas. “El manejo será más inteligente pues se atacará la fuente del desequilibrio interno y no las consecuencias”, dice Quintero.

Una preocupación que comparten todos es que el equilibrio de dicho ecosistema se está degradando por el uso indiscriminado de antibióticos, “especialmente en la niñez cuando el microbioma se está formando”, dice Nicholson. Martin Bleser, profesor de la Universidad de Nueva York, dice que dos generaciones atrás, más de 80 por ciento de la población tenía la bacteria H. Pylori en su estómago, pero hoy solo se detecta en menos del 6 por ciento. Esto podría interferir en la producción de una hormona que controla la sensación de hambre en el cerebro. La ausencia de H. Pylori estaría ocasionando en parte la epidemia de obesidad que se vive en el mundo. Además de esto, el aumento de las cesáreas y el hecho de que las familias cada vez son más pequeñas limita las oportunidades de exposición a microorganismos en la niñez.

Hay retos por delante y uno de ellos será convencer a la sociedad de que la medicina no es solo luchar contra los patógenos que invaden el cuerpo. Teniendo en cuenta que cada individuo hace parte de un ecosistema, la salud consistirá más en manejarlo como si se tratara de un parque natural. Y para mantenerlo bien, los médicos tendrán que empezar a pensar como ecólogos.



Javier de la Torre Galvis / Semana

VÍDEO

Bacterias

Las bacterias son microorganismos unicelulares que presentan un tamaño de algunos micrómetros de largo (entre 0,5 y 5 μm, por lo general) y diversas formas incluyendo esferas, barras y hélices. Las bacterias son procariotas y, por lo tanto, a diferencia de las células eucariotas (de animales, plantas, etc), no tienen núcleo ni orgánulos internos. Generalmente poseen una pared celular compuesta de peptidoglicano. Muchas bacterias disponen de flagelos o de otros sistemas de desplazamiento y son móviles. Del estudio de las bacterias se encarga la bacteriología, una rama de la microbiología.

Las bacterias son los organismos más abundantes del planeta. Son ubicuas, encontrándose en todo hábitat de la tierra, creciendo en el suelo, en manantiales calientes y ácidos, en desechos radioactivos, en las profundidades del mar y de la corteza terrestre. Algunas bacterias pueden incluso sobrevivir en las condiciones extremas del espacio exterior. Se estima que hay en torno a 40 millones de células bacterianas en un gramo de tierra y un millón de células bacterianas en un mililitro de agua dulce. En total, se calcula que hay aproximadamente 5×1030 bacterias en el mundo. Las bacterias son imprescindibles para el reciclaje de los elementos, pues muchos pasos importantes de los ciclos biogeoquímicos dependen de éstas. Como ejemplo cabe citar el fijación del nitrógeno atmosférico. Sin embargo, solamente la mitad de los filos conocidos de bacterias tienen especies que se pueden cultivar en el laboratorio, por lo que una gran parte (se supone que cerca del 90%) de las especies de bacterias existentes todavía no ha sido descrita.

En el cuerpo humano hay aproximadamente diez veces tantas células bacterianas como células humanas, con una gran cantidad de bacterias en la piel y en el tracto digestivo.
Bacterias por raulespert

FUENTES:
http://www.semana.com
http://100ciaysalud.blogspot.com

jueves, 7 de marzo de 2013

Top 10: alimentos que parecen sanos pero no lo son

Te damos una lista de 10 alimentos que parecen sanos e inofensivos, pero que en realidad son todo lo contrario.

por: Lucia Martinez


1. Aceites vegetales: como lo dice su nombre, este tipo de grasas naturales se extraen de diferentes plantas y semillas, tales como el girasol, el maíz, la soya, entre muchos otros. A diferencia de las grasas animales, se cree que estos aceites, por su consistencia líquida, son saludables.

Lo cierto es que existen muchos tipos de estos aceites, los cuales poseen diferentes propiedades, por lo que entonces hay unos mucho más sanos que otros. No hay que olvidar que éstos también poseen tres tipos de ácidos grasos: saturados, monoinsaturados y poliinsaturados, así que será mejor no abusar de ellos.

