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FRASES DE CIENCIA

lunes, 24 de agosto de 2015

Naomi Oreskes: ¿Por qué debemos confiar en los científicos?




Muchos de los grandes problemas en el mundo necesita que le preguntemos a los científicos, pero, ¿por qué tenemos que creer en lo que dicen? La historiadora de la ciencia, Naomi Oreskes, piensa en profundidad acerca de nuestra relación con esta creencia y muestra tres problemas con actitudes comunes sobre la investigación científica razonando el porqué deberíamos confiar en la ciencia.




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Todos los días enfrentamos problemas como el cambio climático y la seguridad de las vacunas donde tenemos que responder a preguntas cuyas respuestas dependen mucho de la información científica. Los científicos nos dicen que el planeta se está calentando. Nos dicen que las vacunas son seguras. ¿Pero cómo sabemos que tienen la razón? ¿Por qué creemos en la ciencia? La verdad es que muchos no creen en la ciencia. Las encuestas sobre la opinión pública muestran que una gran mayoría de los estadounidenses no creen que el cambio climático sea debido a las actividades humanas, que haya una evolución por selección natural y no están convencidos de que las vacunas son seguras.

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Entonces, ¿por qué tenemos que creer en la ciencia? A los científicos no les gusta hablar de la ciencia como una creencia. De hecho, contrastan la ciencia con la fe y dicen que la creencia se relaciona con la fe. Y la fe está separada y es distinta a la ciencia. De hecho dirían que la religión está basada en la fe o quizás a lo que le apostó Pascal. Pascal Blaise fue un matemático del siglo XVII que aplicó el razonamiento científico a la cuestión de creer o no en Dios. Lo que decía: Si Dios no existe pero decido creer no pierdo mucho. Quizás unas cuantas horas los domingos. (Risas) Pero si sí existe y no creo en él, estoy metido en un gran lío. Así que Pascal dice que es mejor creer en Dios. O como uno de mis profesores decía: "Estaba agarrado al barandal de la fe". Doy ese salto hacia la fe dejando la ciencia y el racionalismo a un lado.

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El hecho es que para la mayoría de nosotros creer en muchas de estas afirmaciones científicas es un acto de fe. No podemos probar la mayoría de estas afirmaciones por nuestra cuenta. Y esto es verdad incluso para la mayoría de los científicos fuera de su especialización. Si lo piensan, un geólogo no puede decirte si una vacuna es segura. La mayoría de los químicos no son expertos en la teoría de la evolución. Un médico no puede decirte, a pesar de las afirmaciones de algunos, que el tabaco produce cáncer o no. Así que hasta los científicos tienen que tener fe cuando están fuera de sus áreas de estudio, entonces, ¿por qué aceptan las afirmaciones de otros científicos? ¿Por qué se creen los unos a los otros? Y, ¿deberíamos creer en esas afirmaciones?

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Lo que quiero discutir acá es que sí deberíamos pero no por las razones que la mayoría de nosotros creemos. A la mayoría nos enseñaron en la escuela que la razón por la que debemos creer en la ciencia es por el método científico. Nos enseñaron que los científicos siguen un método y que este método garantiza la verdad en sus afirmaciones. El método que la mayoría aprendió en la escuela, que llamamos el método del texto, es el método de la deducción hipotética. De acuerdo al modelo estándar, el modelo del texto, los científicos desarrollan unas hipótesis, luego deducen las consecuencias de esas hipótesis, y luego salen y dicen: "Bien, ¿son estas consecuencias verdaderas?" "¿Podemos ver que ocurren en el mundo natural?" Y si ocurren, los científicos dicen: "Fabuloso. Sabemos que la hipótesis es correcta".

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Hay muchos ejemplos famosos en la historia de científicos que hicieron exactamente esto. Uno de los ejemplos más famosos viene del trabajo de Albert Einstein. Cuando Einstein desarrolló la teoría de la relatividad, una de las consecuencias de su teoría era que el espacio-tiempo no era un vacío, sino que tenía materia. Y que esa materia se doblaba en la presencia de objetos con masa como el Sol. Si la teoría fuera verdadera entonces la luz cuando atraviesa el Sol debería, de hecho, doblarse a su alrededor. Eso fue una predicción impresionante y pasaron muchos años antes de que los científicos pudiesen probarla, cosa que ocurrió en 1919, y que resultó ser verdadera. De hecho, la luz de las estrellas se doblan al pasar alrededor del Sol. Esa fue una gran confirmación de la teoría. Se consideró la prueba de la veracidad de esta radical nueva idea, y se publicó en muchos periódicos en todo el mundo.

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A veces esta teoría o modelo se conoce como el modelo nomológico-deductivo, principalmente porque a los académicos les gusta complicar las cosas. Pero también porque en el caso ideal se trata de leyes. Nomológico significa que está relacionado con leyes. En el caso ideal la hipótesis no solo es una idea: idealmente, es una ley natural. ¿Por qué es importante que sea una ley natural? Porque si es una ley no puede infringirla. Si es una ley siempre será verdadera en todos los tiempos y lugares sin importar las circunstancias. Y todos Uds. conocen al menos una ley famosa: La famosa ecuación de Einstein, E=mc2, que explica la relación entre la energía y la masa. Y esa relación siempre será verdadera.

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Resulta que hay muchos problemas con este modelo. El mayor problema es que es erróneo. Simplemente falso. (Risas) Y daré tres razones por la que es erróneo. La primera es una razón lógica. Es el problema de la falacia de afirmar una consecuencia. Esa es una forma más rimbombante o académica de decir que las teorías falsas pueden hacer predicciones verdaderas. Solo por el hecho de que una predicción se haga realidad no prueba lógicamente que la teoría sea correcta. Y tengo un buen ejemplo, nuevamente a partir de la historia de la ciencia. Esta es una imagen del universo de Ptolomeo, con la Tierra en el centro del universo y el Sol y los planetas girando a su alrededor. Mucha gente inteligente durante muchos siglos, creyeron en el modelo de Ptolomeo. ¿Por qué? La respuesta es porque muchas de las predicciones se hicieron realidad. El sistema de Ptolomeo le permitió a los astrónomos hacer predicciones precisas acerca de los movimientos del planeta, incluso más precisas al principio que la teoría de Copérnico, que hoy en día sabemos que es verdadera. He allí un problema con el modelo de texto. El segundo problema es un problema práctico, y es el problema de las hipótesis auxiliares. Las hipótesis auxiliares son supuestos que hacen los científicos que ellos mismos pueden saber o no que hacen. Un buen ejemplo de esto viene del modelo de Copérnico que al final reemplazó el sistema de Ptolomeo. Nicolás Copérnico dijo que la Tierra no era el centro del universo, que el Sol era el centro del sistema solar y que la Tierra se mueve alrededor del Sol. Los científicos le dijeron, bien, Nicolás, si eso es verdad debemos poder detectar el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Esta diapositiva aquí muestra el concepto que se conoce como el paralaje estelar. Y los astrónomos dijeron, si la Tierra se mueve y observamos una estrella prominente, digamos, Sirio —ya sé que estoy en Manhattan y Uds. aquí no ven las estrellas, pero imaginen que están en el campo, que escogieron una vida rural— y vemos una estrella en diciembre, la vemos con el fondo de otras estrellas distantes. Si hacemos las misma observación 6 meses más tarde, cuando la Tierra se ha movido a esta posición en junio, vemos las misma estrella pero con otro fondo. Esa diferencia, esa diferencia angular, es el paralaje estelar. Esta es la predicción que hace el modelo copernicano. Los astrónomos buscaron el paralaje estelar y no consiguieron nada, nada en absoluto, nada. Y muchos argumentaban que esta era la prueba de que el modelo copernicano era falso.

