2..El método de la autoridad. Aquí la “tenacidad” se hace colectiva. “Supongamos que actúe la voluntad del Estado en lugar de la del individuo, que se cree una institución cuyo objeto sea ofrecer las doctrinas correctas a la atención del pueblo, reiterarlas perpetuamente y enseñarlas a la
juventud, teniendo al mismo tiempo el poder de impedir que las doctrinas contrarias sean enseñadas, defendidas o expresadas.”
3.El método de las preferencias naturales. Se acepta como verdadero aquello que resulta “agradable a la razón”, aquello que está dentro de nuestras inclinaciones intelectuales. Según Peirce, muchos filósofos siguieron este método.
4.El método de la ciencia. Su hipótesis fundamental, formulada en lenguaje familiar, es ésta: “Hay cosas reales, cuyos caracteres son enteramente independientes de nuestras opiniones acerca de ellos…, y podemos averiguar mediante el razonamiento cómo son las cosas real y verdaderamente”.
Claro está, con los tres primeros métodos, el hombre puede llegar a sentirse seguro y hasta feliz (mientras dure el engaño). Pero, desde luego, no conocerá la realidad, sino que será esclavo de sus opiniones.
Etimológicamente, la
palabra ciencia proviene del latín ‘scire’, que significa saber, es decir que la definición básica de ciencia es conocimiento, o más concretamente, conocimiento humano.
El ser humano domina y moldea la naturaleza, sometiéndola a sus propias necesidades; reconstruye la sociedad y es, a su vez, reconstruido por ella; trata luego de remoldear este ambiente artificial para adaptarlo a sus propias necesidades materiales y espirituales, así como a sus ideales: crea así el mundo de los artefactos y
el mundo de la cultura.
La ciencia es una actividad eminentemente social: en cuanto se aplica al mejoramiento de nuestro medio natural y artificial, a la invención y manufactura de bienes materiales y culturales, la ciencia se convierte en tecnología.
Entre las principales características de la ciencia estarían las siguientes: es fáctica (parte de los hechos, los respeta, hasta cierto punto y siempre vuelve a ellos), trasciende a los hechos (descarta hechos, produce nuevos hechos y los explica), es analítica (aborda problemas circunscriptos, uno a uno, y trata de descomponerlos, de entender sus componentes; intenta descubrir los elementos que componen cada totalidad, y las interconexiones que explican su integración), es especializada (trata problemas específicos, ya sea de las ciencias naturales, sociales o formales.
Estos géneros difieren en cuanto al asunto, a las técnicas y al grado de desarrollo, no así en lo que respecta al objetivo, método y alcance), es clara y precisa (sus problemas son distintos, sus resultados son claros), es comunicable (expresa información a quien haya sido adiestrado para entenderla), es verificable (debe superar el examen de la experiencia.
Para realizar esto se pueden utilizar diferentes técnicas: la experimentación, observación, etc. Esto depende del tipo de objeto, de las hipótesis en cuestión y de los medios disponibles), es metódica (no es errática, sino planeada. Los investigadores no prueban en la oscuridad: saben lo que buscan y cómo encontrarlo), es sistemática (una ciencia no es un agregado de información inconexa, sino un sistema de ideas conectadas lógicamente entre sí), es general (ubica los hechos singulares en pautas generales, los enunciados particulares en esquemas amplios), es legal (busca leyes de la naturaleza y de la cultura y las aplica.
En la medida en que la ciencia es legal, es esencialista: intenta llegar a la raíz de las cosas), es explicativa (intenta explicar los hechos en términos de leyes, y las leyes en términos de principios.
Procura responder al por qué ocurren los hechos, cómo ocurren y por qué no ocurren de otra manera), es predictiva (trasciende la masa de los hechos de la experiencia, imaginando cómo puede haber sido el pasado y cómo podrá ser el futuro), es abierta (las nociones acerca de nuestro medio natural o social, o acerca del yo, no son finales, están todas en movimiento, todas son falibles. Siempre es concebible que pueda surgir una nueva situación en que nuestras ideas, por firmemente establecidas que parezcan, resulten inadecuadas en algún sentido), es útil (porque busca a la verdad. La ciencia es eficaz en la provisión de herramientas para el bien y el mal.
La sociedad moderna paga la investigación porque ha aprendido que rinde. Es cosa de los técnicos emplear el conocimiento científico con fines prácticos, y los científicos pueden, a lo sumo, aconsejar acerca del cómo puede hacerse uso racional, eficaz y bueno de la ciencia). En síntesis, la ciencia es valiosa como herramienta para dominar la naturaleza y remodelar la sociedad. Es valiosa en sí misma, como clave para la inteligencia del mundo y del yo. Y es eficaz, en el enriquecimiento de la disciplina y la liberación de nuestra mente.

La ciencia ha demostrado ser la herramienta principal y más fiable de la especie humana para la adquisición de conocimiento cierto. Desde el inicio de la revolución científica a mediados del siglo XVI, ningún otro modelo filosófico ha logrado hacerle sombra. Su poder es evidente: permite descubrir y comprender el universo que nos rodea, otorga la posibilidad de desarrollar
tecnologías avanzadas, pone en nuestras manos la capacidad de alcanzar conclusiones objetivas. En cada instante de su evolución, la ciencia ha ofrecido a la humanidad lo más parecido a la verdad que era posible conseguir en ese momento.
