El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

“Ahora para encontrar trabajo hace falta un máster. ¿Qué será lo próximo? ¿El Nobel? Entrevista al educador Ken Robinson

Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

Historia del Universo

Diagrama representativo de la historia del universo.

Para todas las mentes curiosas

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Tabla Periódica de los elementos.

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Moléculas y el espacio

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martes, 15 de enero de 2019

La gente que menos sabe sobreciencia más se opone a ella, pero es la que más cree saber

LA GENTE NO SABE
Los resultados de un estudio publicado en la revista Nature Human Behavior no debería sorprender a aquellos familiarizados con la ciencia: las personas con opiniones más extremas en contra de la ciencia son los que menos saben, pero paradójicamente son los más creen saber.

De acuerdo a la investigación realizada por un grupo de universidades en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, las personas a menudo sufren de algo llamado la “ilusión de conocimiento”. El ejemplo más claro se puede observar en la opinión que ciertas personas tienen sobre los alimentos modificados genéticamente (GMO). Mientras más se oponen, menos conocen.

No saben que no saben

El estudio analizó las respuestas de más de 2,000 adultos estadounidenses y europeos qué opinaban sobre los alimentos trasngénicos. También les preguntaron cuánto creían entender sobre los alimentos transgénicos, y una serie de 15 preguntas verdaderas y falsas para evaluar cuánto realmente sabían acerca de la genética y la ciencia en general.

Los investigadores descubrieron que los oponentes extremos de los alimentos GMO son los que menos saben sobre el tema, pero creen que son los que más saben. "Cuanto menos saben las personas, más se oponen al consenso científico", dijeron los autores en el estudio. "Los comunicadores de la ciencia han hecho esfuerzos concertados para educar al público con miras a alinear sus actitudes con los expertos".

Sin embargo, las personas con un sentido exagerado de lo que realmente saben, y la mayoría de quienes necesitan educación, también son las que tienen menos probabilidades de estar abiertas a la nueva información. Lamentablemente.

Las opiniones extremas a menudo vienen acompañadas de no apreciar la complejidad del tema: "no saber cuánto hay que saber", dice Philip Fernbach, autor principal del estudio y profesor de Marketing en la Universidad de Colorado Boulder. "Las personas que no saben mucho piensan que saben mucho, y esa es la base de sus opiniones extremas", añade.

Un patrón que se repite

Los hallazgos se mantuvieron en todos los niveles educativos y para personas de los dos espectros políticos. Los transgénicos no son un problema partidista, dijo Fernbach. “Las personas de derecha e izquierda odian los GMO”, aunque la mayoría de los científicos consideran que estos alimentos son tan seguros para el consumo humano, como los que se cultivan convencionalmente

"La ingeniería genética es una de las tecnologías más importantes que realmente está cambiando el mundo de una manera dramática y tiene el potencial de tener enormes beneficios para los seres humanos", dijo Fernbach. "Y sin embargo hay una oposición muy fuerte", se lamentó.

Los autores también exploraron otros temas como la terapia génica para corregir trastornos genéticos y la negación del cambio climático causada por el hombre. Encontraron los mismos efectos para la terapia génica, pero no para la negación del cambio climático.

Fernbach plantea la hipótesis de que el cambio climático se ha polarizado tanto políticamente que las personas se suscriben a lo que diga su grupo ideológico, independientemente de cuánto creen que saben. Sería interesante estudiar esa relación con otros campos de las ciencias y las pseudociencias.

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.

Vídeo:

La ilusión del conocimiento | Luis Losinno | TEDxRioCuarto

Luis nos invita a cuestionar nuestro conocimiento, a preguntarnos cómo percibimos y construimos la realidad. ¿Sabemos realmente todo lo que creemos saber o es una mera ilusión? ¿Podemos confiar en eso que sabemos? Preguntas para reflexionar en torno a nuestras creencias. Luis es doctor en ciencias veterinarias especializado en equinos. Profesor y consultor en distintas universidades alrededor del mundo, siempre está dispuesto a enfrentarse a sus propias ideas.


domingo, 30 de diciembre de 2018

Clair Patterson, de la edad de la Tierra a la guerra del plomo

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El mundo precisa de nuevos Clair Cameron Patterson, eminente geoquímico que no solo logró datar la fecha del nacimiento de la Tierra y el Sistema Solar, sino que puso la primera piedra para demostrar que la salud es más importante que el dinero.


¿SABES QUE TIENE QUE VER LA EDAD DE LA TIERRA CON LA TOXICIDAD DEL PLOMO?

Ambos se unen en la figura de Clair Cameron Patterson, eminente Geoquímico que no solo logró datar la fecha del nacimiento de la Tierra y el Sistema Solar, sino que puso la primera piedra para demostrar que la salud es más importante que el dinero.

Patterson logro datar la edad de nuestro planeta, unos 4,550 millones de años, a través del estudio de la transformación a lo largo del tiempo del uranio en plomo.

Tras la publicación en 1953 de los resultados de este estudio recibió el reconocimiento mundial y propuestas de ayuda financiera para profundizar en sus experimentos. Pero en ese proceso descubrió una realidad aterradora. Encontró que en los últimos cien años las concentraciones de plomo ambiental se habían duplicado por mil.