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¿Qué pasó? En retrospectiva podemos decir que los astrónomos asumieron dos hipótesis auxiliares las cuales podemos decir ahora que son incorrectas. La primera fue el supuesto sobre el tamaño de la órbita de la Tierra. Los astrónomos asumían que la órbita de la Tierra era grande en relación a la distancia a las estrellas. Hoy en día la ilustraríamos más así, esto viene de la NASA, y pueden ver que la órbita de la Tierra es bastante pequeña. Incluso mucho más pequeña que lo que se muestra aquí. Por ello el paralaje estelar es muy pequeño y muy difícil de detectar.

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Esto conlleva a la segunda razón por la que la predicción no funcionó, ya que los científicos también asumieron que los telescopios que tenían eran lo suficientemente sensibles para detectar el paralaje estelar. Cosa que no era cierta. No fue sino hasta el siglo XIX que los científicos fueron capaces de detectar el paralaje estelar.

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También hay un tercer problema. Es simplemente un problema de facto: mucho de la ciencia no entra dentro del modelo del texto. Muchas ciencias no son deductivas, sino inductivas. Eso significa que muchos científicos no necesariamente comienzan con teorías e hipótesis, a menudo son solo observaciones de las cosas que pasan en el mundo. El ejemplo más famoso es de uno de los científicos más reconocidos que existió, Charles Darwin. Cuando el joven Darwin salió en su viaje en el Beagle, no tenía una hipótesis o una teoría. Solo sabía que quería una carrera como científico y comenzó a recolectar datos. Sabía que odiaba la medicina porque ver sangre lo enfermaba así que tenía que buscar una carrera alternativa. Así que comenzó a recolectar datos. Y recolectó muchas cosas, incluyendo sus famosos pinzones. Los que conseguía los guardaba en un bolso, pero no tenía idea para lo que servirían. Años más tarde en Londres, Darwin comenzó a analizar sus datos y a desarrollar una explicación. Esa explicación fue la que dio lugar a la teoría de la selección natural.
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Además de la ciencia inductiva, los científicos a menudo hacen réplicas. Una de las cosas que los científicos quieren hacer es explicar las causas de las cosas. ¿Y eso cómo se hace? Una de las formas de hacerlo es construir un modelo para comprobar una idea.

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Esta es una foto de Henry Cadell, un geólogo escocés del siglo XIX. Pueden asumir que es escocés por el gorro escocés y las botas Wellington. (Risas) Y Cadell quería responder a la pregunta de ¿cómo se formaron las montañas? Una de las cosas que observó es que si ves las montañas como los Montes Apalaches a menudo consigues rocas con pliegues. Los pliegues son muy particulares lo que sugerían que fueron comprimidas por los lados. Esta idea jugó un papel importante en la discusión de la deriva continental. Así que construyó este modelo, este descabellado artilugio con palancas y troncos, aquí está la carretilla, cubetas, un martillo gigante. No sé por qué lleva botas Wellington. Quizás porque va a llover. Y creó este modelo físico con el fin de demostrar que puedes crear formas en las rocas, o en este caso en el barro, que se parecen mucho a montañas si las comprimes desde los lados. Este era el argumento a la formación de las montañas.

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Hoy en día, las mayoría de los científicos prefieren trabajar adentro, así que ya no construyen tantos modelos físicos sino simulaciones digitales. Las simulaciones digitales también son un tipo de modelo. Es un modelo basado en las matemáticas, y como los modelos físicos del siglo XIX, es muy importante para pensar sobre las causas. Una de las grandes preguntas es sobre el cambio climático. Tenemos muchísimas evidencias de que la Tierra se está calentando. En esta diapositiva, la línea negra muestra que las medidas que los científicos han tomado en los últimos 150 años denotan cómo la temperatura de la Tierra ha ido aumentando de forma progresiva. Pueden ver que particularmente en los últimos 50 años ha habido un incremento significativo de casi un grado centígrado, o casi dos grados Fahrenheit.

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Entonces, ¿qué está ocasionando este cambio? ¿Cómo podemos conocer la causa del calentamiento que se observa? Los científicos pueden replicarlo con una simulación digital. Este diagrama muestra una simulación digital que toma en cuenta todos los diferentes factores que conocemos que pueden afectar el clima de la Tierra, como las partículas de sulfato de la contaminación del aire, cenizas volcánicas de las erupciones, cambios en la radiación solar, y por supuesto, los gases de invernadero. Y se preguntan, ¿qué grupo de variables agregados a un modelo reproducirían lo que vemos en la vida real? He aquí la vida real en negro. He aquí este modelo en gris claro y la respuesta es un modelo que incluye, es la respuesta E en el SAT, todas las anteriores. La única forma que pueden reproducir las temperaturas que se observan es con todas estas cosas juntas, incluyendo los gases de invernadero, y en particular pueden ver que el aumento de los niveles de gases de invernadero ocasiona este aumento dramático de temperatura en los últimos 50 años. Esta es la razón por la que los científicos dicen que no solo saben que el cambio climático está ocurriendo, sino que los gases de invernaderos son unas de las causas principales.

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Debido a todas las cosas diferentes que los científicos hacen el filósofo Paul Feyerabend dijo famosamente: "El único principio en la ciencia que no inhibe el progreso es que todo lo vale". Esta cita con frecuencia se ha sacado de contexto porque Feyerabend no estaba diciendo que en la ciencia todo lo vale. Lo que decía, lo que toda la cita dice: "Si me presionas para que diga cuál es el método de la ciencia, diría que todo lo vale". Lo que trataba de decir es que los científicos hacen cosas diferentes. Los científicos son creativos.

