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Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

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jueves, 25 de octubre de 2012

Ancestro humano andaba como hombre pero trepaba árboles

Por AFP


Hace más de tres millones de años, los ancestros de los humanos caminaban erguidos pero todavía eran capaces de trepar a los árboles como los monos, indica un estudio publicado este jueves en la revista estadounidense Science.

Expertos-explican-humanos-dejaron-arboles_PREIMA20121025_0323_38 Expertos explican que todavía no se sabe cuándo los humanos dejaron de trepar a los árboles.

WASHINGTON, Estados Unidos
Dos omoplatos extremadamente bien preservados de un homínido similar a la famosa Lucy, el primer ancestro bípedo conocido del homo sapiens que cuenta con 3.5 millones de años, muestran que esta especie continuaba también viviendo en los árboles, según un estudio publicado este jueves en Estados Unidos.

Los dos omoplatos fosilizados de una niña austrolopithecus afarensis, la especie a la que pertenece Lucy, indican por primera vez que estos homínidos estaban bien adaptados morfológicamente para trepar a las ramas.

El esqueleto completo de uno de ellos que vivió hace 3.3 millones de años, bautizado como "Selam", fue descubierto en el año 2000 en Etiopía.

"La cuestión sobre si el austropithecus cuyo primer espécimen, Lucy, fue descubierto en 1974 en Etiopía, era estrictamente bípedo o continuó evolucionando en los árboles, era objeto de debate desde hace 30 años", explica David Green, profesor de paleobiología de la Universidad Midwestern en Illinois (norte de Estados Unidos), uno de los principales autores de estos trabajos aparecidos en la edición avanzada de la revista estadounidense Science del 26 de octubre.

"Estos omoplatos fosilizados proporcionan una sólida indicación de que estos individuos continuaban trepando en los árboles en este estadio de la evolución humana", añadió.

"Trepaban para escapar de depredadores o por comida", explicó Green.

"Cuando comparamos el omoplato de la niña australopithecus a los miembros adultos de la misma especie, era evidente que las características de desarrollo se emparenta más a las del mono", explica.

Al mismo tiempo "numerosos trazos de los huesos de la cadera, de los miembros inferiores y de los pies de los austrolapithecus, que permitían el bipedismo, se emparentan sin equívoco a la especie humana", prosigue el investigador.

Green explicó que todavía no se sabe cuándo los humanos dejaron de trepar a los árboles.

"Este hallazgo confirma el lugar clave ocupado por Lucy y el niño Selam en la evolución humana", añade Zeresenay Alemseged, de la Academia de Ciencias de California, otro autor del estudio.

El austrolapithecus aforensis representa en la evolución una nueva especie de homínidos, muy diferente a la precedente, como el Ardipithecus ramidus o Ardi, que no caminaba a pie, o no lo hacía de forma permanente.

Para Zerenesay Alemseged, "este descubrimiento permite progresar en nuestra búsqueda por determinar cuándo nuestros ancestros cesaron de trepar a los árboles para convertirse en estrictamente bípedos: parece que esto se produciría mucho más tarde de lo que pensaban un gran número de investigadores".

David Green explica a la AFP que el homo erectus, un ancestro del homo sapiens que vivía hace 1,9 millones de años, tenía una morfología que le hacía asemejarse más a los humanos y parece ser hasta el momento la primera especie estrictamente bípeda.

"Pero desgraciadamente entre Lucy, que vivió hace 3.5 millones de años y el Homo erectus, tenemos un largo período desconocido que tratamos de comprender con fósiles", dijo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Exceso de fertilidad genera abortos espontáneos

Las células uterinas de mujeres con una gran fertilidad acogen embriones que en un principio serían desechados por células normales
BBC
fertilidad 
Los abortos espontáneos múltiples podrían estar causados por demasiada fertilidad, asegura un nuevo estudio.

Los abortos espontáneos múltiples podrían estar causados por demasiada fertilidad, asegura un nuevo estudio.

Según los médicos británicos y holandeses responsables de esta investigación, el útero de algunas mujeres es demasiado eficaz al permitir el implante de embriones, e incluso acepta los que normalmente son rechazados.