No le costó demasiado tiempo deducir las razones por las cuales la presencia de plomo se había disparado: el alto uso del plomo por su bajo coste, su facilidad de uso, su maleabilidad, lo habían convertido en un elemento de uso común en tuberías, en pinturas, en el sellado de las latas de conservas, en los tanques de agua, en los pesticidas, en los tubos dentífricos y en en muchos objetos de uso cotidiano, pero sobre todo por su uso en la gasolina de los motores de combustión cara a evitar la trepidación de los motores.

Patterson era perfecto conocedor de los devastadores efectos que poseía el plomo en la salud humana y por ello en 1963 público los resultados de su investigación sobre el plomo ambiental en un artículo firmado en colaboración con uno de sus mejores alumnos, poniendo su propio nombre en segundo lugar. Ello le acarreo graves consecuencias, dejó de recibir financiación de las grandes empresas, especialmente las petroleras, que presionaron a la Universidad de Pasadena para que fuera despedido. Incluso el Servicio de Salud de Estados Unidos cuestionó su trabajo.

La empresa automovilística contrató sus propios científicos y médicos para echar por tierra los estudios de Patterson, pero su perseverancia y metodología científica hicieron posible que el potente neurotóxico comenzara a desaparecer de la vida del ser humano. Le costó todo su prestigio y muchos años de lucha en contra del sector empresarial. Afortunadamente las evidencias y los estudios de Patterson por todo el mundo, convencieron a la Agencia de Protección del Medio Ambiente, que en 1973 dictaminó a su favor, determinando la reducción progresiva del plomo en los combustibles completada en 1986.

Desgraciadamente hoy día Patterson es un desconocido para el gran público ya que las grandes empresas y su poder lograron ocultar su talla intelectual, su moralidad y, sobre todo, su valía científica.

Para ver sobre la toxicidad del plomo ver:
http://cort.as/-ALun, Intoxicación por plomo y salud, Organización Mundial de la Salud.
http://cort.as/-ALvB, Saturnismo o plumbosis, Wikipedia.
http://cort.as/-ALvU, Intoxicación con plomo, Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU.

Vídeo:

Cosmos: 7- Tiempo antes del tiempo:

La tempestuosa juventud de la Tierra borró todas las huellas de sus orígenes. Para determinar la verdadera edad de la Tierra, el geoquímico Clair Patterson desarrolló el método de datación por uranio-plomo para hacer un descubrimiento-calcular la edad de 4,5 millones de años de la Tierra sin precedentes. 

Pero descubrimientos innovadores de Patterson apenas comenzaban. Patterson hizo su misión para llamar la atención del público a los efectos perjudiciales de plomo en el medio ambiente y dedicado su carrera a la lucha contra la industria petrolera y química, con el tiempo lograr la victoria más grande del siglo 20 de la salud pública.




sábado, 3 de noviembre de 2018

¿POR QUÉ SOMOS TAN CURIOSOS?

de Cristina Saez · en ES, La Vanguardia
Dicen que mató al gato. Y cierto es que este dicho popular entraña mucha verdad. Pero la biología humana es un equilibrio continuo entre ventajas y desventajas. Y en nuestro caso, la curiosidad es la llave que nos permite aprender toda la vida. Gracias a ella hemos llegado a la luna, hallado nuevos tratamientos para el cáncer y viajado hasta los confines del planeta. Y, seguramente, hace millones de años nos hizo salir de África y conquistar el mundo.
CURIOSIDAD
(Reportaje publicado el 6 de diciembre de 2014 en el suplemento Estilos de vida, de La Vanguardia)
https://cristinasaez.files.wordpress.com/2014/12/0612-curiosidad-2.pdf
Léelo en PDF: El gusanillo que no cesa

També pots llegir la versió en català de l’article: El cuc que no cessa

O en texto seguido (esta versión varía un poco de la publicada, que está editada)

Reconózcanlo. Han leído el título de este artículo y les ha picado el gusanillo. Y no es porque este reportaje sea trascendental, ni les vaya a cambiar la vida. Lo cierto es que su decisión, estimados lectores, ha tenido mucho de irracional y de inevitable: sus cerebros están cableados de serie para que sean ustedes unos curiosos empedernidos. Y esa voracidad por saber es lo que los ha empujado a estar ahora mismo embarcados en esta lectura.

Confiesen, ¿no se han preguntado nunca por qué los insectos van irremediablemente hacia la luz? ¿O de dónde salen esas borlas de pelusa que aparecen debajo de la cama? ¿Y la arena de la playa, que viene y va? ¿Por qué nosotros, los humanos, no tenemos pelo en el cuerpo y los primates, nuestros parientes más cercanos, son superpeludos? O ¿cómo es que la luna parece cambiar de tamaño y el arco iris tiene forma de arco? ¿Hablarán los perros? ¿A qué se debe la forma de las nubes? ¿Se dan cuenta? Preguntas y más preguntas. ¿Qué pasa en nuestro cerebro que nos hace ser tan inquisitivos?

Para Luis M. Martínez, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante (CSIC-UMH) la respuesta es clara: “No tenemos otra opción que la de ser curiosos, porque esa es la forma en que funciona nuestro cerebro. Nos encanta saber las respuestas a las cosas, incluso aunque a veces no supongan beneficio alguno”.

Eso es cierto. Esa necesidad constante de saber nos empuja a hacer cosas tan poco productivas como leer sobre personas que ni siquiera conocemos (¿Realmente les importa si Tom Cruise tiene un romance con Miranda Kerr?); visitar y explorar lugares a los que nunca volveremos –somos los únicos animales que hacemos turismo-; o aprender a hacer sketchbooking, a hablar esperanto o a jugar a cricket, aunque ninguna sea una habilidad directamente útil para nuestra supervivencia.