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Pero esto nos lleva al comienzo: si los científicos no usan un método único entonces, ¿cómo deciden qué es lo correcto o lo incorrecto? ¿Y quién decide? La respuesta es que los científicos deciden y ellos deciden al estudiar la evidencia. Los científicos recolectan evidencias de muchas maneras diferentes, pero sea lo que sea que recolectan tienen que llevarlo al escrutinio. Esto llevó al sociólogo Robert Merton a enfocarse en la pregunta de cómo los científicos escrutan los datos y la evidencia, y él decía que lo hacían de una forma que llamaba "escepticismo organizado". Decía que era organizado porque lo hacen de forma colectiva, como un grupo, y escepticismo, porque lo hacen desde una posición de desconfianza. Eso quiere decir que el peso de la prueba recae sobre la persona que presenta la novedad. Y en esta ciencia, la ciencia es intrínsecamente conservadora. Es muy difícil persuadir a la comunidad científica para que diga: "Sí, esto es verdad". A pesar de la popularidad del concepto de cambios de paradigma, lo que de hecho vemos es que los cambios dramáticos en el pensamiento científico son relativamente raros en la historia de la ciencia.

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Finalmente esto nos trae otra idea: Si los científicos evalúan la evidencia colectivamente esto le deja a los historiadores a enfocarse en la pregunta del consenso y a decir que al final del día, lo que es la ciencia, lo que es el conocimiento científico, es el consenso de los científicos expertos quienes con este proceso del escrutinio organizado, o escrutinio colectivo, han evaluado la evidencia y ha llegado a una conclusión, ya sea sí o no.

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Podemos pensar que el conocimiento científico es un consenso de expertos. También podemos pensar que la ciencia es un tipo de jurado, con la excepción de que es uno muy especial. No es un jurado de tus colegas, es un jurado de expertos. Es un jurado de hombres y mujeres con doctorados, y a diferencia de un jurado convencional que solo tiene dos opciones, culpable o inocente, el jurado científico tiene de hecho, múltiples opciones. Los científicos pueden decir sí, es verdadero. Los científicos pueden decir no, es falso. O pueden decir, bien puede ser verdadero, pero tenemos que trabajar más y recolectar más evidencia. O pueden decir, puede ser verdad, pero no sabemos la respuesta y vamos a dejarla de lado y quizás volvamos a ella más tarde. Es lo que los científicos llaman "insoluble".

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Esto nos lleva a un problema final: Si la ciencia es lo que los científicos dicen que es, ¿esto no es simplemente confiar en la autoridad? ¿Acaso no nos enseñaron en la escuela que confiar en la autoridad es una falacia lógica? He aquí la paradoja de la ciencia moderna. La paradoja de la conclusión a la que creo han llegado los historiadores, filósofos y sociólogos, que dice que la ciencia es la confianza en la autoridad. Pero no es la autoridad del individuo, sin importar lo inteligente que sea el individuo, como Platón, Sócrates o Einstein. Es la autoridad de la comunidad colectiva. Pueden pensar que es la sabiduría de la mayoría, pero una mayoría muy especial. La ciencia obedece a la autoridad pero no está basada en ningún individuo, sin importar lo inteligente que este sea. Está basada en la sabiduría, el conocimiento y el trabajo colectivo de todos los científicos que han trabajado en un problema en particular. Los científicos tienen una cultura de desconfianza colectiva, la cultura de "muéstrame", como vemos aquí a esta mujer mostrándole a sus colegas su evidencia. Claro que estos no parecen científicos porque se ven muy felices. (Risas)

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Bien, esto me lleva a mi punto final. La mayoría de nosotros nos levantamos en las mañanas. Confiamos en nuestros autos. Aquí estoy pensando en Manhattan, esta no es una buena analogía, pero para la mayoría que no vive en Manhattan, que se levantan, se suben a sus autos, lo prenden, y sus autos funcionan, y funcionan maravillosamente. El auto moderno muy raramente deja de funcionar.

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¿Por qué? ¿Por qué los autos funcionan tan bien? No es por la genialidad de Henry Ford, o Karl Benz o incluso Elon Musk. Es porque el auto moderno es un producto de más de 100 años de trabajo por cientos y miles, y millares de personas. El auto moderno es un producto del trabajo, la sabiduría y la experiencia colectiva de todos los hombres y mujeres que han trabajado en el auto. Y su tecnología confiable es el resultado de ese esfuerzo acumulado. No solo nos beneficiamos de la genialidad de Benz, de Ford y Musk, sino de la inteligencia colectiva y el trabajo duro de todos los que han trabajado en el auto moderno. Y lo mismo es verdad para la ciencia, solo que la ciencia es incluso más antigua. Nuestra razón para confiar en la ciencia es la misma que nuestra razón para confiar en la tecnología, la misma razón para confiar en todo, entre ellas, la experiencia.

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Pero no debe ser una confianza ciega, más que la confianza ciega en cualquier cosas. Nuestra fe en la ciencia, como la ciencia misma, debe estar basada en evidencias. Para ello los científicos tienen que ser mejores comunicadores. No solo tienen que explicarnos lo que saben, sino cómo lo saben, y nosotros tenemos que aprender a ser mejores oyentes.

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Muchas gracias.

domingo, 30 de marzo de 2014

El proyecto de Tesla hecho realidad: La electricidad inalámbrica ya está aquí

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Katie Hall todavía recuerda con asombro el día en que por primera vez observaba un bobilla de luz brillando en el centro de una habitación, como por arte de magia, sin ningún cable de por medio. Por supuesto no se trataba de magia, sino de un experimento bastante mundano, basado nada menos que en la inducción electrostática de Nikola Tesla, descubierta ya en 1891 y resignada al olvido por la desidia de los mercados en complicidad con la industria.

Hoy, la Doctora Katie Hall es directiva de la compañía WiTricity, una start-up especializada en el desarrollo tecnológico de la resonancia inalámbrica, un eufemismo que se refiere ni más ni menos que al gran invento de Tesla, la Torre Wardenclyffe. En definitiva, se trata de transferir electricidad sin cables de por medio a través de un campo magnético en el aire.

Claro que el sueño de Tesla, como su genio, era gigantesco. Si no hubiera sido constantemente postergado por los intereses comerciales de los empresarios más inescrupulosos y, en cambio, hubiera recibido el apoyo merecido por las enormes expectativas que su trabajo representó para el bien de la humanidad, entonces probablemente la Torre de Tesla hubiese sido posible hace más de un siglo y la historia del mundo sería otra.

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Sin embargo, las bobinas de cable eléctrico que hoy desarrolla WiTricity resultan ser un algo así como un acto de justicia histórica. Basadas en el invento de Tesla, una vez que se enchufan a un tomacorriente generan un campo magnético. Si otra bobina se encuentra lo suficientemente cerca de este campo, se produce una carga eléctrica sin que medie ningún cable. El resultado es la transferencia de energía de forma inalámbrica.