Las conclusiones de este estudio -publicadas en la revista de ciencia PLoS ONE– sugieren que por eso fallan los embarazos resultantes de estos últimos.

Los expertos consideran que este descubrimiento puede ayudar a desarrollar un test que permita detectar esta condición en las mujeres.

Los abortos espontáneos recurrentes –de tres o más embarazos consecutivos– afectan a una de cada 100 mujeres en el Reino Unido.

Excesiva "hospitalidad"

Médicos del hospital Princess Anne de la ciudad de Southampton y del Centro Médico Universitario de Utrecht tomaron muestras de los úteros de seis mujeres que habían tenido embarazos normales y de otras seis que habían sufrido abortos espontáneos recurrentes.

Luego se colocaron embriones de distinta calidad en el canal formado por dos líneas de células uterinas.

Las células provenientes de las mujeres con fertilidad normal comenzaron a crecer hasta alcanzar a los embriones de alta calidad, ignorando al resto.

En cambio, las células "superfértiles" comenzaron a crecer hacia todos los embriones.
"Muchas mujeres afectadas por estos casos creen que simplemente están rechazando su embarazo y se sienten culpables", dijo el profesor Nick Macklon, especialista del hospital Princess Ann.
"Muchas mujeres afectadas por estos casos creen que simplemente están rechazando su embarazo y se sienten culpables"
Nick Macklon, especialista del hospital Princess Ann de Southampton

"Pero hemos descubierto que la causa puede ser que son superfértiles y acogen embriones que normalmente no sobrevivirían hasta implantarse".

"Y cuando se implantan embriones débiles, pueden durar hasta dar positivo en un test de embarazo", agregó.

Sin embargo, esta teoría no explica todos los casos de embarazos fallidos, y hacen falta más pruebas.

"Es una teoría muy atractiva, es un estudio realmente importante que cambiará el modo en que pensamos el proceso de implantación", comentó a la BBC la doctora Siobhan Quenby, del Colegio Real de Obstetras y Ginecólogos de Reino Unido.

"Se pensaba que el rechazo de embriones normales conducía a la pérdida de un embarazo, pero lo que explica el síndrome clínico es que se aceptan todos".

Quenby agregó que el siguiente paso será investigar si esta condición puede ser detectada con un test, y si es posible alterar la excesiva receptividad de embriones.


jueves, 8 de diciembre de 2011

La vacuna contra la malaria necesita nuevas aproximaciones para más eficacia

malaria 1a
(EFE).- Los ensayos de la nueva vacuna contra la malaria revelan que protege a la mitad de los niños, pero este es el nivel máximo que puede ofrecer el tratamiento, por lo que se deben explorar nuevos caminos para mejorar su eficacia, según John Aponte, uno de los doctores que ha trabajado en la investigación.

"Lo que esta vacuna podría ofrecer técnicamente ya es lo máximo, así que para obtener más nivel de protección habrá que cambiar de aproximación", explica en una entrevista a Efe este científico colombiano que trabaja en el Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB).

Doctor en Medicina por la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá y Máster en Estadística Médica en Londres, Aponte llegó a Barcelona en 1996 para continuar sus trabajos sobre la malaria en el equipo del doctor Pedro Alonso, que lidera las investigaciones sobre esa enfermedad.

Los primeros resultados del ensayo clínico de la vacuna RTS,S en la fase III, la más avanzada y la previa al registro por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se presentaron el pasado octubre y supusieron un hito en la historia de la medicina.

Sobre una muestra de niños vacunados entre los 6 y 18 meses de vida, los resultados arrojaron una protección en el 56 por ciento de los casos frente a la malaria clínica y de un 47 por ciento frente a la malaria grave.

Se trata del ensayo clínico más extenso jamás realizado en niños africanos, con una muestra de casi 16.000 menores y con la participación de 11 centros de investigación en África y sus correspondientes centros asociados en países desarrollados, como es el caso del CRESIB, vinculado a la Universidad de Barcelona y al Hospital Clínic.

"Una eficacia del 56 por ciento es buena, no es el 100 por cien, como todos quisiéramos, pero esto por ahora no existe ni hay perspectiva de que se vaya a dar", destaca Aponte.