Aceites-Vegetales

2. Pasta: la pasta común y corriente que compramos en el súper en sobrecitos está hecha a base de una mezcla de harina, agua, huevos y una pizca de sal. Este alimento aporta aproximadamente unas 370 kilocalorías por cada 100 gramos, siempre y cuando se coma hervida, sin condimentos.

Principalmente, la pasta aporta al organismo hidratos de carbono, nada de minerales, ni fibras. Si la cocinamos con salsas y grasas, lo único que ingerimos es chatarra, lo cual se verá reflejado al momento de subir a la báscula.
3. Pan de molde (pan cuadrado, pan lacteado, pan lactal o pan de caja) : este tipo de pan está hecho a base de harina de trigo, la cual ha sido procesada con anterioridad, mezclada con harina, un poco de sal y huevos. En las últimas décadas ha tenido gran aceptación debido a que es un producto muy rendidor y el cual puede durar en casa varios días, sin necesidad de consumirlo.

Sin embargo, el pan blanco en realidad es mucho menos nutritivo que el pan que se venden en la panadería. Debido a que el trigo no se encuentra en estado puro, no hay aporte de vitaminas, ni fibras, y al ser fácil de digerir, puede haber en el organismo descompensaciones de azúcar e insulina.


4. Sopa de sobre: por cuestiones de tiempos, muchas personas optan por comprar este tipo de sopas que venden en los supermercados, las cuales suelen ser atractivas por sus combinaciones y sobre todo, por el tiempo que uno se ahorra al prepararlas.

El problema está en que todos sus ingredientes están deshidratados y aunque no son muy altas en grasas, contienen pocas vitaminas y minerales, sus niveles de sodio son muy altos y el exceso de sal puede provocar diversos daños en nuestro sistema.
5. Cátsup: esta salsa de tomate es ideal para acompañar cierto tipo de alimentos, como papas fritas, hamburguesas, hot dogs, entre muchos otros; su uso es tan popular que no falta en ninguna alacena.

Aunque el ingrediente principal de la cátsup como ya dijimos es el jitomate, también está hecha con cebolla, hierbas, especias, vinagre y un alto contenido de azúcar. Aunque no se le considera un alimento dañino, por sus componentes, será mejor que las personas con gastritis se abstengan de consumirla, al igual que las personas diabéticas por los azúcares. Además, es un alimento altamente calórico, pues 100 gramos de esta salsa aporta 100 calorías.


6. Refrescos de dieta: las personas que intentan seguir una alimentación balanceada, por lo general, sustituyen las bebidas muy azucaradas por refrescos de dieta, según porque éstos no contienen la misma cantidad de calorías que uno normal.

Según dietas.com, todo esto es un engaño, pues diversos estudios han comprobado que este tipo de sodas tienen altos niveles de sodio, algo que la gente desconoce y por el simple hecho de pensar que son dietéticas, aumentan su ingesta, sin saber que en realidad provocarán, a la larga, un aumento de peso.

 

7. Queso en rebanadas: el queso natural es un derivado lácteo, por lo que dependiendo de su tipo, contendrá bajos o altos índices de grasa, así que para alguien que quiere bajar de peso, es uno de los alimentos que se recomienda consumir muy pocas veces.

Uno de los quesos que está prohibido perentoriamente cuando te sometes a una dieta es el llamado queso en rebanadas o también, queso tipo americano, pues en realidad no se trata de un producto natural, sino más bien es el resultado de un procedimiento industrial en donde se combinan una serie de ingredientes para su creación, lo cual incluye altas cantidades de distintos tipos de grasas, así como de sal.
 
8. Salsa de soya: Este tipo de condimento, originalmente se produce al fermentar las semillas de la soya con unos hongos llamados Aspergillus oryzae, y es el acompañamiento ideal para el arroz o platillos orientales, como el sushi.

El problema radica en que la soya que encontramos en las tiendas de autoservicio deriva de un proceso químico, al cual se le integran diversos químicos que según estudios, aumentan los riesgos de padecer cáncer y causar defectos genéticos, además de contener altos índices de sal.

 

9. Cacahuates: Son considerados como frutos secos, un grupo de alimentos cuyo consumo es altamente recomendable, pues son muy energéticos, ricos en grasas naturales, proteínas, vitaminas, ácidos grasos y fibras.