El método resulta ser perfectamente seguro, ya que se trata de campos magnéticos como los utilizados por la tecnología Wi-Fi. En breve, las casas contaran con este tipo de sistema para transmitir electricidad sin cables. La compañía ya demostró la capacidad de sus equipos para dotar de energía a los dispositivos portátiles, televisores y lámparas mediante el añadido de bobinas de resonancia en baterías y fuentes eléctricas. También se encuentra trabajando en un cargador inalámbrico para vehículos eléctricos.

Yendo aún más lejos, se prevén aplicaciones para dispositivos trasplantados bajo la piel y que podrían ser recargados de manera no intrusiva. En cualquier caso, el desafío de hoy pasa por incrementar la potencia de las bobinas de resonancia para lograr campos magnéticos con mayor alcance, es decir, que generen electricidad a mayor distancia.

El cambiante presente y futuro de las gaseosas


ThinkStockPhotos

En las últimas tres décadas, las tasas de obesidad global se han duplicado y ahora viven en el mundo más de 500 millones de personas obesas. Aunque las causas de este fenómeno son diversas, algunas voces culpan a un alimento en particular: el azúcar, sugiriendo incluso que ésta podría ser tóxica para el cuerpo humano.

Teniendo en cuenta que las gaseosas son una de las principales formas en las que las personas consumimos azúcar en grandes cantidades, esta preocupación ha hecho que se empiece a mirar a este rubro con otros ojos.

Basta con leer algunos de los efectos que genera beber una lata de gaseosa
a diario para entender la necesidad de generar ciertos cambios de conducta al respecto:
  • Altera el metabolismo;
  • Aumenta el riesgo de contraer diabetes en un 22%, osteoporosis y afecciones cardíacas;
  • Incrementa la grasa en el organismo;
  • Conduce a la deshidratación;
  • Perjudica el esmalte de los dientes;
  • Afecta la capacidad reproductiva;
  • Produce adicción.
Frente a este tema, ha nacido una nueva ola de criticismo desde diversas esquinas. El reconocido columnista de comida del New York Times dice que las gaseosas  son dañinas porque son usualmente confundidas con alimento: “El alimento provee nutrición, las gaseosas no”; y critica a estrellas como Beyoncé por participar en campañas publicitarias de las marcas. 

El famoso chef inglés Jamie Oliver lleva a cabo desde hace al menos tres años una campaña para crear consciencia sobre el consumo de azúcar en las escuelas: en una charla de TED en una charla de TED, trajo al escenario una carretilla llena de cubos de azúcar para demostrar la cantidad que un niño consume en almuerzos escolares.

Aunque los gobiernos suelen ser lentos en reaccionar a este tipo de temas, algunos actores ya han creado controversia con legislaciones: es que disminuir los problemas de salud en la población también reduce los gastos de salud pública.

En Estados Unidos, donde más de un tercio de la población padece de sobrepeso, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, fue uno de los pioneros, proponiendo prohibir la venta de vasos gigantes que suelen conseguirse en cines y locales de comida rápida. La medida fue aprobada por la Junta de Salud de la ciudad e iba a ser implementada en marzo de este año, pero un juez la suspendió. De todas formas, la campaña logró atención mundial y ya el año pasado se registró una caída récord en la venta de este tipo de bebidas.

En México, país que registra el mayor número de muertes vinculadas al consumo de bebidas azucaradas, la Alianza por la Salud Alimentaria lanzó durante el verano del hemisferio norte una campaña con carteles que dicen: ¿Te comerías doce cucharadas de azúcar?, ¿Por qué te las bebes en un refresco?, con la que busca alertar sobre los males de este hábito.

También Colombia se sumó al movimiento la semana pasada. En un país en el que el 51 por ciento de la población tiene sobrepeso, se anunció que el Ministerio de Salud podría aprobar una medida que regule la venta de estas bebidas en centros educativos, que establezca una restricción publicitaria a los fabricantes e incluso que determine topes de contenidos azucarados en la composición de las mismas.

¿Es el comienzo del fin de las gaseosas? La industria no está dejando avanzar el tema tan fácilmente.

Después del anuncio de Bloomberg en Nueva York, la Asociación Americana de Bebidas publicó amplios anuncios en los que llamaba a las personas a defender su derecho a elegir el tamaño de sus bebidas.

Desde Coca Cola aseguran que prohibir la venta de gaseosas tiene un impacto negativo en las economías locales. La marca viene trabajando en campañas de marketing para promover un consumo responsable, con concursos de salud e información sobre las calorías de las bebidas, y fue la responsable del lanzamiento de Coca-Cola Life, que contiene la mitad de azúcares que la regular y stevia entre sus ingredientes.

© Coca-Cola/Difusión

Pepsi, por su parte, lanzó PepsiNext, apuntando a las personas que no quieren asociarse con las bebidas light pero que buscan controlar su consumo de calorías.
Algunas voces señalan que más que una prohibición, un impuesto sobre las bebidas funcionaría mejor sin afectar la ‘libertad’ del consumidor.

Más allá de los resultados específicos de las medidas, la discusión está sobre la mesa. ¿Crees que es necesario controlar el consumo de gaseosas? ¿qué te parecen las opciones más ‘saludables’?



VIDEOS
“Si los niños no saben lo que es, nunca lo comeran
La escena transcurre en una guardería. Jamie Oliver enseña a los niños una pera, una coliflor, acelgas... La mayoría no lo ha visto en su vida.

Este detalle, aparentemente sin importancia, es la punta del iceberg de un drama que afecta de modo especial a los países anglosajones pero que se extiende a escala global. "No estamos enseñando a nuestros niños a comer", explica el cocinero británico, "somos la primera generación cuyos hijos vivirán un promedio de 10 años menos que sus padres".


La labor de Jamie Oliver divulgando la cocina sana, y enseñando pequeños trucos para comer mejor, le ha valido el premio TED 2010.


Esta es la charla de agradecimiento del premio, en la que explica cómo el sistema nos ha metido en una trampa a la que debemos buscar una salida. Algunos ejemplos: los productores han multiplicado el contenido de azúcar de la leche para que les guste a los niños, en los comedores americanos están prohibidos los cuchillos y tenedores, de forma que los críos terminan comiendo preferentemente cosas que se pueden coger con la mano, como pizzas y hamburguesas... Si tenéis un rato, sentáos a ver este Ted Talk porque es un ejemplo de tenacidad y de la búsqueda de un sueño que podría mejorar la vida de millones de personas.



Los subtítulos están en español, basta activarlos en la pestaña "subtitles".

TED: Jamie Oliver: Teach every child about food




Paxman confronta a Quincey: ¿Cuanta azúcar hay en una Coca-Cola?