No obstante, la eficacia es elevada si se tiene en cuenta que es la primera vacuna en el mundo contra un parásito, concretamente el falciparum, muy extendido en la África Subsahariana y el más letal de todas las variantes que provocan la malaria.

A diferencia de las bacterias o los virus, los parásitos son más difíciles de combatir con una vacuna, porque son organismos mucho más complejos y más "inteligente" a la hora de hallar maneras de adaptarse al cuerpo humano para sobrevivir, explica Aponte.

Como el antígeno con el que se ha trabajado para hacer la vacuna ya no da para más, los científicos están obligados a mejorar la eficacia del tratamiento preventivo con combinaciones de vacunas o con nuevas aproximaciones, como el estudio de los mecanismos del sistema inmunológico.

Según Aponte, la comunidad científica ha ido dando "palos de ciego" en la lucha contra la malaria, ya que se han desarrollado tratamientos sin haber conseguido descifrar todavía el mecanismo biológico que hace que determinados cuerpos, especialmente los adultos, se puedan inmunizar frente a los efectos del parásito.

Con esos desafíos sobre la mesa, Aponte ve difícil pronosticar cuando llegará la vacuna definitiva que tenga una efectividad prácticamente total.

"El desarrollo de las vacunas contra la malaria es lento, porque no es atractivo para las farmacéuticas invertir en un mercado como el africano, que es el más pobre del mundo", destaca.

Ayudada por la Fundación Gates, la farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) es la responsable de desarrollar la vacuna y de comercializarla a partir de 2016, que es cuando se calcula que se habrá terminado toda investigación y ya contará con la recomendación de la OMS.

Según los expertos, si la vacuna llega a todos los niños se podrá reducir la mortalidad de una enfermedad que causa cada año más de un millón de fallecimientos, en su mayoría menores de cinco años de la África subsahariana.

Fuente:

martes, 1 de noviembre de 2011

Los eslabones que nos hicieron humanos (3)


Autor: Pablo Herreros


Esta es la tercera parte de la serie de entradas titulada Los eslabones que nos hicieron humanos, publicada por Pablo Herreros en semanas anteriores en este mismo blog.

En el planeta Tierra todo está sujeto a continuas transformaciones. De manera ininterrumpida, en cada época se han destruido algunos entornos y han surgido otros. En este contexto de continuos cambios, la colonización de nuevos territorios y la consiguiente adaptación necesaria para sobrevivir en ellos es un reto que, tarde o temprano, la mayoría de las especies debemos enfrentar. Un escenario de conquista permanente de donde surgirán los primeros homínidos.
Fragmento de la serie documental “La odisea de la especie”.
Para ampliar:

Los eslabones que nos hicieron humanos (2)

Autor: Pablo Herreros
Esta es la segunda parte del artículo Los eslabones que nos hicieron humanos (1), publicado por Pablo Herreros la semana pasada en este mismo blog.

Es probable que una de las líneas del Ardipithecus se convirtiera en Australopithecus durante el periodo denominado Plioceno, hace entre 5 y 1,7 millones de años. Este es el tramo de la historia en el que los realizaron una gran expansión por varias zonas de África, hasta el punto en que llegaron a convivir siete especies diferentes de homínidos en el continente. Sin duda, ello debió de configurar un apasionante escenario de interacción entre especies “casi humanas”, propio de una película de ciencia ficción.
El hallazgo de Lucy, el fósil de Australopithecus afarensis encontrado en África en 1974.
Este conjunto de especies estaban clasificadas en tres géneros, dos de los cuales,Paranthropus y Kenyanthropus, se acabarían extinguiendo. Por el contrario, el tercer género que cohabitó en África en esa época, Australopithechus, sobrevivió a la extinción para convertirse en un nuevo eslabón con el que ordenar el puzle de la historia de nuestra especie. Estos homínidos, sin poseer aún características físicas como las nuestras sí representaron un avance importante hacia las formas modernas.