Pero esa manía nuestra inquisitoria es también lo que nos ha llevado a la luna, a dar la vuelta al planeta, a desarrollar antibióticos, a hallar la tumba de Tutankamón, a escribir novelas, a indagar en la historia, a construir un acelerador de partículas, a descubrir los rayos X, a redactar artículos como éste, a formular la teoría de la relatividad. Y hablando de relatividad, decía el físico Albert Einstein que él no poseía ningún talento especial, tan sólo una curiosidad insaciable y alentaba a todo el mundo a no dejar jamás de hacerse preguntas. Porque ese es el motor del progreso de la humanidad. Y, en definitiva, uno de los ingredientes principales -o tal vez el principal-, que ha hecho que hoy hayamos llegado hasta aquí.

¿Cosa de humanos?

La curiosidad no es sólo patrimonio humano, aunque, eso sí, “somos la especie más curiosa del reino animal. Y eso es, precisamente, lo que nos hace únicos”, considera el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, codirector de las excavaciones en la Sierra de Atapuerca, que apostilla que en el fondo tiene que ver con nuestra necesidad y también capacidad de aprender constantemente, durante toda la vida.

“Los animales de cachorros, sobre todo los mamíferos, son muy juguetones y eso permite el aprendizaje. Se pasan el día explorando, como nuestros niños, probando las destrezas que luego van a necesitar de adultos. Pero una vez conocen las reglas del juego, su entorno, pierden esa curiosidad”, explica este experto en evolución humana, que puntualiza que los animales domésticos son un caso un poco excepcional porque están ‘infantilizados’ (Ver despiece).

Y es que tiene que ser así. Porque, como reza el dicho popular, la curiosidad mató al gato. Luis Martínez, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, cuenta que los córvidos, los llamados pájaros de “mal agüero”, como los cuervos, los grajos o las urracas, de polluelos son unos cotillas temerarios. Sólo en el momento en el que han aprendido lo suficiente sobre el entorno en que viven, su cerebro desactiva esta capacidad. Off.

“Cuando estos pájaros son jóvenes no saben con qué pueden alimentarse y se tienen que arriesgar; pero una vez lo conocen, dejan de probar cosas nuevas, porque se pueden por ejemplo intoxicar y morir. Lo mismo ocurre con otras conductas. Por eso hay una especie de fecha de caducidad para la curiosidad”, añade este experto. ¿Y qué pasa con nuestra especie? Porque somos los únicos que, de adultos, “aunque nos volvamos más serios y menos juguetones –considera Arsuaga-, mantenemos cierto grado de curiosidad infantil toda la vida”. ¿Seremos acaso kamikazes?

Tal vez un poco, aunque no es esa la razón última de que conservemos ese rasgo de nuestra infancia. Para empezar, debemos diferenciar entre la curiosidad del resto del reino animal y la nuestra, que “transciende la mera supervivencia”, opina elinvestigador ICREA del Instituto de biología evolutiva (CSIC-UPF) Tomàs Marquès, quien estudia el genoma de los grandes simios y lo compara con el humano para comprender mejor nuestra propia historia.

“Los primates son curiosos, sí, pero no se preguntan acerca de cosas abstractas, de qué hay más allá. Cuentan con un lenguaje pero dudo de que se puedan responder la pregunta del por qué de las cosas. Un rasgo propio de los humanos es que gracias a la abstracción de la palabra podemos aprovecharnos de la curiosidad de generaciones anteriores para saciar nuestra necesidad de conocimiento. Como cuando los niños pequeños nos interrogan acerca del mundo, por qué pasa esto o aquello. Y eso los grandes simios no lo pueden hacer, por falta de lenguaje verbal abstracto”, razona este investigador.

Curiosidad para aprender

Que tengamos una mente inquisitiva de por vida que nos permita interesarnos por todo aquello que nos rodea es posible porque alargamos más que ningún otro animal el periodo de infancia. Es decir, somos según una teoría formulada y probada hace más de un siglo en el campo de la biología del desarrollo, ‘neotenios’, adultos con muchas características juveniles, tanto físicas como mentales, entre ellas la curiosidad.

Alison Gopnik es una psicóloga cognitiva de la Universidad de California-Berkely muy conocida por sus estudios con bebés y ha indagado acerca de esta teoría. Para esta neurocientífica, el hecho de poder disponer de un período muy extenso de vida como es la niñez en que nuestros padres cuidan de nuestras necesidades de supervivencia nos permite mecanismos de aprendizaje más poderosos y eso, a su vez, nos ayuda a crear modelos mentales consistentes del mundo que nos rodea. De alguna manera, es como si tuviéramos un bonus extra de tiempo en un laboratorio para testear la vida antes de salir a jugar de verdad la partida.

A diferencia de los animales, señala Gopnik, que juegan practicando habilidades básicas como cazar o luchar, los niños se divierten creando escenarios posibles con reglas artificiales en que van testeando hipótesis. “Durante la infancia construimos el cerebro y la maquina cognitiva que necesitamos para explorar el mundo”, considera esta investigadora.

Para Luis Martínez, del IN, “si no fuéramos curiosos, no podríamos acumular la información que necesita el cerebro sobre probabilidades de que un determinado suceso ocurra. Y entonces, nos sería francamente complicado sobrevivir”.

