El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

“Ahora para encontrar trabajo hace falta un máster. ¿Qué será lo próximo? ¿El Nobel? Entrevista al educador Ken Robinson

Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

Historia del Universo

Diagrama representativo de la historia del universo.

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martes, 9 de enero de 2024

Un universo no hecho para nosotros (Carl Sagan)

 


Fragmentos del libro «Un punto azul pálido», de Carl Sagan (1994).






Nuestros antepasados entendieron los orígenes extrapolando a partir de su propia experiencia. ¿Cómo iban a hacerlo de otro modo? Así pues, el Universo surgió de un huevo cósmico, o fue concebido mediante la unión sexual de una diosa madre y un dios padre, o bien fue un producto manufacturado en el taller del creador, quizá el último de un sinnúmero de intentos fracasados.

Y el Universo no era mucho más grande de lo que vemos, ni mucho más viejo que nuestros registros escritos y orales, ni muy distinto en ninguna de sus partes de los lugares que conocemos. Tendíamos en nuestra cosmología a hacer las cosas familiares. A pesar de todos nuestros esfuerzos, no hemos mostrado mucha inventiva. En Occidente el cielo es plácido y confortable y el infierno es parecido al interior de un volcán. En muchas historias ambos reinos se hallan gobernados por jerarquías dominantes, encabezadas por dioses y demonios. Los monoteístas hablaban del «Rey de reyes». En cada cultura hemos imaginado algo parecido a nuestro propio sistema político dirigiendo el Universo. Pocos encontraron dicha semejanza sospechosa.

Luego llegó la ciencia y nos enseñó que nosotros no somos la medida de todas las cosas, que existen maravillas jamás imaginadas, que el Universo no está obligado a ajustarse a lo que consideramos cómodo o plausible. Y, de nuevo, si no somos importantes, ni centrales, ni somos «la niña de los ojos» de Dios, ¿qué implica eso para nuestros códigos morales fundados en la teología? El descubrimiento de nuestro verdadero valor en el Cosmos fue resistido durante tanto tiempo y hasta tal punto que muchos vestigios de aquel debate todavía persisten, en ocasiones, con los motivos de los geocentristas al descubierto.

¿Qué buscamos realmente en la filosofía y la religión? ¿Paliativos? ¿Terapia? ¿Consuelo? ¿Buscamos fábulas tranquilizadoras o la comprensión de nuestras circunstancias reales? Consternarnos porque el Universo no se ajusta a nuestras preferencias parece infantil. Uno podría pensar que los adultos se sentirían avergonzados de publicar sus frustraciones. La forma elegante de hacerlo no es culpar al Universo —lo cual es realmente un sinsentido—, sino más bien habría que culpar al medio a través del cual conocemos el Universo: la ciencia. La ciencia nos ha enseñado que, como tenemos gran talento para auto-engañarnos, puede que la subjetividad no llegue a reinar libremente. Sus conclusiones derivan de interrogar a la Naturaleza, y no en todos los casos están prediseñadas para satisfacer nuestros deseos.

Admitimos que incluso los líderes religiosos más reverenciados —productos de su época tal como nosotros lo somos de la nuestra— pudieron cometer errores. Las religiones se contradicen unas a otras, tanto en temas menores —como si debemos ponernos o sacarnos el sombrero al entrar en un lugar de culto o si es conveniente comer cordero y abstenerse de comer cerdo, o al revés— hasta en las cuestiones fundamentales, como la de si no hay dios, hay un dios o hay muchos dioses.

Si vivías dos o tres milenios atrás, no era vergonzoso pensar que el Universo fue hecho para nosotros. Era una tesis atractiva, consistente con todo lo que conocíamos; era lo que propugnaban los más eruditos sin salvedad. Pero hemos descubierto muchas cosas desde entonces. Defender semejante postura hoy en día, equivale a pasar premeditadamente por alto la evidencia, y a una huida del auto-conocimiento.

Queremos estar aquí con un propósito aunque, a pesar de tanto auto-engaño, no hay ninguno evidente. Nuestra época sobrelleva la carga del peso acumulado en sucesivos desprestigios de nuestras concepciones. Somos recién llegados. Vivimos en una región olvidada del Cosmos. Surgimos de microbios y barro. Los simios son nuestros primos. Nuestros pensamientos y sentimientos no están completamente bajo nuestro control. Puede que haya seres mucho más inteligentes y muy diferentes en algún lugar. Y por si fuera poco, estamos arruinando nuestro planeta y volviéndonos un peligro para nosotros mismos. La trampa bajo nuestros pies, se abre. Nos descubrimos en una caída libre hacia el abismo. Estamos perdidos en una inmensa oscuridad y nadie puede mandarnos un equipo de rescate. Ante tan dura realidad, naturalmente nos sentimos tentados a cerrar los ojos y fingir que nos encontramos seguros y confortables en casa, que la caída no es más que una pesadilla.

Tan pronto como superamos nuestro miedo a ser insignificantes, nos descubrimos en el umbral de un universo vasto e imponente que empequeñece del todo —en tiempo, espacio y potencial— el ordenado proscenio antropocéntrico de nuestros antepasados. Miramos a través de miles de millones de años luz de espacio para ver el Universo poco después del Big Bang, y sondeamos la magnífica estructura de la materia. Escudriñamos el núcleo de nuestro planeta, y el flameante interior de nuestra estrella. Leemos el lenguaje genético en el que están escritas las habilidades y tendencias de todo ser en la Tierra. Descubrimos capítulos ocultos en el registro de nuestros propios orígenes. Inventamos y refinamos la agricultura, sin la cual casi todos moriríamos de hambre. Creamos medicinas y vacunas que salvan la vida a miles de millones. Nos comunicamos a la velocidad de la luz y damos la vuelta a la Tierra en una hora y media. Hemos enviado docenas de naves a más de setenta mundos y cuatro astronaves a las estrellas.