Jeremy Paxman presentador de la cadena BBC muestra al presidente de Coca Cola Europea James Quincey, lo que en realidad contiene de azúcar el refresco.



¿Cuantas cucharadas de azucar contiene un vaso de Coca-cola?


domingo, 7 de julio de 2013

¿Por qué hay algo en vez de nada?

Publicado por Cristian Campos

Lawrence-M.-Krauss
Imaginen el siguiente vídeo. Un hombre está sentado frente a una mesa. Encima de ella hay una caja con 100 dados. El hombre vuelca la caja y los 100 dados caen con la cara del seis boca arriba. ¿Cómo ha podido ocurrir eso?

Vamos a suponer que el vídeo no está trucado. No hay efectos ni montajes ni cortes de ningún tipo. Los dados no están cargados. El vídeo es 100% real.

No hace falta ser matemático para intuir que la probabilidad de que alguien obtenga 100 seises simultáneos al tirar 100 dados es extraordinariamente baja. A escala humana, los científicos suelen desechar este tipo de probabilidades ínfimas considerándolas nulas. Y eso aún no siéndolo en realidad: si dispusiéramos de la eternidad acabaríamos obteniendo 100 seises simultáneos con total seguridad. En un universo espacial y temporalmente infinito todo aquello que no tiene una probabilidad nula de suceder acabará sucediendo en un momento u otro. Si lo prefieren así: todo aquello que no esté prohibido por las leyes de la física acabará ocurriendo con total seguridad en un universo de estas características.

Así pues, las dos únicas explicaciones posibles para el vídeo son las siguientes:
  1. Es magia.

  2. El hombre ha volcado la caja millones de veces hasta conseguir el resultado deseado.
La primera explicación es la de la religión. La segunda, la de la razón científica.

Para entender la enormidad de las cifras que estamos manejando, rebajemos el objetivo. Saquemos 90 dados de la caja y quedémonos con tan solo diez. Aquí entramos ya en terreno amable, ¿cierto?

En realidad, no. Haría falta tirar esos dados una media de 60.466.176 veces para obtener el resultado de diez seises. A cinco segundos por tirada eso supone nueve años y medio de nuestras vidas, 24 horas al día, 365 días del año. Aunque es perfectamente posible tirar los dados durante 20, 30 o 100 años seguidos sin que aparezcan esos diez seises. Al igual que es perfectamente posible obtener el resultado deseado a la primera. Pero yo no apostaría mi dinero por ello.

Por supuesto, jamás veremos un vídeo como el descrito en el primer párrafo. Ni siquiera rebajando nuestras ambiciones a tan solo diez dados.

Sin embargo, y por extraño que pueda parecer, todos nosotros vemos a diario a nuestro alrededor algo mucho más improbable aún que los 100 seises del vídeo. Es el universo. Nuestra realidad.

A eso exactamente se refería Einstein cuando se preguntó si dios tenía otra opción al crear el universo. Y de eso habla el físico y cosmólogo estadounidense Lawrence M. Krauss en su último libro, A universe from nothing. Why there is something rather than nothing, publicado en inglés por la editorial Free Press y en español por nadie.

El título del libro de Krauss, como todo buen título de libro de divulgación científica, es autoexplicativo y no deja espacio para intrigas. Nuestro universo nació de la nada. Más concretamente, de unas leyes de la física que no permiten otra posibilidad que esa: la de un universo sin causa externa que nace espontáneamente de la nada a partir de fluctuaciones cuánticas. El término fluctuación cuántica puede parecer intimidatorio pero en realidad resulta relativamente sencillo de explicar: una fluctuación cuántica es una variación temporal en la cantidad de energía en un punto determinado del espacio.

Dicho de otra manera: a nivel cuántico, es decir a escalas microscópicas, la nada siempre produce algo aunque sea apenas durante un instante. La nada es algo muy inestable. Según la teoría cuántica del electromagnetismo, las partículas pueden surgir de esa nada siempre y cuando desaparezcan prácticamente de inmediato en una fracción de tiempo minúscula determinada por el principio de incertidumbre de Heisenberg. Esa fracción de tiempo es de hecho la más minúscula posible. Aquella por debajo de la cual ni siquiera existe tiempo.

La pregunta es ¿existían esas partículas antes de aparecer espontáneamente en nuestra realidad desde la nada?

Y cuando hablamos de partículas hablamos también de universos enteros. Esos universos, según Krauss, no tienen por qué estar vacíos sino que pueden albergar materia y energía… siempre y cuando su energía total sea igual a cero.

Y ese es precisamente el universo en el que vivimos: un universo inflacionario plano cuya energía total es cero y que ha nacido de la nada. Entendiendo nada por ausencia de espacio y tiempo.

Pero descubrir que nuestro universo nació de la nada y que toda la materia y la energía que alberga surgieron de un minúsculo desequilibrio entre materia y antimateria durante los primeros instantes del Big Bang solo hace retroceder un paso la pregunta clave. Si las leyes de la física dicen que la nada siempre produce algo, es decir si la nada alberga la potencialidad de la existencia, ¿de dónde salen esas leyes de la física? ¿No es la potencialidad de existencia algo en sí mismo?

Y esa es la pregunta que se hacía Einstein. ¿Son las leyes de la física únicas y eternas para toda la realidad? ¿O son ambientales y cambian de universo a universo? En otras palabras, ¿son las leyes de la física accidentales? ¿Hay otras opciones posibles más allá de las leyes que gobiernan nuestro universo? Como dice Krauss en el libro, ¿por qué es la gravedad mucho más débil que el resto de fuerzas que gobiernan nuestro universo? 

¿Podría ser un poco más fuerte o más débil de lo que lo es? ¿Por qué es el protón 2000 veces más pesado que el electrón y no 10.000, 100.000 o 23?

Y aquí es donde liga el libro de Krauss con el ejemplo del vídeo: si algo tan improbable como la existencia de inteligencia en un universo apto para la vida ha ocurrido, y nosotros somos la prueba de ello, solo caben dos explicaciones:
  1. Es magia (dios).

  2. Existen decenas de miles de millones de universos paralelos con leyes físicas propias. Leyes ambientales y accidentales que gobiernan la energía y la materia y cuyos valores varían de un universo a otro.
Así pues, es muy probable que nuestra realidad no esté formada por un único universo sino por un multiverso infinito en el que cada uno de los universos que lo componen cuenta con sus propias leyes físicas. En alguno de esos universos la vida es imposible. En otros es tan viable que esta florece de inmediato en todos aquellos planetas que reúnen unas laxas condiciones mínimas. En otros, sus particulares leyes de la física provocan que el universo colapse sobre sí mismo nada más nacer. Otros están destinados a quedar vacíos de materia o de energía con el transcurso del tiempo. Infinitos, eternos y muertos.