Y para alentarnos a acumular conocimiento, la evolución nos ha dotado de un mecanismo muy útil, el placer. De la misma manera que ocurre con otras conductas que garantizan nuestra supervivencia, como comer, relacionarnos con los demás o el sexo, básico para la reproducción, resulta que satisfacer una curiosidad es gustoso, nuestro cerebro nos recompensa con un baño de dopamina, un neurotransmisor responsable de la sensación de fruición.

“Es el momento ‘¡ajá!’ o ¡Eureka!’ que te da subidón, como si hubieras ganado la lotería. Y seguramente es la misma sensación que experimentas cuando llevas días sin comer y encuentras alimento. Cualquier proceso cerebral que conduce a la supervivencia está primado con una recompensa placentera en todos los animales”, explica Martínez.

Además, se ha visto que cuanto más curiosos somos sobre un tema, más fácil es recordar información. En 2009 un equipo de investigadores la Universidad de California Caltech publicaron en la revista Neuron los resultados de un estudio acerca de la curiosidad. Hicieron un experimento con 19 estudiantes a los que sometieron a preguntas de trivial del tipo ‘¿Qué single de los Beatles se mantuvo más semanas en la lista de éxitos?’ O ‘¿Qué significa dinosaurio?’.

Tras leer cada pregunta, los estudiantes debían intentar adivinar en silencio la respuesta mientras los sometían a un escáner cerebral. Los científicos vieron que somos más curiosos cuando sabemos un poquito sobre el tema y que la curiosidad activaba varias áreas del cerebro relacionadas con el sistema de recompensas y la memoria. Los investigadores también se percataron de que si a los participantes les picaba el gusanillo, eran capaces de aprender más cosas a la vez, aunque no estuvieran en el foco de su interés.

“La curiosidad puede poner al cerebro en un estado que le permite que aprenda y que retenga cualquier tipo de información”, afirmaba Matthias Gruber, principal autor del estudio, en un comunicado de prensa de Caltech. Y ponía un ejemplo clarificador: según lo que han descubierto, si eres muy fan de Juego de Tronos o de Breaking Bad y estás viendo el episodio final, tiempo después te acordarás no sólo de lo que ocurrió, sino también de qué estabas cenando mientras lo veías y qué hiciste antes o después. Esto podría ser muy útil de cara al sistema educativo. Atraer la curiosidad de los chavales abre una ventana al aprendizaje, defiende Francisco Mora, neurocientífico y autor de “Neuroeducación. Sólo se puede aprender aquello que se ama” (Alianza Editorial, 2013).

Por qué no existe un gen de la curiosidad

De acuerdo, todos venimos de serie con un cerebro curioso, pero es cierto que hay individuos que lo son más y otros menos. Hay científicos que han tratado de buscar un sustrato genético en esa diferencia, ver si esa especie de urgencia que sentimos por saber tiene que ver con nuestro genoma y han descubierto que hay una mutación que podría tener algo que ver. 

Todos los seres humanos contamos con un gen llamado DRD4 que ayuda a controlar la dopamina, esa molécula del placer que tiene un papel esencial en el aprendizaje y en el sistema de recompensas interno del cerebro. Al parecer, existe una variante de ese gen, un alelo, el DRD4-7R, que está relacionado con una mayor predisposición hacia la inquietud intelectual. Quienes tienen esta mutación, han hallado estos estudios, son más proclives a tomar riesgos, explorar nuevos lugares, ideas, comidas, relaciones, oportunidades sexuales.

Pero hay científicos que incluso van más allá y afirman que este alelo es el responsable de que los humanos decidiéramos salir de África. Un estudio realizado en 1999 por investigadores de la Universidad de California halló que esta variación era más común en sociedades migratorias. En 2011 se realizó un nuevo estudio que confirmaba esta idea: descubrieron que este alelo junto con otro llamado 2R solían ser más comunes en aquellas poblaciones cuyos ancestros habrían migrado mayores distancias tras el éxodo africano. 

¿Quiere decir que ese alelo es el responsable de la curiosidad? “Ni mucho menos, son variantes de genes asociadas, pero en ningún caso deterministas”, matiza Marquès, que es también investigador del Centro Nacional de Análisis Genómicos (CNAG).

¿Y cómo se puede explicar, pues, que hay gente más curiosa que otra? “En general –explica el neurocientífico Martínez, del IN-, la variabilidad en cuanto a la curiosidad es como una campana de Gauss [como una U al revés]; la mayoría de población se sitúa en el centro, suele ser muy curiosa de pequeña y luego de adulto esa curiosidad remite, puesto que el cerebro ya tiene suficientes estadísticas del mundo. En el extremo izquierdo se sitúa la gente que no es para nada curiosa, que se acomoda rápidamente a cualquier información; y en el derecho aquellos que sienten una curiosidad insaciable”.

Seguramente las mentes más brillantes estén en ese último extremo, inquisitivas insaciables. Son también las más atrevidas y temerarias, las que se lanzan a explorar el mundo sin saber qué hay más allá. Aunque les cueste la vida. Pero “son los que van a hacer que la sociedad avance, evolucione, porque se van a atrever a probar cosas nuevas, a diferencia de la mayoría de la población. Desde un punto de vista evolutivo, tiene que ser así. Si nadie se hubiera atrevido en las sociedades cazadoras recolectoras a probar cosas nuevas, los recursos se hubieran acabado y todos hubieran muerto de hambre. Pero si todos se hubieran arriesgado a comer alimentos desconocidos, probablemente muchos hubieran muerto intoxicados. La naturaleza busca un cierto equilibrio, así se garantiza la supervivencia de la especie”, añade Martínez.