Para nuestros antepasados, había mucho a qué temer en la Naturaleza: relámpagos, tormentas, terremotos, volcanes, plagas, sequías, inviernos largos. Las religiones afloraron en parte como intentos de aplacar y controlar —si no de comprender— el aspecto desordenado de la Naturaleza. ¿Cuánto más gratificante habría sido si nos hubieran colocado en un jardín hecho a medida para nosotros, y los restantes ocupantes puestos ahí para que los utilizáramos como nos plazca? Hay una famosa historia en la tradición occidental, similar a esta; sólo que allí no estaba absolutamente todo a nuestra disposición. Había un árbol en particular del cual no debíamos comer: el árbol del conocimiento. El conocimiento, el entendimiento y la sabiduría nos estaban vedados en esa historia. Debíamos permanecer ignorantes. Pero no pudimos resistirlo. Nos mataba el hambre de conocimiento; nos crearon hambrientos, podría decirse. Ese fue el origen de todos nuestros problemas. En particular, ésa es la razón por la que ya no vivimos en un jardín: descubrimos mucho. Mientras permanecimos indiferentes y obedientes —supongo— podíamos consolarnos con nuestra importancia y centralidad, y decirnos a nosotros mismos que éramos la razón por la que fue creado el Universo. Sin embargo, tan pronto como fuimos cediendo a nuestra curiosidad, a nuestras ansias de explorar, de aprender cómo es realmente el Universo, nos auto-expulsamos del Edén. Ángeles con espadas en llamas fueron apostados a las puertas del Paraíso para impedirnos regresar. Los jardineros nos convertimos en exiliados y peregrinos. A veces sentimos nostalgia de ese mundo perdido, pero eso —me parece— es sensiblero y sentimental. No podíamos ser felices permaneciendo ignorantes para siempre.

Hay en este universo muchas cosas que parecen haber sido diseñadas. Pero en lugar de eso, descubrimos reiteradamente que los procesos naturales —por ejemplo, la selección de mundos por colisión, o la selección natural del acervo genético, o, incluso, el patrón de convección en una olla de agua hirviendo— pueden producir orden a partir del caos, y engañarnos llevándonos a deducir un propósito, cuando no lo hay.

El significado de nuestras vidas y de nuestro frágil planeta está únicamente determinado por nuestra propia sabiduría y coraje. Nosotros somos los guardianes del sentido de la vida. Anhelamos un Padre que cuide de nosotros, que perdone nuestros errores, que nos salve de nuestras equivocaciones infantiles. Pero el conocimiento es preferible a la ignorancia. Es mejor, por lejos, aceptar la dura verdad que una fábula tranquilizadora. Si anhelamos algún propósito cósmico, encontremos primero una meta digna para nosotros.

La Tierra (ese punto azul pálido a la derecha), fotografiada por la sonda espacial Voyager 1 desde 6.000 millones de kilómetros, en 1990. versión remasterizada en 2020. (Foto: NASA)






  


lunes, 13 de marzo de 2023

No, no necesitas una limpieza con jugos desintoxicantes.

 

. He aquí por qué.

Por

CARA ROSENBLOOM

ESPECIAL PARA THE WASHINGTON POST •



Si disfrutó más de lo habitual durante las vacaciones, puede preguntarse si una desintoxicación de Año Nuevo es una buena idea. Los anuncios audaces afirman que los brebajes de jugo de desintoxicación pueden ayudarlo a perder peso, reducir los antojos, aumentar el metabolismo y eliminar toxinas, todo lo cual suena atractivo. Pero, ¿las desintoxicaciones realmente producen estos resultados impresionantes? Claro que no. No hay nada mágico en beber jugo caro hecho de pepinos, apio, limón, perejil o cualquier otra hierba, verdura y fruta que se arroje.

Se proyecta que el mercado global de productos de desintoxicación alcance los $ 75 mil millones para 2026, según un informe de Research and Markets. Esto incluye hierbas de desintoxicación, píldoras, tés y limpiezas de jugo. Entonces, ¿de dónde vino la noción de desintoxicación, por qué es popular y hay algún daño en intentarlo? (Nota: este artículo se centra solo en las limpiezas de la dieta de desintoxicación líquida y no cubre la desintoxicación del alcohol o las drogas, o la terapia de quelación de desintoxicación para la toxicidad de los metales pesados).

Las dietas de desintoxicación tienen un precedente histórico interesante, dijo Nitin Ahuja, profesor asistente de medicina clínica en la División de Gastroenterología y Hepatología de la Universidad de Pensilvania. Hubo una fascinación de larga data con la idea de que el estreñimiento podría conducir a la intoxicación desde el interior del cuerpo. Esto alcanzó su punto máximo a principios del siglo 20, cuando, dijo Ahuja, "las personas estaban haciendo regímenes intestinales agresivos o se sometían a una cirugía para extirpar el colon porque estaban convencidos de que las heces retenidas estaban causando septicemia" o envenenamiento de la sangre.

Sabiamente, esta práctica fue abandonada en la década de 1930, pero Ahuja dijo que la idea de que nuestros intestinos se benefician de la limpieza persiste hoy en día, a pesar de que no hay verdad clínica en ello. "Hay buenas razones para tratar el estreñimiento, que puede ser incómodo", dijo Ahuja. "Pero en general, la idea de que necesitaría eliminar activamente los subproductos de los alimentos digeridos en un sistema gastrointestinal normal es falsa".

En el mundo de la dieta, el término "desintoxicación" se refiere a la eliminación de sustancias tóxicas del cuerpo. No se puede negar que inhalamos e ingerimos toxinas en nuestro entorno, que pueden provenir de la contaminación del aire, el humo del cigarrillo, los limpiadores domésticos, el alcohol y los alimentos ultraprocesados. Pero expulsamos la mayoría de las toxinas de forma natural, a través del sudor, el aliento, la orina y las heces, lo que hace que los productos de desintoxicación sean innecesarios.

Los expertos en salud están de acuerdo en que el sistema de desintoxicación incorporado del cuerpo humano, que incluye la piel, los pulmones, el hígado y el tracto digestivo, es todo lo que necesitamos. "Afortunadamente, no necesitamos elegir suplementos ni hacer nada drástico para eliminar toxinas, y en su lugar podemos confiar en órganos como el hígado y los riñones", dijo Melissa Majumdar, dietista con sede en Georgia y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética. El hígado descompone la sangre para eliminar las toxinas de los alimentos, el alcohol y los medicamentos; Los riñones filtran las toxinas descompuestas y las excretan en la orina.

A pesar de que el cuerpo se autodesintoxica, puede apoyar estos esfuerzos comiendo una dieta equilibrada y reduciendo la exposición a toxinas conocidas. Eso incluye limitar los alimentos ultraprocesados y el alcohol, beber más agua, comer alimentos ricos en proteínas y obtener suficiente fibra de verduras, frutas, nueces y frijoles.