El problema de los cacahuates radica en que podemos encontrarlos en distintas presentaciones: fritos, con sal, con chile, entre muchas otras, ingredientes extras que eliminan todos sus beneficios. Lo que se recomienda es consumir algunos días de la semana un puñado de este fruto de forma natural.


10. Jugos envasados: un error que comete la mayoría de las personas, es ingerir jugos de frutas en lugar de agua para saciar la sed, pues al ser producto de algo natural creen que es más saludable.

Esto es un tremendo error, ya que al prepararlos, hay quienes agregan grandes cantidades de azúcar y los cuelan, por lo que no se consume la pulpa, el ingrediente que pose la fibra necesaria para poder bajar de peso. Aquí lo más recomendable es comer un buen plato de frutas y pensar beber un jugo ocasionalmente.


Twitter del autor:  @lucia_mtz93

http://de10.com.mx/

Fuente:  Ecoosfera

sábado, 19 de enero de 2013

El poder del efecto placebo

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¿Puede una simple pastilla de azúcar tener el mismo resultado terapéutico que un fármaco que ha costado años y millones de dólares en producirse? El efecto de un medicamento puede ser positivo incluso cuando es inerte –como una pastilla de azúcar– si el paciente cree que está tomando una droga terapéutica. Es lo que se conoce como el «efecto placebo», sobre el cual Eduard Punset charla en este capítulo de Redes con Irving Kirsch, director asociado del Programa de Estudios del Placebo de la Universidad de Harvard. Además, en su sección, Elsa Punset nos dará en este programa algunos consejos para generar pensamientos positivos y para poder alcanzar los objetivos que nos proponemos.


Fuente: Redes para la ciencia.com

viernes, 4 de enero de 2013

"¿Tiene el Universo un propósito?", Neil deGrasse Tyson

UNIVERSO 2

La fundación Templeton, fundada y financiada para el estudio científico de grandes ideas filosóficas e incluso religiosas, lanzó a varios pensadores una de esas grandes preguntas:

"¿Tiene el Universo un propósito?"

La respuesta del físico Neil deGrasse Tyson no puede ser más ambigua: "No estoy seguro".

A continuación dejo una versión en vídeo de su respuesta, editada por los amigos de MinutePhysics. Aunque el inglés se entiende bastante bien, os dejo la traducción abajo.

Cualquier persona que exprese una respuesta más firme a la pregunta está reclamando un acceso al conocimiento que no se basa en fundamentos empíricos. Esta manera de pensar muy persistente, común a la mayoría de las religiones y algunas ramas de la filosofía, no ha logrado mucho en los esfuerzos del pasado para comprender, y por lo tanto predecir el funcionamiento del universo y nuestro lugar en él.
Afirmar que el universo tiene un propósito implica que el universo tiene intención. E intención implica un resultado deseado. Pero, ¿quién tendría el deseo? ¿Y cuál sería el resultado deseado? ¿Es la vida basada en el carbono inevitable? ¿O los primates vivientes son el pináculo neurológico de la vida?¿Son las respuestas a estas preguntas aún sin expresar un posible sesgo profundo del sentimiento humano? Por supuesto, los humanos no estuvimos por aquí para hacer estas preguntas durante el 99,9999% de la historia cósmica. Así que si el propósito del universo era crear seres humanos, entonces el cosmos era vergonzosamente ineficaz al respecto.

Y si un objetivo adicional del universo era crear una base fértil para la vida, entonces nuestro entorno cósmico tiene una extraña manera de demostrarlo. La vida en la Tierra, durante más de 3,5 millones de años de existencia, ha sido constantemente asaltada por fuentes naturales de caos, muerte y destrucción. La devastación ecológica provocada por volcanes, cambios climáticos, terremotos, tsunamis, tormentas, pestes, y sobre todo asteroides asesinos, han extinguido al 99,9% de todas las especies que han vivido aquí.
¿Qué hay de la vida humana? Si usted es religioso, puede declarar que el propósito de la vida es servir a Dios. Pero si eres una de los 100 mil millones de bacterias que viven y trabajan en un solo centímetro de nuestro intestino inferior (que rivaliza, por cierto, el número total de personas que alguna vez han nacido) quizás darías una respuesta completamente diferente. En su lugar, podríamos decir que el propósito de la vida humana es ofrecernos un lugar oscuro, pero idílico, el hábitat anaeróbico de la materia fecal.