Eso sí, o la curiosidad se estimula de adulto o… se pierde. Cuanto más acomodemos el cerebro a un tipo de comportamiento, menos curioso va a ser. En cambio, cuanto más lo acostumbres a buscar respuestas alternativas, mayor curiosidad conservará. “Esa es una de las razones por las que la educación convencional no funciona. Porque acomoda a los niños a una única respuesta continua y los fuerza a perder la curiosidad, lamentablemente”, considera el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga.

Yin y yang

Quizás, este impulso que sentimos por explorar cuestiones para las que no tenemos respuestas es uno de los rasgos que nos definen como seres humanos. “Hay diferentes áreas en ciencia que intentan abordar la complejísima cuestión de qué define la humanidad. Y una de las cuestiones que toman en consideración es la curiosidad, aunque es sólo una hipótesis”, comenta Tomàs Marquès, del IBE.

Para Svante Pääbo, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, ubicado en Leipzig (Alemania), que, como Marquès, usa la genética para estudiar los orígenes del ser humano, la curiosidad propicia que “saltemos límites, nos adentremos en nuevos territorios, incluso cuando tenemos recursos donde estamos. Otros animales no lo hacen. E incluso hay humanos que tampoco”. De hecho, puntualiza Marquès, los neardentales estuvieron en el mundo durante cientos de miles de años pero no se expandieron. Tampoco los chimpancés.

Y en cambio nosotros conquistamos el mundo. ¿Qué nos sacó de África, nos hizo caminar por territorios desconocidos? ¿Qué nos empujó a echarnos a la mar sin saber qué había más allá? ¿O construir naves para ir a Marte? “La curiosidad ha tenido que ser un factor muy importante en nuestra evolución. No es sólo un tema de capacidad intelectual, de lenguaje, de cooperación. Para llegar hasta donde estamos, tiene que haber algo fundamental, que es que te preguntes qué hay más allá, con los peligros que comporta”, considera Marquès.

Seguramente, nuestra biología se caracteriza por una especie de yin y yang constante. Tenemos ventajas que nos cuestan compensaciones. Vivimos muchos años, pero enfermamos. Tomamos riesgos para avanzar; algunos fracasan, incluso mueren. Pero otros abren nuevos caminos y son los que hacen que la sociedad avance.

DESPIECES

Cosas de niños

“¿Por qué con unos ojos tan pequeños vemos cosas tan grandes?” le preguntó su sobrino de cuatro años al neurocientífico Luis Martínez. “Me quedé totalmente alucinado, sobre todo porque yo estudio en mi laboratorio el sistema de visión. Y el niño tenía razón, tenemos sensores en los ojos muy pequeños, como una cámara fotográfica, pero nuestro mundo es enorme. ¿Cómo se resolvía aquella paradoja?”, explica este investigador.

Junto a su equipo, comenzó a estudiar este problema hasta que a comienzos de 2014, publicaron en la revista Neuron, en portada, la respuesta a aquella curiosidad infantil. “Hemos necesitado 12 años para solventarla”, exclama Martínez. Al parecer, nuestro ojo cuenta con un “sensor”, una capa de fotorreceptores, hipersesible, capaz de captar unos 70 Gigabytes de información por segundo, el equivalente a unas siete películas en HD. Enviar todos esos datos al cerebro sería poco eficiente porque éste necesitaría demasiado tiempo para procesarlos. En su lugar, Martínez y su quipo vieron que “de los 100 megapíxeles de resolución que tiene cada ojo, se envía sólo uno”, explica el investigador que añade que “el cerebro ha encontrado la manera a través de circuitos neuronales muy preciosos de usar un algoritmo que descomprime esa información de nuevo y además la amplía”. Estos científicos hallaron el dispositivo y el algoritmo que se encargan de este proceso en el ojo del gato, donde el problema es similar al del humano. “Aún no se lo explicado a mi sobrino”, bromea Martínez.

Siempre cachorros

Curiosamente, en los animales domésticos se produce un fenómeno de infantilización similar al de los humanos. No sólo en la edad adulta conservan rasgos de cuando eran cachorrillos, sino también algunas características del carácter infantil: son más juguetones, curiosos y menos miedosos de relacionarse con humanos que un animal salvaje.

En un congreso internacional de paleontología celebrado en el Instituto Salk de Estudios Biológicos recientemente diversos estudios constataron que la domesticación de los animales hace que estos se desarrollen más lentamente. De cachorros, los perros, gatos y otras mascotas son menos miedosos y en contacto con humanos, aprender a cooperar. Prolongar este periodo de desarrollo favorece el aprendizaje crucial para la domesticación. Eso explicaría por qué presentan neotenia.

¿Vicio o virtud?

Aunque hoy en día curiosidad se considera una característica positiva que implica un interés intrínseco en el mundo, esta palabra tiene una larga historia y durante siglos fue considerada un vicio desdeñable. El físico, químico y divulgador científico Philip Ball explora en su último libro “Curiosidad. Por qué todo nos interesa” (Ed Turner Noema, 2013) a lo largo de la historia cómo ha variado este concepto. “En la Antigua Grecia y Roma, no tenía para nada una connotación positiva; era sinónimo de ser alguien entrometido, que metía la nariz en asuntos que no eran de su incumbencia. Se consideraba un defecto. Porque auqello que hacían los filósofos, como Platón o Aristóteles, de tratar de entender el mundo, no era considerado curiosidad”, explica este escritor a Estilos de Vida en una conversación telefónica.