"Les digo a mis estudiantes que una verdadera desintoxicación viene con aprender a cocinar una dieta rica en granos integrales, frutas, verduras, frijoles y lentejas, mariscos y aceites, acompañados de ejercicio diario y una buena noche de sueño", dijo Thomas Sherman, profesor del Departamento de Farmacología y Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgetown en Washington.

Los anuncios de desintoxicación a menudo promueven la eliminación de "toxinas", pero no especifican cuáles. ¿Pesticidas? ¿Bisfenol A? ¿Ftalatos? No se puede establecer un estudio clínico para probar la "eliminación de toxinas" si no se nombra la toxina (e inyectar toxinas en los cuerpos de los sujetos difícilmente sería ético), por lo que la idea no está probada ni refutada. Es un escenario de ensueño para el marketing engañoso.

"El concepto de toxinas es muy vago", dijo Sherman. "La mayoría de las dietas de desintoxicación asocian las toxinas con las heces, y [afirman que] al fomentar los movimientos intestinales, se están eliminando estas toxinas. La idea de que las toxinas se adhieren a la pared intestinal creando lodo tóxico y requieren lavado parece arraigada, y no solo no hay evidencia de que esto suceda, simplemente no es la forma en que funciona el sistema. Así que sí, todo es marketing".

Me puse en contacto con una docena de compañías y profesionales que promueven dietas de desintoxicación para preguntar qué toxinas son el objetivo, qué pruebas tienen de que las toxinas se eliminan y si tienen algún estudio clínico que respalde esto. Ninguno compartió ninguna prueba de eficacia.

Si hay poca o ninguna evidencia científica de que las dietas de desintoxicación funcionen, ¿por qué sigue siendo una industria multimillonaria? Es un marketing ingenioso que se aprovecha de nuestro deseo humano de una solución rápida, así como de años de cultura dietética arraigada y dañina para el alma, que valora la delgadez, la apariencia y la forma por encima de la salud y el bienestar.

"Las desintoxicaciones apelan a nuestro deseo natural de un comienzo fresco y limpio, y al deseo de 'deshacer' las transgresiones percibidas", dijo Rachael Hartley, dietista y terapeuta de nutrición en Columbia, Carolina del Sur. "Comer normalmente significa a veces comer de una manera menos que equilibrada, y no hay nada que deba hacer para 'deshacer' eso".

Sherman explica que muchos estadounidenses comen muchos alimentos ultraprocesados, que carecen de fibra, el nutriente requerido para los movimientos intestinales normales. "La secuencia de eventos es predecible", dijo Sherman. "Una dieta deficiente conduce a molestias gastrointestinales y una sensación de no sentirse del todo bien, lo que impulsa el deseo de desintoxicarse y 'reiniciar el sistema'".

El alivio que viene con el efecto laxante de las dietas de desintoxicación puede parecer evidencia de que se eliminaron las toxinas. Pero es simplemente el resultado de una caca largamente esperada, un hecho que no es tan atractivo como la "desintoxicación".

Si bien la pérdida de peso es posible con limpiezas líquidas bajas en calorías, también es fugaz. "No hay ciencia creíble de que las dietas de desintoxicación hagan algo más que lo que también hacen todas las dietas restringidas calóricas extremas", dijo Sherman. "Los resultados de pérdida de peso pueden ser dramáticos, pero implican poca pérdida de grasa real; La recuperación de peso, por lo tanto, es igualmente rápida".

¿Qué pasa con la afirmación popular de que las desintoxicaciones ayudarán a desterrar los antojos? "Eso siempre me hace reír, porque la única cosa consistente que he escuchado de las personas que han hecho desintoxicaciones es que anhelan alimentos sólidos todo el tiempo, y con frecuencia se dan atracones después de que se realiza la desintoxicación", dijo Hartley.

Algunas personas dicen que, independientemente de la falta de beneficios clínicamente probados, se sienten energizados y rejuvenecidos después de una limpieza. Entonces, ¿es seguro hacer desintoxicaciones ocasionalmente?

"Hay un daño potencial en tomar complementos mal regulados cuando no se sabe lo que hay en la botella", añadió Ahuja. "Pero con productos alimenticios o jugo, es poco probable que haya daño".

No está claro si la desintoxicación podría afectar la absorción de nutrientes o afectar negativamente a las bacterias saludables en el microbioma intestinal. Ahuja no se preocupa por la digestión y la absorción si la desintoxicación es a corto plazo (la mayoría de las desintoxicaciones son de uno a siete días). Y aunque el microbioma puede verse afectado por cambios en la dieta a largo plazo, es poco probable que una desintoxicación corta tenga mucho impacto.

"Los estudios muestran que si toma la preparación para la colonoscopia y examina las heces una semana después, el perfil del microbioma coincide con lo que se vio antes de la colonoscopia", dijo Ahuja. "Realmente no mueve la aguja, ya que es un cambio a corto plazo, por lo que una dieta de desintoxicación a corto plazo probablemente tampoco mueva la aguja".

Sin embargo, las desintoxicaciones a largo plazo (más de siete días) pueden provocar deficiencias de nutrientes, fatiga, desequilibrios electrolíticos, niveles bajos de azúcar en la sangre y cambios de humor.

A Majumdar le preocupa que, más allá de cualquier daño físico potencial, las dietas de desintoxicación puedan causar daño mental o emocional. "Tener expectativas poco realistas sobre la intención y el resultado puede ser decepcionante", dijo. Y Hartley dijo que las limpiezas líquidas juegan en el ciclo de atracones restrictivos que a menudo alimentan la alimentación desordenada. La desintoxicación es una dieta de moda que es parte de la narrativa de la cultura de la dieta de que nuestros cuerpos son impuros y requieren reparación.

Entonces, si está considerando una limpieza, tiene más sentido establecer un plan de alimentación equilibrado para apoyar su salud a largo plazo. E ignora el marketing agresivo que te hace sentir que tu cuerpo está lleno de lodo tóxico, porque no lo está. La verdad es que es normal disfrutar de la comida. Lo que no debería ser normal es una industria que existe para hacernos sentir mal con nosotros mismos y ganar dinero con falsas promesas. Este nuevo año, en lugar de una desintoxicación, trate de deshacerse de la influencia de los anuncios de dieta engañosa.

Fuente: www.stripes.com


Una limpieza no desintoxicará tu cuerpo, pero esto es lo que sí lo hará

Deja el agua de cayena y limón y aléjate del té de hierbas.