Por lo tanto, en ausencia de arrogancia humana, y después de filtrar las evaluaciones delirantes que promueve dentro de nosotros, el universo se parece cada vez más al azar. Cuando los acontecimientos que habrían de ocurrir en nuestro mejor interés son tan numerosas como otros eventos que rápidamente nos podrían matar, la intención última es difícil, si no imposible, de discernir. Así que aunque no puede presumir de saber con seguridad si el universo tiene un propósito, las pruebas en contra son fuertes y visibles para todo aquel que ve al universo tal como es y no como quiere que sea.
Podéis leer las respuestas tan distintas que dieron otros pensadores, que dependiendo de sus inclinaciones ideológicas van del "SÍ" al "NO" tajante.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El miedo a la muerte juega en contra de la aceptación de la evolución

Un estudio sobre el diseño inteligente, esa creencia en que la vida en la Tierra y otros rasgos del universo pueden explicarse merced a la presencia de un "ser inteligente" que guía el proceso, revela que el apoyo que recibe está relacionado con el miedo a la muerte.


evolucion 2

Según la autora principal del estudio Jessica Tracy, de la Universidad de la Columbia Británica: "las personas quieren ver en la ciencia algo que aporte un mayor significado a sus vidas, y el diseño inteligente logra eso mientras que la evolución no. Eso podría explicar el por qué del intenso apoyo que encuentra esta creencia".

Según la autora, a pesar de que el diseño inteligente no cuenta supuestamente con matices religiosos ni afirma la existencia de la vida después de la muerte, la idea de que existe un creador que guía la vida es suficiente para ayudar a aliviar el miedo a la muerte.

"La razón por la que tenemos religiones es porque aportan confort y el diseño inteligente hace algo muy similar. El objetivo de la ciencia tradicional no es dar confort, su única razón es la de ayudar a comprender".

El diseño inteligente es la idea de que algunas partes del universo y de los seres vivos se explican mejor mediante la presencia de una causa inteligente, y no de un proceso indirecto tal como la selección natural y la evolución.

Es similar a la idea del creacionismo, la idea de que Dios creó la Tierra y todos sus habitantes, aunque no menciona qué es esa "causa inteligente", tampoco hace referencia a la vida después de la muerte, y no expone explícitamente una ideología religiosa.

A pesar de que sus defensores la enmarcan a menudo como una teoría científicamente válida, no se basa en la ciencia.

En 2010, una encuesta realizada en Estados Unidos indicó que el 40% de los consultados creían literalmente en el creacionismo bíblico. Un 38% de los norteamericanos creía que los humanos eran "guiados inteligentemente" por un creador, mientras que solo el 16% aceptaba la evolución.

metodo cientifico
En el estudio liderado por Tracy, se hizo pensar a los más de 1.600 participantes en la muerte, y tras ello, se les hacía leer pasajes de textos escritos por el defensor del diseño inteligente Michael Behe, o bien del biólogo evolutivo Richard Dawkins.

Después, se les hacía una serie de preguntas acerca de sus sentimientos sobre el diseño inteligente, la religión, la evolución, y los autores de los pasajes leídos, anotando su grado de aceptación con cada una de las teorías.

Algunos de los participantes leyeron también unos párrafos de Carl Sagan sobre el naturalismo, la creencia de que incluso sin un creador, la vida humana merece la pena y tiene significado.

En general los investigadores descubrieron que cuando se enfrentaba a los participantes con la idea de la muerte, parecía existir un ligero sesgo, pequeño pero estadísticamente significativo, a valorar más positivamente el diseño inteligente (o lo que es lo mismo, a valorar de peor forma a la evolución).

Los investigadores descubrieron también que este efecto se podía revertir si después de leer los pasajes sobre diseño inteligente o evolución, se les hacía leer el texto de Carl Sagan. Incluso para aquellas personas que mostraron una aceptación más fuerte por el diseño inteligente en las lecturas anteriores, el efecto se desvanecía después de leer el texto de Carl Sagan.

El único grupo que no mostró este "efecto corrector" fue el de los estudiantes de ciencias naturales, que respondían a los pensamientos sobre la muerte incrementando su apoyo a la teoría de la evolución.