En aquella época, la curiosidad estaba relacionada con cosas más triviales y así lo estuvo hasta el siglo XVII, momento en que el mundo, señala Ball, pasó de ser básicamente medieval a algo que ya se parecía más al mundo moderno. Fue entonces cuando los científicos comenzaron a hacer ciencia. “Empezaron a explorar cosas como la gravedad, el magnetismo, la composición del mundo. Se produjo una especie de liberación de la curiosidad, en buena medida porque el Renacimiento que vivió Occidente convirtió en aceptable empezarse a hacerse preguntas y no tratar de buscar todas las respuestas en los viejos manuscriros griegos y romanos. Se impuso una actitud de buscar respuestas a través de la experiencia directa con el mundo, que era lo que se necesitaba para que la ciencia pudiera arrancar”, considera Ball.

Esa incipiente curiosidad científica condujo al avance del conocimiento, así como al desarrollo de herramientas muy poderosas, como el telescopio y el microscopio, por ejemplo, instrumentos que ayudaban a averiguar más sobre el mundo. Un ejemplo reciente, para Ball, es el Gran colisionador de hadrones (LCH), ubicado bajo tierra en Suiza, “una máquina de descubrir […] que puede llegar a cambiar profundamente nuestra concepción del universo, prosiguiendo así con una tradición de curiosidad que es tan antigua como el propio género humano”, considera este autor, editor de la prestigiosa revista Nature durante más de 20 años.

Fuente: CRISTINA SÁEZ





Videos:

La mejor forma de aprender ciencia es utilizar tu curiosidad. Javier Santaolalla, Doctor en Física

Nadie como Javier Santaolalla para explicar el pensamiento científico, la importancia de la ciencia para la sociedad o los descubrimientos científicos que cambiaron la historia. “Todos somos físicos en potencia, pero no nos damos cuenta”, afirma este físico de partículas, divulgador y reconocido youtuber.  

Explicar cómo funciona el pensamiento científico, describir la importancia de la física para la sociedad o bucear en los enigmas históricos de la ciencia. Ese es el objetivo del físico y divulgador Javier Santaolalla en este vídeo. 

Transmitiendo su pasión absoluta por la ciencia y sus misterios, Javier consigue despertar vocaciones e inspirar a las nuevas generaciones. De forma amena y divertida, Santaolalla emprende un viaje científico para hacer comprensibles fenómenos como el Big Bang, explorar a grandes figuras como Stephen Hawking o Marie Curie; o descubrir por qué todos llevamos un científico dentro. 

Doctor en física de partículas e ingeniero de telecomunicaciones, Javier Santaolalla compagina su labor investigadora con su vocación divulgadora. Convertido en uno de los principales divulgadores científicos españoles, asegura que “el problema no es que las personas no tengan curiosidad, sino que ha habido pocos científicos que se acercaran a la gente”.

Versión completa.“Todos somos tataranietos de un científico”. Javier Santaolalla, Doctor en Física

lunes, 23 de octubre de 2017

'La era de la estupidez', las consecuencias del cambio climático

estupidez

  • Un documental que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta

  • Presentado por el actor Pete Postlethwaite

¿Cómo viviremos en el año 2055 si no revertimos el cambio climático? Una pregunta que debería preocuparnos a todos , el documental La era de la estupidez, que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta.

¿Qué pasará si desaparecen nuestras costas? ¿Si las estaciones quedan reducidas a olas de calor y de frío? ¿Si la mayor parte de agua está contaminada? Reservas de combustibles fósiles agotadas, inestabilidad meteorológica, huracanes, tifones destructores, inundaciones, sequías devastadoras...,etc.

¿Cómo viviremos dentro de 40 años cuando la situación sea irreversible? En algún momento tuvimos la oportunidad de hacer algo, pero no se hizo ...
El Londres del futuro si no lo remediamos
Protagonizado por el actor Pete Postlehwaite
Año 2055. Un archivero del futuro, el fallecido actor Pete Postlethwaite, guarda en una torre en alta mar los restos de la humanidad y empieza a ver viejo material de archivo en vídeo desde el año 2008 para entender porqué la humanidad no hizo nada para frenar los efectos del cambio climático cuando aún había margen para revertir el desastre y el colapso de la sociedad.

La Era de la Estupidez (The Age of Stupid) es un documental en clave de ficción que nos invita a reflexionar sobre cómo será la vida cuando acabemos con los recursos de la Tierra y no hayamos conseguido, aunque pudimos, parar el cambio climático.

Del director de documentales Franny Armstrong, la película se estrenó con éxito de crítica en el 2009 y fue pionera en autofinanciarse gracias al modelo de "crowdfunding".