Las limpiezas y los productos desintoxicantes de este tipo no eliminan las toxinas, dice la Dra. Jen Gunter, y algunos de ellos pueden incluso estar perjudicando tu salud. Aprende cómo tu cuerpo se libera de sustancias nocivas y qué puedes hacer para que este sistema funcione correctamente. ¿Quieres saber más de la Dra. Gunter? Echa un vistazo a su podcast Body Stuff, del TED Audio Collective.

sábado, 1 de enero de 2022

La explicación de Neil deGrasse Tyson sobre lo que pasa después de morir

 



Somos energía. Nos alimentamos para tener nivelado nuestra temperatura y poder funcionar. Es como si los animales y vegetales de los que devoramos nos prestaran la energía

¿Te gustaría vivir por siempre?

Si tu respuesta es un “sí” inmediato, podrías no estar pensando con claridad. Sólo imagina esto: pasan los años, 50, 60, 100, ves morir a la gente que amas y sabes que la gente que amarás también morirá. ¿No sería horrible?

Podrías responder, “bueno, pero que seamos inmortales todos”. Además de la imposibilidad demográfica que ello implica, piensa lo siguiente: ¿te sentirías motivado para pararte de la cama, ir a la escuela, hacer tarea, conseguir un empleo, esforzarte por tu salud, procurar ir periódicamente a la playa para ver un atardecer, decirles a tus amigos, hermanos o padres cuánto los amas si sabes que siempre estarán vivos?

Neil deGrasse Tyson no es un astrofísico y divulgador de la ciencia cualquiera. Con una sensibilidad muy particular, sabe colocarnos dentro de la vertiginosa corriente que las dudas que el Universo trae consigo. ¿Qué es la muerte?, ¿cuál es el propósito de
nuestra existencia sobre la Tierra?, ¿cuáles son las leyes del mundo que gobiernan desde la más pequeña partícula de nuestro cuerpo hasta la más lejana nebulosa? Si bien estas preguntas son complejas y difíciles de responder, deGrasse encuentra una manera de explicar, de forma simple, el meollo de la discusión.

En conferencias o entrevistas, el investigador echa luz sobre los tópicos que, a menudo, nos hacemos a lo largo de nuestra vida, pero pocas veces sabemos responder:


Epicuro decía que no habría que temer a la muerte porque, cuando nosotros vivimos, ella no está y cuando llega, nosotros ya no estamos. Un poco similar es este razonamiento de Neil deGrasse Tyson quien replantea uno de los argumentos del filósofo griego: ¿cómo podemos temer el dejar de existir si cuando no existíamos aún — antes de nacer— no nos angustiaba? 

Sin embargo, como lo hace ver el interlocutor, esta respuesta puede no funcionar del todo,  pues una vez que hemos tenido vida y consciencia comenzamos a temer a la muerte. Esto es algo irresoluble. No obstante, sabemos que nuestros temores están sustentados en una serie de creencias. Regresando a Epicuro, es ilógico temer a la muerte porque no sabemos nada, nadie la ha experimentado y posteriormente regresado a contarnos cómo es.

Un poco ese es el argumento de deGrasse cuando advierte que hay cosas que deben temerse más, «Ten vergüenza de morir, hasta que hayas conseguido una victoria para la humanidad», dice, citando a Horace Mann.

«¿No teme a lo desconocido?
¡Amo lo desconocido!»

El científico insiste en que tenemos una idea equivocada sobre la pérdida de vida. ¿Qué pasa después de la muerte?, él ensaya una atractiva respuesta:

Somos energía. Nos alimentamos para tener nivelada nuestra temperatura y poder funcionar. Es como si los animales y vegetales que devoramos nos prestaran la energía que devolveremos al momento de la muerte. Todo es cíclico; nuestras moléculas tienen energía que obtuvimos alimentándonos del mundo exterior y tras la muerte,  esta energía regresa de una u otra manera al planeta: luego de morir, nuestros cuerpos son incinerados o enterrados, si es el primer caso, la energía se irradiará con el calor, si es el segundo, los gusanos aprovecharán esa energía para alimentarse, la Tierra la reabsorberá y creará más vida. El ciclo empieza otra vez.

«Se que va a suceder porque se puede medir dónde va la energía y qué es».

Ahora bien, ¿esto quiere decir que somos inmortales? Sí y no: sí porque en ese sentido, nuestra materialidad estará circulando infinitamente en el Universo —cabe recordar que, en ese sentido, hemos existido desde siempre o, al menos, desde el surgimiento del cosmos—. Sin embargo, al no estar conscientes en las transformaciones de nuestra materia en otros elementos de la naturaleza, probablemente no pueda llamarse "inmortalidad", es decir, seguiríamos existiendo pero no lo sabríamos.

Sea como sea, la mortalidad es el horizonte a partir del cual la vida adquiere otro tipo de sentido. No es sino porque morimos, que vivimos con entusiasmo. Si miras tus manos en este momento y piensas que bastarán unos años para que los tejidos que las conforman se desintegren debajo de la tierra, probablemente pensarás en lo valiosas que son ahora que las tienes, en lo importante que es este momento donde estás vivo y que jamás volverás a recuperar.

Pronto podrás tranquilizarte si consideras que esas mismas manos que ves se reintegrarán a la vida de una manera que ahora desconoces, pero la energía seguirá circulando para siempre en el Universo, quizá en algunos años dándole vida a un diente de león.

La ciencia no sólo se encarga de responder a preguntas trascendentes en nuestra vida, a veces también cumple la tarea de cuestionarnos, sacarnos de nuestras certezas, ponernos a pensar cosas que antes no hubiéramos imaginado. Sin embargo, hay cosas que aún no puede explicar, como algunos aspectos sobre el cerebro y la conducta humana, no obstante, ha sentado las bases para la interpretación del Universo,  tal como  lo explican las teorías de Kepler.

Referencias:

Think Inc


Fuente: Cultura Colectiva.




martes, 29 de enero de 2019

La preciosidad del tiempo, un tributo de Stephen Hawking.