"Lo que sostiene explícitamente el diseño inteligente es que la vida tiene un propósito... que estamos aquí por alguna razón y que hay un gran intención para todo esto", comenta Tracy. "Esta es una idea increíblemente distinta a la evolución".

Si la gente teme el vacío de un mundo basado en la idea de la evolución, tal vez sea importante acentuar la opción naturalista cuando se habla sobre ella.

Tracy cree que: "enseñar a la gente que la ciencia, o una visión naturalista, puede estar llena de significado, podría ayudar a que las personas se interesaran por la única teoría que de hecho tiene validez científica (la evolución), incluso aunque se encontrasen en estado de ansiedad existencial".

El estudio se publicó en la edición de marzo de 2011 de la revista PLoS ONE.

Fuente: Livescience.

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¿Se están perdiendo los valores? ¿Qué valores?


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No hay día en que se oiga en un medio de comunicación la letanía “se están perdiendo los valores” o “los jóvenes de hoy ya no respetan nada”, un mantra que todo el mundo parece aceptar y que sirve, entonces, para introducir toda clase de falacias estadísticas: como que los jóvenes de ahora son más violentos que los de antes, o que la sociedad en general está sumida en decadencia moral.

Basta con echar un ojo a los índices de homicidios de cualquier país civilizado para comprobar que las personas tienden, cada vez menos, a matar al prójimo. Si bien es cierto que en 1960 hubo un repunte brutal de homicidios en Estados Unidos y Europa, la curva, en general, siempre ha sido descendente.

Los jóvenes de antes, pues, eran más violentos y faltos de empatía que los de ahora. Y, bueno, siempre han existido voces que hablaban de la decadencia moral, sobre todo de las nuevas generaciones: Aristóteles decía “Los jóvenes de hoy no tienen control y están siempre de mal humor. Han perdido el respeto a los mayores, no saben lo que es la educación y carecen de toda moral.” Platón abundaba en ello: “¿Qué está ocurriendo con nuestros jóvenes? Faltan al respeto a sus mayores, desobedecen a sus padres. Desdeñan la ley. Se rebelan en las calles inflamados de ideas descabelladas. Su moral está decayendo. ¿Qué va a ser de ellos?”. Incluso podemos ir 4.800 años atrás en el tiempo y leer las siguientes inscripciones de una tablilla asiria: “En estos últimos tiempos, nuestra tierra está degenerando. Hay señales de que el mundo está llegado rápidamente a su fin. El cohecho y la corrupción son comunes”.

A esto se suma la dificultad que implica definir qué son los valores. Si asumiéramos esta supuesta pérdida de valores, ¿a qué valores nos estaríamos refiriendo? Tal vez se estén sustituyendo unos valores por otros, ¿sabemos a ciencia cierta que los de antaño eran mejores que los de hogaño? 

Si partimos de la base de que los valores correctos no deben sustituirse por otros valores, ¿entonces habría existido alguna clase de evolución en los valores vigentes de cualquier época? ¿Dejar de tratar a los negros o a las mujeres como infrahumanos no supuso la pérdida de determinados valores?

Además, los expertos de ciencias sociales (con demasiadas variables que controlar) que afirman que los jóvenes de ahora son más violentos que los de antes aducen causas ambivalentes y poco concretas: porque son muy mimados, porque no tienen suficiente atención de los padres, porque viven en familias desestructuradas, porque viven en familias acomodadas que se creen superiores a quienes mortifican, etc. Todo vale, tanto una cosa como la contraria. Pero nadie alcanza a dar una razón unívoca y estadísticamente significativa. Tal vez porque no es verdad que los jóvenes de ahora sean más violentos que los de antes.

Hay un factor que no es causa, pero sí que es poéticamente significativo. Ya que científicamente no pueden aclararse los motivos del repunte de violencia en determinados jóvenes (sí es cierto que hay jóvenes más violentos y descarnados, pero no ocurre de forma generalizada… y tampoco antes había tanta cobertura mediática para denunciarlo), asumiendo eso, digo, que haya un repunte de violentos,entonces podríamos acogernos a la poesía para reflexionar de otro modo sobre el problema: la infancia nunca fue de los niños, la infancia siempre fue de quienes la perdieron.