Este último universo es precisamente el nuestro. Un universo sin sentido ni objetivo ni trascendencia que existe por la única razón de que sería imposible que no existiera.

Rosette-nebula

Como dice Krauss en A universe from nothing, el problema del concepto de creación es que este parece requerir un agente externo primigenio. El mago del vídeo. Dios. Una solución que nos parece absurda en el ejemplo de los dados pero que aceptamos con relativa normalidad en el caso de todo lo que nos rodea. Lo lógico es pensar que si dios ha sido capaz de crear un universo también lo será de lograr que 100 dados caigan con la cara del seis boca arriba, ¿cierto? Sin embargo, la explicación que no admitiríamos jamás para un suceso banal como el de una tirada de dados nos sirve para explicar la enormidad de la realidad.

Pero esa es tan solo una de las incongruencias intelectuales que surgen espontáneamente cuando se confronta la religión con la realidad. Hay muchas más.

Por supuesto, dios es en este caso tan solo el truco de magia con el que los creyentes detienen la regresión infinita de la pregunta original en un momento aleatorio del proceso de la creación. Un momento aleatorio que, casualmente, ha coincidido a lo largo de la historia del ser humano con los límites de la ciencia en ese punto determinado de la historia. Con la barrera coyuntural del momento. Una posición ventajista la de andar a remolque de las limitaciones momentáneas de tu rival, ¿no es cierto?

Me explico.

Hace cientos de años esa barrera coyuntural era la del origen de la materia. ¿De dónde salía toda la materia que vemos a nuestro alrededor: los planetas, las estrellas, las galaxias? La ciencia no podía dar respuesta a eso y las religiones ocuparon el hueco alegando que “dios es el creador de todo lo que vemos”. Esas religiones estaban hablando de un dios de la materia, un dios mundano, un mero orfebre de partículas. Bien, eso es falso: nuestro universo y todo lo que este contiene surgieron muy probablemente de la nada. La ciencia ha saltado ya la barrera del origen de la materia… y la religión ha respondido retrocediendo un paso hasta las leyes físicas que gobiernan esa nada.

Ahora las religiones dicen: “Dios es el creador de las leyes físicas que conducen a la creación de algo a partir de la nada”. Y si mañana la ciencia descubriera o tuviera meros indicios racionales de la existencia de una verdad física subyacente que pudiera dar origen a las leyes de la física tal y como las conocemos, la religión volvería a retroceder otro paso para defender con toda la vehemencia de la que fuera capaz la idea de que dios es el creador de esa verdad física subyacente a las leyes de la física.

Por supuesto, la ciencia no puede afirmar que dios no existe de la misma manera que no puede negar la existencia de los wookies en un universo paralelo. Todo el que ha tenido novia sabe lo difícil que es demostrar que algo no ha ocurrido.

El contraargumento de la ciencia es obvio. Si dios es el origen de todo, ¿quién creó a dios? ¿Por qué debemos aceptar la idea de un mago todopoderoso y primigenio situado fuera de la realidad del espacio y del tiempo y no la idea de unas leyes de la física eternas e inmutables (o mutables de universo a universo a partir de una realidad física subyacente)?

Hay algo lamentable en toda esta martingala de la religión que Krauss explica perfectamente en su libro. Dentro de miles de millones de años, todas las galaxias que no formen parte de nuestro clúster (un clúster es una agrupación de galaxias) se habrán alejado de nosotros a una velocidad mayor que la de la luz. “Ah, pero nada puede viajar a una velocidad mayor que la de la luz”, dirán ustedes. Mec. Error. Esa frase es incorrecta tal y como está escrita. La frase correcta es “nada puede viajar en el espacio a mayor velocidad que la de la luz”. El espacio mismo sí puede. Y de hecho lo está haciendo en estos momentos.

Así que dentro de dos billones de años las galaxias que no formen parte de nuestro clúster de galaxias se habrán alejado tanto de nosotros que la longitud de onda de su luz será igual a la del tamaño del universo visible. En castellano: esas galaxias serán invisibles para el observador y nada que ocurra en ellas, por cataclísmico que sea, tendrá la más mínima oportunidad de dejar un rastro visible para nosotros. Los futuros habitantes de nuestra galaxia no tendrán ninguna prueba de la existencia de esas 400.000 millones de galaxias que nosotros sí podemos ver en estos momentos.

Es decir, y aquí viene lo importante: los futuros habitantes de nuestra galaxia no tendrán ninguna prueba de la existencia del Big Bang. No sabrán de la expansión del universo, ni del fondo de radiación cósmica, ni de la concordancia entre la cantidad de elementos ligeros (helio, hidrógeno y litio) de nuestro universo y la que sería predecible tras un suceso como el del Big Bang. Y esas son exactamente las tres razones por las que nosotros sabemos que nuestro universo tuvo un origen y que ese origen fue el Big Bang.

Véanlo así: los seres humanos del siglo XXI disfrutamos del privilegio cósmico de vivir en el único momento de la historia de nuestro universo en el que podemos tener pruebas fehacientes de que dicho universo tuvo un origen, de que ese origen fue el Big Bang y de que ese Big Bang surgió de la nada. Los habitantes futuros de nuestra galaxia podrán intuir que el universo tuvo un origen, pero no tendrán pruebas definitivas de ello, sino meramente circunstanciales.

Y eso quiere decir que esos habitantes futuros de nuestra galaxia estarán vendidos frente a la religión. Es probable que en el futuro sigan existiendo ateos, pero su posición será sensiblemente más débil que la nuestra y mucho más difícil de defender a partir de la razón científica.

Obviamente, cuando hablo de “el único momento de la historia” estoy hablando de un lapso de tiempo enorme a escala humana (aunque minúsculo a escala cósmica). A dicha escala cósmica, el Big Bang es tan reciente que casi podría decirse que quema. Acaba de suceder. Así que sabemos lo que sabemos porque nuestro universo es todavía muy joven y todo lo que alberga en su interior está aún lo suficientemente cercano a nosotros como para que podamos ver cómo se aleja.

De hecho, es bastante probable que a la vida en la tierra le de tiempo a extinguirse y florecer unas cuantas veces antes de que ese lapso temporal llegue a su fin.

Aún y así, es lamentable comprobar como el ser humano, frente a la posibilidad histórica y ciertamente excepcional del conocimiento total, sigue refugiándose en la superstición, la credulidad y la especulación de la religión… y la filosofía, esa metafísica con pretensiones que algunos aún se empeñan en mantener en un compartimento estanco alejado de los mitos y fábulas de la fe. Son esos mismos pervertidos intelectuales que se escandalizan cuando los beatos del PP les meten cucharadas de religión a los niños en la escuela pero que gozan patéticamente con la idea de inyectarles a los pobres críos filosofía en vena. ¡Pero si ambas son la misma sandez! ¿Es que no lo ven?