Hawking pasó su vida trabajando en las leyes básicas que gobiernan el universo. Su capacidad  mental lo llevó a demostrar la teoría general de la relatividad de Einstein era cierta, lo que implica que el tiempo y el espacio han de tener un principio en el big bang y un final dentro de agujeros negros. Pero si hay algo que el gran astrofísico no sabía, era sobre la gran cantidad de admiradores que tenía alrededor del mundo.
Han pasado ya casi un año desde que Hawking murió y la gente sigue dando muestras de su cariño y admiración. Como lo hizo John D. Boswell, desde su cuenta  Melody Sheep, en Youtube.’ The Preciousness Of Time’ es un tributo a la aportación, y  al gran ejemplo que fue el investigador de los hoyos negros.
Un vídeo de 2 minutos y medio, Boswell fusionó el discurso ‘Can It Be Done’ con diferentes imágenes de cosmos de fondo, dejando plasmada la esencia del gran corazón del físico. Con la propia narración de la mente más brillante en los últimos tiempos, destaca: “Viví perdido dentro  de mis propios pensamientos, tratando de comprender cómo funciona el universo”
“A pesar de la enfermedad que sufro, he sido muy afortunado en casi todo. He tenido mucha suerte de trabajar teoría física en un época fascinante y es una de las pocas áreas en donde mi discapacidad no ha sido una desventaja”, continúa  el científico.
Pero el protagonista de “La teoría del todo”, con su característico sentido del humor, también pasará a la historia porque su vida fue un claro ejemplo de superación. Hawkings, nos dejó un mensaje muy claro y seguramente pretendía que cada individuo en el planeta se la grabara y repitiera  todos los días: “Recuerda que debes mirar hacia las estrellas y no hacia abajo a sus pies.”

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“Evo-Devo”… la genial parodia científica de “Despacito”

Pocas genialidades he visto en mi vida tan maravillosas como esta “versión BIO” de “Despacito”. La he encontrado en el gran canal de You Tube “acapellascience” . Genética, fisiología, bioquímica… lo que van a ver es tan brutal que no voy a hacer hoy ningún comentario más. Les dejo con esta oda a la ciencia que les hará reír y aprender a la vez.

lunes, 31 de diciembre de 2018

¿Por qué se gasta en ciencia si hay hambre en el mundo?

Por Gonzalo López  Sánchez  gonzalolopez


Quizás alguna vez se haya preguntado para qué sirve la ciencia. Qué interés tiene conocer el bosón de Higgs, la vida de las galaxias o los hábitos reproductivos de las hormigas. Por qué la NASA ha invertido casi 1.000 millones de dólares en enviar el último robot a Marte o por qué se invierte en un acelerador de partículas con la cantidad de desastres que hay por arreglar en nuestro planeta. En definitiva, ¿para qué sirve estudiar cosas que no son útiles? ¿Por qué gastar millones en ciencia cuando hay hambre en el mundo?

Estas preguntas parten ya de un sesgo considerable, puesto que podríamos preguntarnos lo mismo sobre cualquier actividad. ¿Por qué se gasta dinero en fichar jugadores de fútbol si no es útil? ¿Por qué invertimos nuestro dinero en ir al cine los sábados por la tarde o en hacer autovías si hay hambre en el mundo? En mi opinión, este sesgo que menciono es un indicio de que para algunas personas la ciencia es algo aburrido, innecesario y alejado de la realidad cotidiana.

Puedo entender por qué. La ciencia es invisible e intangible. Se comunica en un lenguaje extraño y difícil de entender. Los científicos son gente que no suele salir en la televisión o en los medios. Estudian cosas difíciles de creer y que parecen haber surgido de la imaginación de alguna rata de laboratorio. ¿No será que los científicos hacen ciencia para mantener sus subvenciones y sus puestos de trabajo? ¿No serán charlatanes?

Aunque de todo hay en la viña del Señor, la respuesta es un rotundo y mayúsculo “NO” (sobre todo teniendo en cuenta la precariedad crónica que les aflige, muy especialmente en España) que debe resonar durante unos cuantos segundos. Explicaré por qué.

La ciencia es una revolución

En primer lugar, la ciencia está por todas partes. Si resulta invisible es porque no reparamos en que toda la tecnología que nos rodea ha sido creada por científicos e ingenieros. Los automóviles, los trenes, los teléfonos móviles, la electricidad, el plástico, la ropa y hasta la comida. Todo esto se ha mejorado a través de la investigación científica. Si usted está leyendo esto es gracias al trabajo de un número inimaginable de personas que estudiaron, trabajaron y pensaron hasta desarrollar pantallas digitales, chips y comunicaciones vía satélite.

Probablemente, si está leyendo esto, es también gracias al milagro en la mejora de la esperanza (y calidad) de vida que ocurrió durante el siglo XX. Por ejemplo, en Estados Unidos la esperanza de vida se incrementó en 29,2 años entre 1900 y 1999 y la mortalidad infantil cayó del 30,4% al 1,4. Pero más que por un milagro fue gracias a la ciencia. A finales del siglo XIX se descubrió el papel de los microorganismos en las enfermedades, se adoptaron mejoras en sanidad e higiene, se desarrollaron los antibióticos y se implementaron los programas de vacunación. Gracias a eso prácticamente se erradicaron enfermedades como la difteria, el tétanos, la poliomielitis, la viruela, las paperas o la rubeola.
La ciencia tiene consecuencias tan tangibles como el aumento de la producción agrícola
La investigación permitió el desarrollo de la revolución verde, que duplicó la producción de cereales en países en vías de desarrollo entre 1961 y 1985 ( si bien creó retos pendientes de resolver). Hizo más rápidos los aviones y más baratos los viajes por todo el mundo. Permitió que lleváramos un ordenador en el bolsillo y que hoy podamos pedir comida a domicilio, circular en coches eléctricos o comprar algo al otro lado del océano en unos pocos clicks. Si sufrimos una enfermedad, los médicos nos hacen análisis de sangre, radiografías o ecografías y usan técnicas de respiración asistida, suero y medicamentos. Todos ellos han sido investigados y puestos a punto por científicos (por cierto, en muchos casos recurriendo a la experimentación animal).

Se podría argumentar también que no todo lo que se investiga es útil. Por ejemplo, se trabaja en campos como las cosmología o la física de partículas, cuando ni los cuásares ni los quarks dan dan de comer a nadie. ¡Además se inventan muchas cosas que fracasan!

La ciencia no siempre es útil

En primer lugar, hay que tener en cuenta que, antes que se pueda desarrollar una aplicación concreta, hay que investigar y saber cómo funcionan las cosas, cuáles son los conceptos básicos o los fundamentos. Esto implica sencillamente investigar movido por la curiosidad, y no saber en ningún momento adónde se podrá llegar, si es que se podrá llegar a alguna parte. Esto, que se llama ciencia básica y que se diferencia de la ciencia aplicada, ya dirigida a aplicaciones concretas, es la base del conocimiento científico.