La era de la estupidez llegó a las pantallas para intentar sacudir conciencias, sobre todo las de los responsables políticos y repasar a algunas de las “estupideces” que estamos cometiendo como especie.
El Sidney del futuro si no lo remediamos
Realista y dramática
Durante 4 años el equipo del documental grabó las historias de 7 personajes reales que se mezclan con el personaje de ficción de Pete Postlethwaite: un empresario indio que lanza una nueva aerolínea de bajo coste, un empleado de Shell en Nueva Orleans que rescató a más de 100 personas durante el huracán Katrina, un guía de montaña francés de 82 años testigo del deshielo de sus amados glaciares, dos niños refugiados iraquíes en busca de su hermano mayor, una mujer médico que vive en la pobreza extrema en el mayor área de explotación de petróleo de Nigeria y un desarrollador de parques eólicos en el Reino Unido que lucha con su familia por reducir su huella ecológica y contra los vecinos que no quieren molinos de viento junto a sus casas.

La película documental advierte en sus primeros minutos que está basada en "las predicciones de la ciencia dominante".

"Todo lo mostrado sobre el presente y el pasado son noticias reales y grabaciones de archivo". Es decir, que todo lo que vemos en este documental son predicciones hechas por los mejores científicos del planeta para las próximas dos décadas y pintan un escenario realista, dramático y apocalíptico que nos debería hacer reaccionar.
El Taj Mahal tampoco se salvará de la destrucción

Fuente: RTVE.es

Vídeo:

La era de la estupidez – Documental

La era de la estupidez (Age of stupid) es un documental dirigido por Fanny Armstrong, una documentalista británica, activista contra el cambio climático. Desde el comienzo la película advierte que lo que mostrará del futuro está basado en predicciones científicas y que lo que se verá del presente son imágenes verídicas, documentales. Tras esa advertencia la película shockea con un planeta Tierra devastado en el año 2055. Australia está en llamas. Las Vegas cubierto por la arena. El ártico es un océano fuera de control y sin hielo. Londres está bajo el agua. El Taj Mahal, en India, destruido por vaya a saber qué guerra.

En la película, el británico Pete Postlethwaite (“el mejor actor del mundo”, según Steven Spielberg), es un archivista que se encargó de preservar todo aquello que ya desapareció de la faz de la Tierra en una base elevada cientos de metros sobre el océano Ártico. En esta especie de Arca de Noé del futuro conviven embalsamados los animales que jamás volverán a caminar sobre el planeta con los documentos y piezas que registran miles de años de historia humana. Allí el archivista graba un mensaje para la posteridad, revisando imágenes documentales y periodísticas del año 2007, tratando de comprender qué hacía el hombre mientras destruía el planeta y se encaminaba hacia su final.

“No fuimos la primera forma viviente en desaparecer. Pero lo que es único es que lo hicimos sabiéndolo. ¿Qué es lo que eso dice sobre nosotros? La pregunta que me he estado haciendo es ¿por qué no nos salvamos cuando pudimos hacerlo?”, dice apesadumbrado mientras graba su video con la esperanza de que alguien, en algún lugar del espacio escuche su historia y no repita nuestros errores.




Fuente: RTVE.es

domingo, 21 de mayo de 2017

¿Por qué las mujeres tienen períodos?


La menstruación (del latín mensis, mes) es la expulsión mensual y regular del tejido endometrial en la mujer. La menstruación ocurre durante toda la vida fértil de una mujer, desde la pubertad hasta la menopausia y está asociada al sangrado vaginal. Otras denominaciones para la menstruación son periodo o regla.
La menstruación (periodo) es parte del ciclo menstrual. El ciclo menstrual comprende el período entre el día del primer sangrado hasta el día anterior a la siguiente menstruación y se repite aproximadamente cada 28 días. Es decir, aproximadamente cada cuatro semanas, se produce un sangrado menstrual. Con todo se pueden producir variaciones temporales individuales que dependen de distintos factores.

  1. Descripción:

    Un puñado de especies en la Tierra comparten un rasgo aparentemente misterioso: un ciclo menstrual. Somos uno de los pocos mamíferos en la Tierra que menstrúan, y también lo hacemos más que cualquier otro animal, a pesar de que es una pérdida de nutrientes, y puede ser un inconveniente físico. Entonces, ¿cuál es el sentido de este raro proceso biológico? TED-Ed describe la historia y evolución de la menstruación.

    Lección de TED-Ed, animación de TED-Ed.


  2. 0:07 - 0:11 Pocas especies en el planeta comparten un rasgo aparentemente misterioso:

  3. 0:11 - 0:13 un ciclo menstrual.

  4. 0:13 - 0:15 Somos uno de los pocos elegidos.

  5. 0:15 - 0:20 Monos, simios, murciélagos, humanos, y, posiblemente, musarañas elefante

  6. 0:20 - 0:23 son los únicos mamíferos terrestres que menstrúan.

  7. 0:23 - 0:25 También lo hacemos más que cualquier otro animal,

  8. 0:25 - 0:30 a pesar de ser una pérdida de nutrientes y que puede ser un inconveniente físico.

  9. 0:30 - 0:34 Entonces, ¿cuál es el sentido de este raro proceso biológico?

  10. 0:34 - 0:36 La respuesta comienza con el embarazo.

  11. 0:36 - 0:40 Durante este proceso, los recursos del cuerpo se usan hábilmente para crear

  12. 0:40 - 0:42 un entorno adecuado para el feto,

  13. 0:42 - 0:47 un refugio interno para que la madre pueda nutrir a su niño en crecimiento.

  14. 0:47 - 0:50 A este respecto, el embarazo es impresionante,

  15. 0:50 - 0:53 pero eso es solo la mitad de la historia.