Adaptando a Krauss, les reto a que mencionen una sola brizna de conocimiento que hayan aportado la religión o la filosofía al ser humano a lo largo de la historia. Con dos condiciones:
  1. Ese conocimiento ha de ser verdadero, es decir susceptible de ser confirmado en nuestra realidad física.

  2. Ese conocimiento ha de ser exclusivo de esas dos disciplinas. Es decir que a ese conocimiento no debe poder llegarse por ninguna otra vía o disciplina intelectual y muy especialmente por la vía científica.
Van a pasar un mal rato intentando dar con esa brizna. Porque esa brizna no existe. Y si existe ha dejado hace tiempo de ser religión o filosofía para pasar a ser ciencia. La filosofía y la religión son dos gigantescos pozos de mentiras, de especulación y de charlatanería. Dos variantes especialmente ridículas de la metafísica y el espiritismo, respectivamente. Carne de Cuarto Milenio.

Lo repito: no es de extrañar que en las librerías la sección de autoayuda se encuentre siempre al lado de las de religión y filosofía. Lo extraño es que no estén las tres al lado de la de cuentos infantiles.

Mejor se dejan de gilipolleces y se compran el libro de Krauss.
agujero-negro


VIDEO:

Un universo desde la nada por Lawrence Krauss AAI 2009

Lawrence Krauss da una charla sobre nuestro actual panorama del universo, cómo éste terminará y sobre todo cómo es que se produjo desde la nada. Krauss es autor de muchos libros best seller sobre física y cosmología, incluyendo "Física de Star Trek."

Books by Lawrence Krauss:
http://www.amazon.com/Lawrence-M.-Kra...


domingo, 7 de abril de 2013

La metamorfosis de los dioses en enfermedades

¿Somos una sociedad enferma? Acaso porque los dioses que antes fluían por nuestra mente mitológica hoy son obstruidos por nuestra mente civilizada y científica, la cual promete domar el instinto pero no lo logra del todo.

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“Los que eran dioses se han convertido en enfermedades”, Carl Jung

Somos una sociedad enferma. O, ¿en realidad somos una sociedad enferma? La diferencia estriba en los matices y en la posibilidad de que nuestras “enfermedades”, en muchos casos, estén siendo exageradas (y hasta inventadas) por la industria farmacéutica para seguir produciendo ganancias multimillonarias. Y, más que la industria farmacéutica, en que nosotros mismos estemos confundiendo procesos naturales de integración psíquica con enfermedades que debemos  repeler.

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Existen diversos factores  que contribuyen a la creación de una “sociedad enferma” que necesita sanarse tomando pastillas. El más evidente es la concepción de la salud como negocio –uno de los más grandes del mundo. Podemos pensar que este es el factor determinante de por qué en Estados Unidos casi la mitad de la población toma un fármaco de prescripción y el 25% de las mujeres toma un antidepresivo (cuando estos apenas logran vencer, si acaso, al placebo y claramente son superados por la terapia: según pruebas clínicas hablar es 20% más efectivo para superar la depresión que uno de estos fármacos). Estamos siendo manipulados por las grandes farmacéuticas a consumir productos que no necesitamos y que, como drogas que son, nos hacen, después necesitarlos –de paso creando una serie de efectos colaterales que a su vez son tratados con otros fármacos ad nauseam infinitum. Hay algo de cierto en esto, no hay duda.  

Pero existen otro factores, quizás más profundos, que contribuyen a que nos sobremediquemos, a que pensemos que en una pastilla está nuestra salvación y a que vivamos enfermizamente.

No sólo es la industria farmacéutica la que nos hace, paradójicamente, bajar nuestra defensas y aceptar con tanta facilidad tomar un medicamento para tratar un supuesto malestar. Es también la industria del entretenimiento que proyecta imágenes a la mente colectiva de lo que debemos ser la que nos acaba haciendo querer comprar una pastilla para tratar una condición –tal vez no tener los músculos que tiene una celebridad [1] o no ser tan felices como aquellas personas que sonríen en los comerciales y tienen un rostro bello y envidiable como resultado de esa felicidad. Es también, de manera conjunta con la sociedad del espectáculo y la cultura de las celebridades, el sistema económico basado en el consumo lo que nos dota de la ligereza característica de un buen pill popper (un consumidor de pastillas). Seamos conscientes de ello o no, en la actualidad la oferta de innumerables productos a la que estamos expuestos nos hace pensar que el remedio o la solución de nuestros problemas es algo que podemos comprar, algo que está haya afuera, siempre a un click de distancia (si es que tenemos una tarjeta de crédito) o en el mall más cercano.


Quizás más que enfermedades como la depresión o el déficit de atención, la enfermedad de nuestros tiempos sea esta: el creer que estamos enfermos, que nos falta algo. Para sustentar el crecimiento económico del capitalismo es indispensable una cierta insatisfacción –y una noción o creencia de que nuestra insatisfacción puede ser saciada si adquirimos el producto correcto o visitamos al especialista indicado. Son muchos los factores que contribuyen a generar esa insatisfacción –ennumerarlos nos desviaría más aún del tema. No es la intención principal de este artículo entrar en el tema de la conspiración y si existe o no una agenda y un plan coordinado para hacernos desear aquello que no tenemos, pero que se proyecta como lo deseable, según un paradigma existencial –¿están coludidas las farmacéuticas, con los medios, con el gobierno para enajenarte de tal forma que reacciones comprando más productos y abraces el estilo de vida sin el cual nos sería inconcebible este consumo rapaz? Lo que interesa aquí es analizar lo que sucede con la psique que se asume o se autoproduce como una entidad enferma, y que debe tratar su enfermedad a través de objetos de consumo: introducir agentes externos como mecanismo fundamental para sanarse (las pastillas tienen algo de mesiánico).

Los que eran dioses se han convertido en enfermedades, en esta frase de Jung se encapsula, creo, buena parte de lo que nos sucede en la actualidad como sociedad enferma. Algunas personas consideran que la proliferación de nuevas enfermedades (hoy incluso la timidez es considerada una enfermedad mental) es el resultado del avance científico –y de nuestra capacidad de detectarlas– del incremento de elementos tóxicos en nuestro ecosistema o de la corrupción sociocultural a la que supuestamente estamos sometidos. A mi me parece que el hecho de que existan tantas enfermedades –además de la obvia explicación mercantilista– tiene que ver sobre todo con una forma de ver el mundo, una perspectiva que hace que aquello que antes era aceptado como una influencia a la cual estaba sometido el hombre como parte de la naturaleza sea ahora considerado como algo indeseable y patológico (consideramos ya al mismo pathos, a la pasión, como algo que deriva en enfermedad). Podemos pensar en estas influencias como dioses, como arquetipos de la mente, como fuerzas de la naturaleza o incluso como emociones primarias (de la misma manera que Eros es el amor y es un dios o Pan es el pánico y es un dios). Siguiendo con Jung, habría que considerar que el inconsciente es la parte mayor (y dominante) de la mente: estos dioses (que son en el fondo una historia psíquica que nos moldea) siguen habitándonos. El no reconocerlos o el intentar exorcizarlos hace que se manifiesten como enfermedades.