Como prueba de su importancia comentaré dos cosas. Hoy podemos usar el GPS en el móvil para encontrar el camino a casa gracias a que a principios de siglo Albert Einstein formuló su teoría de la Relatividad. Él no pensó en nada parecido a un GPS (el primer satélite no se lanzó hasta el año 1957), pero gracias a sus cálculos, totalmente inútiles en aquel momento, hoy se sabe cómo funciona el espacio-tiempo y cómo un GPS ha de tenerlo en cuenta. Gracias a que Alexander Fleming tuvo curiosidad por un hecho aparentemente baladí, después se desarrollaron los antibióticos. Gracias a que en los setenta Elizabeth Blackburn investigó la longitud de los extremos de los cromosomas, luego se averiguó que unas estructuras, conocidas como telómeros, tienen un papel clave en las enfermedades, el envejecimiento y el cáncer. Sin curiosidad inicial, el láser no se usaría hoy para comunicaciones, operaciones o procesos industriales. Y como estos, hay miles de ejemplos.

Pongamos uno más bastante llamativo. Todavía hay quienes piensan que jamás estuvimos en la Luna (al igual que hay quienes creen que la Tierra es plana o que la homeopatía tiene propiedades mágicas), pero el famoso programa Apollo no solo permitió que un astronauta pusiera una bandera en la Luna. Además de movilizar la ciencia, la tecnología y la industria de una nación entera, generó numerosos “spin-offs” o aplicaciones. El programa Apollo fue clave para el desarrollo de la tomografía axial computarizada (TAC), los microchips, las herramientas inalámbricas, los termómetros, la conservación de la comida por deshidratación, el aislamiento, el joystick, la televisión por satélite, las lentes anti-arañazos, los calzados más ergonómicos, los detectores de humo, los bañadores con menos rozamiento y los filtros de agua. Por no hablar de que aceleró la carrera espacial, nuestro conocimiento del Sistema Solar, la meteorología espacial y el lanzamiento de miles de satélites que hoy empleamos de forma cotidiana para comunicarnos, reconocer nuestro planeta o hacer transferencias bancarias.

La importancia de comprender

Pero no solo eso. La ciencia tiene una labor al menos tan importante como tratar de mejorar la salud y calidad de vida. Su principal cometido es comprender el Universo. De todo el Universo (incluso de usted). La ciencia estudia esas cosas que existen, por un motivo que desconocemos, y que se basan en leyes y regularidades. Esas cosas que están detrás de la vida, de las estrellas y del tiempo. Quiere entender no solo las galaxias, sino también las partículas subatómicas, las reacciones nucleares, las transformaciones químicas, el funcionamiento del organismo, el comportamiento de los gatos, la naturaleza de la luz del Sol que nos baña, cuántos asteroides caen en la Tierra, cómo diantres funciona el clima, qué transformaciones está sufriendo nuestro planeta y cómo cambiará, por qué los guepardos tienen manchas en su pelaje, hasta qué punto nuestro comportamiento depende de la biología, de dónde venimos, dónde vivimos, adónde vamos.
La ciencia se mueve por y para la necesidad de de comprender el Universo. En la imagen, los “pilares de la creación”, nubes de gas interestelar captadas a 7.000 años luz de la Tierra por el Hubble
Algo nos debe importar, porque llevamos toda nuestra existencia siendo curiosos y haciéndonos las mismas preguntas. De hecho, gracias a la ciencia hoy hablamos de cosas extrañas que jamás hemos visto por aquí, como agujeros negros, galaxias, exoplanetas, neandertales, “big-bangs”, átomos y células. ¿No forman parte ya de nuestra forma de entender quiénes somos?

La dificultad de hacer ciencia

Además, a diferencia de todos los otros sistemas de conocimiento, la ciencia depende su capacidad de poner a prueba nuestra ideas (hipótesis) con evidencias recogidas en el mundo natural. Se alimenta de los hechos para tratar de comprender la realidad. Pero con su trabajo solo saca conclusiones provisionales (cosa que le produce mucho agobio a los que creen que los investigadores son adivinos). Estas conclusiones están siempre sujetas a revisión permanente por millones de científicos de todo el mundo. Por tanto, está en las antípodas del pensamiento mágico, de las soluciones simples para los problemas complejos y de los “crecepelos” milagrosos. ¿No resulta todo esto especialmente importante en el momento en que vivimos ahora?

Sin embargo, todo esto no conlleva que no se vea afectada por las debilidades humanas típicas, como la corrupción o la ambición, o que no dependa de intereses políticos y económicos. Pero yo al menos no conozco otro sistema tan depurado y fiable como este, que sea revisado por personas de todo el globo y en el que los hechos tengan tanto peso.

Adentrarse en lo desconocido es difícil, porque nadie puede guiar nuestros pasos. Investigar el secreto escondido en la materia o la historia escrita en las estrellas requiere desarrollar nuevas tecnologías y estudiar durante muchos años (para aprovechar todo lo que otros ya descubrieron e ignoraron). El proceso es largo, tedioso y a veces extremadamente caro. Con el tiempo, las materias son más complicadas y requieren esfuerzos más colectivos. El dinero es un factor limitante, pero las experiencias pasadas muestran que la inversión puede redundar en un desarrollo social, académico e intelectual. Por lo visto hasta ahora, es muy frecuente que la ciencia acabe generando un retorno para la industria y la sociedad.

Es más, se puede decir que la ciencia es el motor de la prosperidad. En Estados Unidos, se calcula que la tercera parte del crecimiento económico se logró gracias a la ciencia básica hecha desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Y, aparte de eso: ¿Cuántos ingenieros, arquitectos, científicos y estudiantes se formaron gracias a ella? ¿Cómo cambió la forma de pensar de todo el país? ¿Cómo evolucionó el conocimiento, la política y la filosofía?

Por tanto, difundir la idea de que se gasta en ciencia mientras hay hambre en el mundo es crear una falsa dicotomía para ocultar el hecho de que se ignora la importancia y la utilidad de la ciencia. La ciencia es progreso, calidad de vida (al menos según nuestros estándares occidentales), la cura de enfermedades y la comprensión de dónde venimos y dónde estamos. La ciencia es la única que podría avisarnos antes de una potente erupción volcánica, del impacto de un asteroide, de un cambio climático capaz de derrumbar nuestro sistema económico, de  una extinción masiva o del riesgo de llenar nuestros ríos y océanos de botellas de plástico.