Los Australopithecus
Este grupo de homínidos cuyos restos datan de hace 4 millones de años, los Australopithecus, se caracterizaron por un pequeño incremento en el tamaño del cerebro, una dentición con unas muelas más grandes y un esmalte más grueso que en el resto de especies de la época o de un tiempo anterior. También se produjo un cambio en la posición de la cadera respecto a los otros primates, lo que permitió a un homínido desarrollar una vida en una postura erguida por primera vez en la historia evolutiva de un mamífero. Las hipótesis clásicas sobre las ventajas del bipedismo son cuatro:
  1. Permitir una locomoción más eficiente para viajar largas distancias por el suelo.
  2. Facilitar la liberación de las manos para transportar cosas.
  3. Mejorar la regulación de la temperatura corporal al haber menos superficie del cuerpo expuesta al sol.
  4. Incrementar las posibilidades de alimentación al poder recolectar con las manos.
Características anatómicas de los Australopithecus.
Características anatómicas de los Australopithecus.
Esta capacidad para andar con solo dos patas suele mencionarse en los libros de texto como una de las características que marcó una diferencia evolutiva respecto a otras especies de primates; algo con lo que no todos los autores están de acuerdo.

El paleantropólogo Philip Tobias cree que solo se trata de una solución más para colonizar el suelo de entre muchas posibles. Unas especies optaron por este medio de locomoción, mientras que para otras, modificaciones más simples en la morfología fueron suficientes . Hallazgos recientes demuestran que esta capacidad se obtuvo mucho antes de la expansión del cerebro, lo que es coherente con esta línea de opinión que se opone a la conexión entre el bipedismo y el desarrollo cultural. Lo cierto es que no hace falta más que echar un vistazo a los chimpancés que fabrican utensilios en la selva para darse cuenta de que esto es posible.

Lo más seguro es que una de las claves de este primer salto cultural esté en el desarrollo gradual de las extremidades superiores hasta la aparición del primer Homo sapiens. Ya enAustrolopithecus, la palma de la mano se acorta y la yema del pulgar se acerca a los otros dedos, lo que facilita la manipulación de objetos pequeños con una mayor precisión y delicadeza.
Proceso de evolución de la mano humana.
Progreso tecnológico
Los primeros indicios sobre cómo era la organización social de nuestros antepasados homínidos aparecen con este género. Los fósiles hallados señalan que debían vivir en grupos muy grandes de machos y hembras en los que cooperaban para cazar.

Aunque muy rudimentarias, poseemos evidencias de que los Austrolopithecus usaban herramientas, como atestiguan algunos restos encontrados en Etiopía y Tanzania. Estos utensilios corresponden a la industria lítica olduvayense, también denominado Modo Tecnológico I, que consiste en el uso de piedras sin modificar o descamadas ligeramente para ser afiladas.

Posteriormente, el primer Austrolopithecus se diversificó, probablemente al colonizar diversos nichos ecológicos, dando lugar a nuevas especies . Unas poblaciones quedaron aisladas de otras, de manera que se vieron afectadas por presiones ambientales distintas y acabaron evolucionando por separado. Este fenómeno es uno de los mecanismos más comunes de especiación, o lo que es lo mismo, de aparición de una nueva especie. Una de estas divisiones se desarrolló por un camino diferente y provocó la aparición de la primera especie del género Homo hace 3-2 millones de años: el Homo habilis.



Continuará en el próximo post


Fuente: Somos Primates

Los eslabones que nos hicieron humanos (1)

Autor: Pablo Herreros
La historia del linaje humano es un apasionante trabajo de conexión de puntos hacia atrás en el tiempo, todavía repleto de misterios y preguntas sin resolver. La reconstrucción de este puzzle no debemos verla como una autopista con un principio y un final, sino como un árbol que crece y cuyo tronco se divide con el paso del tiempo en múltiples ramas: distintas especies, de las cuales, algunas convivieron en el tiempo y muchas se extinguieron.
Somos primates Proconsul 1
Reproducción de un esqueleto de Proconsul en el Museo de Antropología de Zúrich (imagen: Guérin Nicolas / Wikimedia Commons).
Para comenzar esta historia, nos remontamos hasta la época comprendida entre unos 32 y 5 millones de años atrás. A esta franja, a caballo entre el Oligoceno y el Mioceno, se la considera la edad de oro de los primates ya que según los trabajos de John Kappelman, antropólogo de la Universidad de Texas, se han encontrado fósiles de hasta 30 géneros diferentes pertenecientes a dicho periodo. Es en este momento cuando emprendemos nuestro viaje por la historia evolutiva de nuestra superfamilia, el grupo de los hominoideos, que incluye a los gibones, a los grandes simios y a nosotros, los humanos.