En su ensayo La Locura Que Viene de las Ninfas, Roberto Calasso explora cómo la posesión, de ser para los griegos un hecho natural y en algunos casos altamente deseable, pasó a ser, para el hombre moderno, algo a lo que había que rehuir: una enfermedad, generalmente una de las tantas manifestaciones de la locura. La posesión entendida no necesariamente como el evento extraordinario de una posesión demoniaca o un trance místico, sino como el hecho casi cotidiano de ser poseído por algo: como puede ser la alegría, la ira, la pasión erótica. La circulación de una energía que no sólo se encuentra dentro de nosotros sino también en el mundo. Calasso explica que con la llegada de la mentalidad apolínea, estas posesiones-pasiones fueron reguladas, bajo la sombra métrica de Apolo. Y actualmente no queremos mirar el contenido de nuestra sombra. Todo aquello que nos produce una sensación desagradable, todo lo “negativo”, debe de ser desechado rápidamente –tan rápido como tarda tomar una pastilla.

¿Por qué no dejarse poseer por la tristeza cuando esta llega? ¿Por que no sentir la ira en toda su feroz desmesura cuando esta se presenta (como le sucedió a Aquiles)? Y sobre todo, ¿por qué no sentir la locura que viene de las ninfas, si somos tan afortunados de que esta se manifieste? Acaso porque somos una sociedad civilizada, que ha domado y sofisticado su instinto ¿Pero no es ese instinto precisamente lo que nos hace humanos en principio? Lo animal, sí, pero también el ánima, lo que anima y enciende el mundo, el espíritu.

La enfermedad es generalmente el resultado de un proceso psíquico que se ha bloqueado (coloquialmente podríamos decir “traes un dios atorado”). En muchos casos la enfermedad sólo es enfermedad porque no se deja ser –el agua debe de fluir porque de otra forma engendra pestilencia.

Este es el caso evidente de la neurosis; el instinto sexual, el líbido se convierte en una afectación mental solamente porque se reprime (en otras palabras si nos dejáramos poseer, prontamente estaríamos relajados: acaso disfrutando de la estela brillante que deja Eros en nosotros). (Esta posesión del instinto sexual no significa una violencia, significa sentir la energía sexual con la cual nos encontramos en ese momento: algo que perfectamente puede hacerse respirando el aire, contemplando un árbol y sintiendo nuestro cuerpo).

Estas enfermedades que medicamos para no sentirlas, son también lo que nos libera, lo que nos hace, al menos en el momento de su posesión, dioses.

En el Fedro, nos recuerda Calasso, Sócrates señala que a través del “justo delirar[2] se puede alcanzar la liberación de los males. Y que la manía –que hoy siempre connota una enfermedad– es más bella que la sophrosyne, la mesura. Esto es porque “la manía nace del dios” mientras que la sophrosyne “nace entre hombres”. Literalmente estamos “medicando” –mesurando– aquello que nace de los dioses en nosotros.

Twitter del autor: @alepholo

Fuente: Pijamasurf

[1]  Sobre las celebridades escribe Calasso: “habría que decidirnos un día a entender que las stars son astros, al igual que Andrómeda y las Pléyades y muchas otras figuras de la mitología clásica. Sólo si se reconoce este cómun origen astral y fantasmal, se podrá llegar a comprender cuáles son las diferencias –y las distancias también ellas estelares– entre Sunset Boulevard y el Olimpo”. Una nueva transmigración de los dioses. Esas apariciones de Apolo o de Atenea en el campo de  batalla  –teofanías, y también manifestaciones externas de la psique– son hoy las apariciones de las estrellas de cine en nuestras vidas (la diferencia de si estas ocurren en una ficción o en la vida real es menos significante que la aparición misma que se registra en nuestra psique: una pálida posesión. “Las películas ha robado nuestros sueños”, dijo F. Scott Fitzgerald; las celebridades, como los dioses, también nos poseen al invadir nuestros sueños).

[2] ¿Es un delirio creer que someternos de nuevo a la influencia de estas divinidades mentales, es lo que nos puede sanar como sociedad? Quizás. Es aventurado recetar un tratamiento colectivo, una especie de droga psicodélica etérea para las masas como quería Tim Leary.  Pero al menos en un plano individual, que es lo primero, sino lo único a lo que debemos aspirar, me parece vitalmente interesante dejarse poseer por los instinitos que aparecen en los versos homéricos y en los vedánticos como deidades.  El argumento es el siguiente, si, como considera la filosofía védica, el yo es una fabricación (ahamakara) del Sí (el Atman) que nos imprime la ilusión de tener una identidad aislada del mundo, entonces  estas emociones (enfermedades: dioses) tienen potestad sobre nosotros, usan nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso para sentir(se). Nos poseen, no como un acto abominable y violatorio, sino porque justamente esos somos: vehículos para ser poseídos por las fuerzas del cosmos. Y dentro de la alucinación de ser yo, la máxima realidad a la que podemos aspirar es a sentir, a ser sobrecogidos por una pasión: y al sentirla convertirnos en ella, una corriente divina. Tal vez debamos de enfermarnos de estos dioses obstruidos en nuestro organismo, para que aquello que hirió luego cure: completando el proceso de alquimia.

Vídeos:


Rafael Borràs: "Hay que recuperar el respeto a los medicamentos"

Rafael Borràs es un farmacéutico que conoce bien el sector, dado que viene de familia muy ligada al mundo farmacéutico, y director del Observatorio de Medicamentos de Abuso, ahora integrado también en Antares Consulting, donde han elaborado últimamente algunos estudios realmente interesantes sobre la situación de la oficina de farmacia española.

En la entrevista se tocan temas de actualidad, el uso de antibióticos, el abuso de psicofármacos, la venta por Internet...

Me gusta la última frase: "hay que abogar por recuperar el respeto a los fármacos por parte de la sociedad".

Spot publicitario para prevenir el abuso de medicamentos

Spot producido por SAWIA para el Estudio de publicidad Arrontes & Barrera.


Para la campaña de la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias con objeto de prevenir el abuso de consumo de medicamentos.




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