  16. 0:53 - 0:58 La otra mitad revela que el embarazo pone a la madre y a su hijo en pugna.

  17. 0:58 - 1:00 Como todo ser viviente,

  18. 1:00 - 1:04 el cuerpo humano evolucionó para promover la propagación de sus genes.

  19. 1:04 - 1:07 Para la madre, significa que debe intentar abastecer igualmente

  20. 1:07 - 1:09 a toda su descendencia.

  21. 1:09 - 1:13 Pero una madre y su feto no comparten exactamente los mismos genes.

  22. 1:13 - 1:16 El feto hereda genes de su padre también

  23. 1:16 - 1:19 y esos genes pueden promocionar sus propios genes extrayendo

  24. 1:19 - 1:23 más recursos de la cuenta de su madre.

  25. 1:23 - 1:25 Este conflicto de intereses evolutivo

  26. 1:25 - 1:29 pone a la mujer y a su hijo por nacer en pie de guerra biológica

  27. 1:29 - 1:32 que ocurre dentro del útero.

  28. 1:32 - 1:35 Un factor que contribuye a esta pelea interna

  29. 1:35 - 1:39 es la placenta, el órgano fetal conectado al suministro de sangre de la madre

  30. 1:39 - 1:42 y que nutre al feto mientras crece.

  31. 1:42 - 1:48 En la mayoría de los mamíferos, está tras una barrera de células maternas.

  32. 1:48 - 1:52 Esta barrera permite el control del suministro de nutrientes al feto.

  33. 1:52 - 1:55 Pero en humanos y en otras pocas especies,

  34. 1:55 - 1:59 la placenta penetra en el sistema circulatorio de la madre

  35. 1:59 - 2:02 para acceder directamente a su torrente sanguíneo.

  36. 2:02 - 2:05 A través de la placenta, el feto bombea hormonas en las arterias de la madre

  37. 2:05 - 2:11 para abrirlas y asegurar un flujo permanente de sangre rica en nutrientes.

  38. 2:11 - 2:14 Un feto con dicho acceso sin restricciones puede fabricar hormonas

  39. 2:14 - 2:18 para aumentar el azúcar en la sangre de la madre, dilatar sus arterias,

  40. 2:18 - 2:21 y aumentar su presión arterial.

  41. 2:21 - 2:26 La mayoría de los mamíferos expulsan o reabsorben embriones, si es necesario,

  42. 2:26 - 2:29 pero en humanos, una vez que el feto se conecta al torrente sanguíneo,

  43. 2:29 - 2:33 cortar esa conexión puede resultar en hemorragia.

  44. 2:33 - 2:36 Si el feto se desarrolla mal o muere,

  45. 2:36 - 2:39 la salud de la madre está en peligro.

  46. 2:39 - 2:43 Conforme crece, el feto en busca de recursos puede provocar fatiga intensa,

  47. 2:43 - 2:45 alta presión sanguínea,

  48. 2:45 - 2:49 y enfermedades como diabetes y preeclampsia.

  49. 2:49 - 2:50 Debido a estos riesgos,

  50. 2:50 - 2:56 el embarazo es siempre una enorme, y a veces peligrosa, inversión.

  51. 2:56 - 2:59 Por eso es lógico que el cuerpo examine cuidadosamente los embriones

  52. 2:59 - 3:02 para detectar cuáles merecen el desafío.

  53. 3:02 - 3:04 Aquí entra en juego la menstruación.

  54. 3:04 - 3:07 El embarazo comienza con un proceso de implantación,

  55. 3:07 - 3:12 donde el embrión se incrusta en el endometrio que recubre el útero.

  56. 3:12 - 3:15 El endometrio evolucionó para dificultar la implantación

  57. 3:15 - 3:19 de manera que sólo los embriones sanos puedan sobrevivir.

  58. 3:19 - 3:21 Pero al hacerlo,

  59. 3:21 - 3:24 también selecciona los embriones vigorosamente más invasores,

  60. 3:24 - 3:28 creando un ciclo de retroalimentación evolutiva.

  61. 3:28 - 3:33 El embrión tiene un diálogo hormonal complejo exquisitamente sincronizado

  62. 3:33 - 3:38 que transforma el endometrio para permitir la implantación.

  63. 3:38 - 3:41 ¿Qué pasa cuando un embrión no pasa la prueba?

  64. 3:41 - 3:43 Todavía podría lograr adherirse,

  65. 3:43 - 3:46 o incluso ingresar parcialmente al endometrio.

  66. 3:46 - 3:50 Mientras muere lentamente, podría dejar a su madre vulnerable a la infección,

  67. 3:50 - 3:56 y todo el tiempo, podría emitir señales hormonales que interrumpan sus tejidos.

  68. 3:56 - 4:01 El cuerpo evita este problema simplemente eliminando cada posible riesgo.

  69. 4:01 - 4:05 Cada vez que la ovulación no termina en un embarazo saludable,

  70. 4:05 - 4:08 el útero se deshace de su revestimiento endometrial,

  71. 4:08 - 4:13 junto con óvulos no fecundados, enfermos, moribundos o embriones muertos.

  72. 4:13 - 4:16 Ese proceso de protección se conoce como menstruación,

  73. 4:16 - 4:19 y lleva al periodo.

  74. 4:19 - 4:22 Este rasgo biológico, por extraño que sea,

  75. 4:22 - 4:27 nos pone en camino para continuar la raza humana.

Vía: TED-Ed

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