Por eso, creo firmemente que la ciencia y la búsqueda de conocimiento que promueve es la única salida para el futuro tan peligroso que tenemos por delante. Sin ella, dudo que fuera posible emprender un esfuerzo global e informado para combatir el hambre, la polución, la destrucción del medio natural, el crecimiento demográfico descontrolado o el calentamiento global. Por favor, apoyen la ciencia.

Fuente: Blogs ABC

Video

¿Esto para qué sirve? – La importancia de la ciencia

“¿Esto para qué sirve?” Seguro que te has hecho esa pregunta ante un descubrimiento científico o una teoría sobre la vida, el universo y todo lo demás. Porque al fin y al cabo, saber cómo se forma una galaxia o cómo muere una estrella no va a arreglarte el coche si se te estropea. Pero… ¿y si te dijera que la ciencia que estudia el bosón de Higgs, los números primos o la superconductividad sí sirve para algo? Para mucho, de hecho. Te lo cuento aquí:

domingo, 28 de enero de 2018

La ciencia de las células que nunca envejecen

elizabeth TRD

La Dra. Elizabeth Helen Blackburn es bioquímica. Descubrió la telomerasa, una enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. Recibió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina 2009 –junto a Carol W. Greider y Jack W. Szostak– precisamente por este motivo, por el descubrimiento de la enzima telomerasa y cómo los cromosomas están protegidos por telómeros.

En esta conferencia de TED2017 Elizabeth Blackburn habla sobre la función de la telomerasa: repone los extremos de los cromosomas que se descomponen cuando las células se dividen. 

Nuestros cuerpos envejecen, nuestra piel se arruga o nuestro sistema inmunológico se debilita debido al deterioro de los telómeros. Elizabeth Blackburn explica cómo la telomerasa es una buena aliada contra el envejecimiento y la enfermedad.
«Nuestros hallazgos significaban que los eventos de la vida de las personas y la forma en que respondemos a estos eventos puede cambiar la manera en que uno mantiene sus telómeros».
¿Qué hace que los cuerpos envejezcan, que la piel se arrugue, que salgan canas, que el sistema inmunológico se debilite? La bióloga Elizabeth Blackburn comparte un Premio Nobel por un trabajo que descubrió la respuesta, por el descubrimiento de la telomerasa, una enzima que repone los extremos de los cromosomas, que se descomponen cuando las células se dividen. 

Obtenga más información acerca de la investigación pionera de Blackburn, que incluye cómo podemos tener más control del que creemos sobre el envejecimiento.

Los telómeros y la telomerasa, la razón del Nobel de Elizabeth Blackburn y Carol Greider

Cuando una célula se divide, parte del material genético situado en los extremos de los cromosomas se pierde, por lo que, como solución, éstos poseen unas estructuras, conocidas como telómeros, compuestas de ADN no codificante, que se encargan de proteger al resto, pues es mucho mejor perder material genético que no codifica nada a permitir que se degeneren las regiones que sí que poseen genes importantes para el desarrollo del organismo.

Estas estructuras ya se conocían cuando Elizabeth Blackburn comenzó sus trabajos como investigadora, pero se sabía muy poco sobre ellos.

Por eso, primero en solitario y después con Carol Greider, a la que se unió en la Universidad de California, comenzó a estudiar las razones por las que estos telómeros se acortaban inevitablemente o se alargaban, prolongando la vida de la célula.

Juntas descubrieron que había una enzima, a la que bautizaron como telomerasa, que tiene la capacidad de alargar estos telómeros, aunque en las células somáticas (no sexuales) ya diferenciadas se inhibe su función, llevando a que cada célula tenga un número máximo de divisiones tras las cuáles comienza el periodo de senescencia.

Gracias a este descubrimiento, pudieron crear telómeros artificiales, que les sirvieron para estudiar la división celular, obteniendo también conclusiones de gran interés, como que las células tumorales no tienen inactiva esta telomerasa, de modo que se siguen duplicando eternamente.

lunes, 23 de octubre de 2017

'La era de la estupidez', las consecuencias del cambio climático

estupidez

  • Un documental que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta

  • Presentado por el actor Pete Postlethwaite

¿Cómo viviremos en el año 2055 si no revertimos el cambio climático? Una pregunta que debería preocuparnos a todos , el documental La era de la estupidez, que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta.

¿Qué pasará si desaparecen nuestras costas? ¿Si las estaciones quedan reducidas a olas de calor y de frío? ¿Si la mayor parte de agua está contaminada? Reservas de combustibles fósiles agotadas, inestabilidad meteorológica, huracanes, tifones destructores, inundaciones, sequías devastadoras...,etc.

¿Cómo viviremos dentro de 40 años cuando la situación sea irreversible? En algún momento tuvimos la oportunidad de hacer algo, pero no se hizo ...
El Londres del futuro si no lo remediamos
Protagonizado por el actor Pete Postlehwaite
Año 2055. Un archivero del futuro, el fallecido actor Pete Postlethwaite, guarda en una torre en alta mar los restos de la humanidad y empieza a ver viejo material de archivo en vídeo desde el año 2008 para entender porqué la humanidad no hizo nada para frenar los efectos del cambio climático cuando aún había margen para revertir el desastre y el colapso de la sociedad.

La Era de la Estupidez (The Age of Stupid) es un documental en clave de ficción que nos invita a reflexionar sobre cómo será la vida cuando acabemos con los recursos de la Tierra y no hayamos conseguido, aunque pudimos, parar el cambio climático.

Del director de documentales Franny Armstrong, la película se estrenó con éxito de crítica en el 2009 y fue pionera en autofinanciarse gracias al modelo de "crowdfunding".

La era de la estupidez llegó a las pantallas para intentar sacudir conciencias, sobre todo las de los responsables políticos y repasar a algunas de las “estupideces” que estamos cometiendo como especie.
El Sidney del futuro si no lo remediamos
Realista y dramática
Durante 4 años el equipo del documental grabó las historias de 7 personajes reales que se mezclan con el personaje de ficción de Pete Postlethwaite: un empresario indio que lanza una nueva aerolínea de bajo coste, un empleado de Shell en Nueva Orleans que rescató a más de 100 personas durante el huracán Katrina, un guía de montaña francés de 82 años testigo del deshielo de sus amados glaciares, dos niños refugiados iraquíes en busca de su hermano mayor, una mujer médico que vive en la pobreza extrema en el mayor área de explotación de petróleo de Nigeria y un desarrollador de parques eólicos en el Reino Unido que lucha con su familia por reducir su huella ecológica y contra los vecinos que no quieren molinos de viento junto a sus casas.