Determinados colectivos han luchado y sangrado para obtener su cuota de protagonismo en la historia. Las mujeres a fin de recibir el mismo trato que los hombres. Los negros, tanto de lo mismo. Todos ellos ambicionando más libertad. Una vez obtenida ésta, los efectos secundarios pueden ser nocivos…pero nunca debemos olvidar lo obtenido en primera instancia. Bajo esta misma lógica, quizá ha llegado el momento de que niños y jóvenes empiecen a reclamar también su pequeña cuota de protagonismo que siempre les fue negada. Y también su pequeña cuota de poder. De esos niños, que les ha llegado su momento de rebelión como tantos otros colectivos, hay unos, una minoría que mediáticamente tiene mucho eco, que manifiestan su frustración a través de la violencia.

libro compas

Porque, a pesar de que los videojuegos violentos son ya un pasatiempo esencial, que disponemos de pornografía bizarra a través de Internet, que determinado cine es más explícito que nunca con la hemoglobina y el cuestionamiento moral y religioso, la violencia real no ha hecho más que disminuir.

Los seguidores de música punk, heavy o hip hop, con pintas que producen miedo cerval, botas militares, piercings, mirada fría y demás aditivos, son personas que pueden ser perfectamente educados, ecologistas, veganos y hasta tímidos y reflexivos, tal y como os expliqué en Dime qué música escuchas y te diré cómo eres. En Bobos en el paraíso, un libro publicado por el periodistaDavid Brooks en el año 2000 ya se observaba que muchos miembros de la clase media se han transformado en “bohemios burgueses” (BOurgeois BOhemians), que fingen el aspecto de personas situadas en los márgenes de la sociedad mientras viven un estilo de vida totalmente convencional.

Una sociedad con valores es aquélla que evalúa continuamente cuáles son los aspectos de las normas de una cultura a los que merece la pena atenerse y cuáles ya resultan obsoletos, no una sociedad monolítica e intocada.

Cierto es que la gente es más desinhibida que antes, que los alumnos son más descarados con los profesores que antes, que las normas en general no se siguen con tanta inflexibilidad. Pero ello precisamente revela que vivimos en una sociedad con más valores que nunca: antes, dichas normas,no se seguían porque la gente alumbrara más valores sino por miedo (tanto punitivo como social). No enseñar escote porque todo el mundo te llamará puta por la calle no es tener más valores. No cuestionar al profesor porque éste te dará un reglazo en la mano (y al que luego no podrás denunciar por agresión) no es tener más valores.

Lo explica así el psicólogo cognitivo Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro:
"Hace siglos, quizá nuestros antepasados tuvieron que reprimir cualquiera señal de espontaneidad e individualidad con el fin de civilizarse, pero ahora que las normas de la no violencia están consolidadas, podemos ceder un poco ante inhibiciones concretas que acaso parezcan obsoletas. Según esta línea argumental, el hecho de que las mujeres enseñen mucha carne o que los hombres suelten tacos en público no es señal de decadencia cultural. Al revés, es señal de que viven en una sociedad tan civilizada que no han de temer que, en respuesta a ello, vayan a sufrir hostigamiento o agresión. Como dijo el novelista Robert Howard, “los hombres civilizados son más descorteses que salvajes porque saben que no les van a partir el cráneo por ello”. Quizás haya llegado incluso la época en que yo pueda usar el cuchillo para empujar los guisantes hasta el tenedor."
Fuente: XATAKA

VÍDEO:

Redes - El Declive de la violencia - Steven Pinker

La idea de que los seres humanos son pacíficos por naturaleza y corrompidos por las instituciones modernas nos hizo soñar durante mucho tiempo con un pasado idílico. Pero los científicos sociales nos llaman al desengaño: no todo tiempo pasado fue mejor, sino lo contrario. En este capítulo de Redes, el profesor de psicología de la Universidad de Harvard Steven Pinker le explica a Eduard Punset que las sociedades de nuestros antepasados fueron enormemente más crueles y violentas que las de la actualidad.Ambos se encontraron en la ciudad de Boston, en los Estados Unidos, el 19 de abril del 2011.Quienes consigan que creas en lo absurdo pueden conseguir que cometas atrocidades.

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