Los primeros hominoideos que conocemos se encontraron en Kenia y se clasifican dentro del género Proconsul, que incluye a cinco especies y cuyos restos fosilizados son de una antigüedad de entre 20 y 18 millones de años. Estos son importantes porque nos permiten saber cómo fueron los primeros simios, que posteriormente se convertirían en los primeros antepasados humanos. La característica principal que los distingue de otros primates es la ausencia de cola y los ojos en posición frontal, ya dirigidos hacia adelante. Pero aún comparten muchos rasgos primitivos, como son un tamaño del cráneo reducido o una locomoción todavía cuadrúpeda, adaptada a la vida en los árboles, donde obtenía las frutas de las que se alimentaba.

Expansión de los hominoideos
En el periodo que va desde los 17 hasta los 12 millones de años, los hominoideos salieron del continente africano y se expandieron por el territorio de las actuales Europa y Asia. Como veremos más adelante, las salidas de África con destino hacia otros continentes constituyen una dinámica que se repete en varias ocasiones a lo largo de la evolución de nuestros antepasados.

Con posterioridad, a causa de un cambio climático en el que se enfrió la superficie terrestre, las selvas tropicales y subtropicales que cubrían gran parte del planeta se fragmentaron. En ese momento, las sabanas y los pastos se extendieron, lo que ejerció una considerable presión sobre las especies que habitaban los bosques.

Al desaparecer gran parte de esas vías arbóreas para algunos tipos de primates, surgió el reto de colonizar el suelo. Pero para poder llevar una vida terrestre, se necesita una postura más erguida y una dentición más resistente para poder procesar las semillas y hierbas que se encuentran en los espacios abiertos; algo que conseguirán los homínidos unos pocos millones de años después.

Lo que todavía no sabemos con exactitud es cuándo se produce la escisión en dos líneas a partir del último ancestro común de los grandes simios y los homínidos; un primate del que no poseemos fósil alguno. Existen muchas hipótesis sobre las fechas de dicho acontecimiento, siendo entre hace 7 y 5 millones de años, la fecha más probable, según Robert Boyd, antropólogo de la Universidad de California en Los Ángeles.

De hominoideo a homínido
En la actualidad, homínidos es el término por el que se conoce a los representantes de nuestra familia biológica, es decir, a los seres humanos. A lo largo de la historia evolutiva ha habido diferentes especies de esta familia, incluso periodos en los que varias han compartido el mismo territorio de manera simultánea, aunque sólo la nuestra continuó el viaje hasta el día de hoy.

Es hace unos 6 millones de años cuando da comienzo la historia evolutiva de los homínidos, justo en el momento en el que se produjo un nuevo enfriamiento y el clima se volvió más seco, tal y como opina el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga. En esta época aparece el géneroArdipithecus, popularizado con el nombre de Ardi, que significa “tierra” o “suelo” en la lengua Afar.

Una de las innovaciones más distintivas del Ardipithecus respecto a los primates primitivos son unos dientes caninos más pequeños, un esmalte algo más grueso y una mano más reducida que sus predecesores, aunque todavía más apta para la vida arbórea que para utilizarla como una pinza. Sin llegar a ser completamente terrestre, es muy probable que fuera capaz de una forma primitiva de locomoción bípeda, ya que se ha encontrado una falange de un dedo del pie compatible con esta hipótesis.

Aunque existe un gran debate sobre si Ardi es un antecesor directo de los humanos, el paleoantropólogo de la Universidad de California Tim White cree que estos caracteres  indicanque, efectivamente, estamos ante el eslabón conocido más antiguo de la evolución humana. De ser esto cierto, como también opina Arsuaga, con Ardi tendría comienzo la historia de nuestro linaje.

Tim White explica en este reportaje algunos detalles sobre los restos del fósil Ardi.


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