La película documental advierte en sus primeros minutos que está basada en "las predicciones de la ciencia dominante".

"Todo lo mostrado sobre el presente y el pasado son noticias reales y grabaciones de archivo". Es decir, que todo lo que vemos en este documental son predicciones hechas por los mejores científicos del planeta para las próximas dos décadas y pintan un escenario realista, dramático y apocalíptico que nos debería hacer reaccionar.
El Taj Mahal tampoco se salvará de la destrucción

Fuente: RTVE.es

Vídeo:

La era de la estupidez – Documental

La era de la estupidez (Age of stupid) es un documental dirigido por Fanny Armstrong, una documentalista británica, activista contra el cambio climático. Desde el comienzo la película advierte que lo que mostrará del futuro está basado en predicciones científicas y que lo que se verá del presente son imágenes verídicas, documentales. Tras esa advertencia la película shockea con un planeta Tierra devastado en el año 2055. Australia está en llamas. Las Vegas cubierto por la arena. El ártico es un océano fuera de control y sin hielo. Londres está bajo el agua. El Taj Mahal, en India, destruido por vaya a saber qué guerra.

En la película, el británico Pete Postlethwaite (“el mejor actor del mundo”, según Steven Spielberg), es un archivista que se encargó de preservar todo aquello que ya desapareció de la faz de la Tierra en una base elevada cientos de metros sobre el océano Ártico. En esta especie de Arca de Noé del futuro conviven embalsamados los animales que jamás volverán a caminar sobre el planeta con los documentos y piezas que registran miles de años de historia humana. Allí el archivista graba un mensaje para la posteridad, revisando imágenes documentales y periodísticas del año 2007, tratando de comprender qué hacía el hombre mientras destruía el planeta y se encaminaba hacia su final.

“No fuimos la primera forma viviente en desaparecer. Pero lo que es único es que lo hicimos sabiéndolo. ¿Qué es lo que eso dice sobre nosotros? La pregunta que me he estado haciendo es ¿por qué no nos salvamos cuando pudimos hacerlo?”, dice apesadumbrado mientras graba su video con la esperanza de que alguien, en algún lugar del espacio escuche su historia y no repita nuestros errores.




Fuente: RTVE.es

martes, 3 de octubre de 2017

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil

Lawrence Krauss  Enseñar creacionismo es abuso infantil
El doctor Lawrence Krauss habla de las nociones preestablecidas que tenemos los humanos, incluso cuando se contradicen con la realidad. Para explicarlo, usa como ejemplo al senador norteamericano Marco Rubio, a quien considera como un hombre razonablemente inteligente y educado.

Ante la pregunta sobre la edad de nuestro planeta, la Tierra, el senador Marco Rubio contesta que es un gran misterio. Krauss no se sabe si de verdad lo cree o está tratando de ser políticamente correcto.

Sea como fuere, el político aboga por enseñar a los niños dos ideas, la creacionista, que estipula que nuestro mundo tienen 6000 años, y la científica, que lo data en casi 5 mil millones de años de antigüedad.

Según el doctor Krauss, muchos pensarán que no se deben ofender las creencias religiosas.

No obstante, para este gran científico, enseñar a los jóvenes que la Tierra tiene 6000 años es como decirles que la distancia de costa a costa de los Estados Unidos es de 17 pies.

El propósito de la educación

Para el doctor Krauss, el propósito de la educación nunca debe ser validar la ignorancia, jamás defenderla ni dimensionarla.

El 50 % de los habitantes de Estados Unidos creen que el Sol gira alrededor de la Tierra, aun cuando está científicamente probado que no es así.

¿Significa eso que hay que enseñar en las escuelas las teorías anti-Galileanas y anti-Copernicanas y decir que la Tierra gira alrededor del Sol? Absolutamente no.

Así pues, es evidente que demasiada gente está interesada en hacer creer a los demás que la Tierra tiene 6000 años, lo que significa que los científicos y profesores tienen que hacer un mejor trabajo en cuanto a física y biología.

Otro gran problema de la educación actual es que mucha gente no reconoce la teoría de la evolución. No obstante, la evolución es la base de la biología moderna.
Es decir, hay que hacer un mejor trabajo educativo a este respecto, pues el objetivo de la enseñanza nunca puede ser validar la ignorancia, sino superarla.

Para el doctor Krauss, no se debería permitir que un senador de los Estados Unidos pueda manifestar sinsentidos con total impunidad en temas de vital importancia, pues es la salud y el futuro de la sociedad lo que está en juego.

Por último, Krauss insiste en decir que la base de la economía futura es la tecnología y la biotecnología.

Si se acepta y promulgan sinsentidos en las escuelas, están garantizando que los jóvenes norteamericanos caerán ante un mundo competitivo que depende de una fuerza de trabajo capacitada que pueda entender y manipular la tecnología y la ciencia.

Vídeo:

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil


El poder invisible de los microbios

Peste, tifus o tuberculosis: en el curso de la historia, las enfermedades causadas por bacterias se han cobrado la vida de infinidad de personas. No obstante, sólo el uno por ciento de las bacterias conocidas son agentes patógenos. El reportaje trata de microorganismos que habitan en el cuerpo de seres vivos, en insectos minúsculos y en mamíferos como el ser humano.

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Las bacterias están en todas partes: en el suelo, en el agua y en el aire. 

Desde el insecto más pequeño hasta el ser humano, no hay ningún ser vivo en la Tierra que no esté poblado por bacterias. La ciencia comienza hoy a comprender paulatinamente su complejo papel. Sin bacterias, el aparato digestivo humano, el sistema inmunológico e incluso el aparato reproductor no funcionarían. En el cuerpo humano hay diez veces más bacterias que células, y ahora la ciencia empieza a entender por qué. Sin estos minúsculos habitantes muchas cosas no funcionarían. Parece que las bacterias tuvieron una función mucho más importante en la evolución y en el origen de las especies de lo que se suponía hasta el momento. Gracias a la simbiosis con las bacterias, el calamar enano que habita en Hawái puede iluminarse en su interior y vencer a sus enemigos. Un gusano de mar que vive frente a las costas del Elba es capaz de alimentarse sin disponer de aparato digestivo, y también la reproducción en una especie de avispa es unisexual gracias a una bacteria. ¿Hasta dónde llega el poder invisible de los microbios? Un fascinante reportaje sobre los microorganismos.


Fuente:  DW (Español)

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