La ciencia ha tenido también el poder de traernos inmensos beneficios que nos arrastraron desde la pobreza, la ignorancia y la superstición de la Edad Media hasta las sociedades contemporáneas y los confines del universo conocido. Antes de su llegada, todos los humanos vivíamos en una versión extrema de lo que hoy en día denominamos Tercer Mundo. Gracias a la ciencia, la esperanza de vida para la generalidad de nuestra especie ha aumentado de 30 a 70 años: más de una vida extra para cada ser humano. Uno de cada tres niños moría antes de alcanzar los cinco años de edad; ahora sobreviven 19 de cada 20 y, en los países más desarrollados, 99 de cada 100. Todo lo que nos rodea es resultado en mayor o menor medida de la Revolución Científica.
Todo esto es obra de la ciencia, junto a muchísimas otras cosas. Incluso en el plano de las ideas, resultaría muy complicado imaginar los modernos conceptos de libertad, derechos y democracia si nadie hubiera puesto en tela de juicio el orden tradicional y las supercherías antiguas a través de formas de pensamiento crítico cuya historia discurre trenzada inseparablemente a la historia del pensamiento científico.
La ciencia ha transformado nuestro mundo moderno de manera profunda y espectacular. Ha sacudido tanto cada aspecto de la vida, que es imposible escapar a su alcance, para bien o para mal. Si hemos de hacer caso a Peirce, la ciencia pretende liberar al hombre de sus opiniones subjetivas y mal fundadas, y hacerle conocer la realidad (por supuesto, la ciencia presupone que existe una realidad fuera de nosotros, que “la realidad” no es producto de la mente humana). ¿Cómo lo consigue? Digámoslo brevemente: toda ciencia pretende -en mayor o menor medida- explicar, comprender y predecir.
Pero, ¿por qué la ciencia es tan poderosa? ¿Es verdaderamente posible que haya una vía para conocer la Verdad?
La ciencia, como el arte, es una forma de conocimiento sistemático, pero hay diferencias cruciales entre las dos. En el arte, la sistematización del conocimiento se basa en preferencias individuales, criterios para belleza o, si se prefiere, estética y emociones. Los grandes artistas y creadores de logros intelectuales van más allá de las primeras impresiones buscando comunicar mensajes ocultos, imaginados y enteramente ficticios, invisibles a los ojos de la gente ordinaria.
Solamente una persona equipada con suficiente experiencia puede dar sentido a una auténtica obra de arte. Solamente aquellos que pueden reconocer un estilo específico, con sus formas, simbolismo, sitios de producción y periodo de tiempo pueden capturar lo que significa. Las obras de la mente son subjetivas. Están ligadas a sus autores y dependen de ellos.
En ciencia, la sistematización es algo distinto. Si el arte es una cuestión de gusto, la ciencia produce una descripción veraz de la naturaleza. Aquí, sistematizar significa profundizar, pesar, medir, cronometrar, discutir, razonar y construir lógicamente, rehusar el subjetivismo, poner a un lado las preferencias propias y mantenerse a uno mismo fuera de la imagen.
El conocimiento científico busca comprender la naturaleza y el universo en que vivimos a través de elementos conocidos, concretos y objetivos. Este tipo de conocimiento tiene sus reglas. Los científicos hacen pronunciamientos basados en argumentos razonados.
El acercamiento científico perfecto es la demostración. Una demostración es un argumento claro y completo. En ciencia, una demostración puede ser también algo práctico como un experimento de laboratorio, que demuestra un fenómeno, establece causa y efecto. Una demostración muestra resultados con certeza y hace posible la generalización, que conduce a predicciones.
Tal es el caso de la ciencia moderna, comparada con las ciencias antiguas que, con su proximidad a la religión, usaba la autoridad para ganar argumentos y que cuestionaba sobre todo el “por qué” de las cosas.
La ciencia moderna empieza con la duda sistemática o lo que el sociólogo estadounidense Robert K. Merton llama “escepticismo organizado”. La ciencia moderna surgió en el siglo XVII -durante el periodo de la Ilustración– y se basa en los hechos observables. La ciencia coteja hechos contra la realidad mediante experimentos. Es por esto que la ciencia necesita laboratorios y herramientas para estudiarlo todo, desde la partícula más minúscula hasta el universo entero. La ciencia establece rigurosos métodos con instrumentos confiables para acumular evidencia con la cual puede demostrar o refutar una hipótesis.
La ciencia evalúa sus propios métodos y reexamina sus propias pruebas. Idealmente, la ciencia experimental es independiente de la persona que hace la observación o realiza el experimento.
Es objetiva e impersonal, y acorde con la realidad observada y otro conocimiento confirmado. La ciencia da resultados claros, lógicos, exentos de ambigüedad. Su validez puede ser verificada o refutada usando argumento y razón. Los resultados científicos tienen que sobrevivir a pruebas duras y escrupulosas.
Esto es racionalidad científica. La ciencia moderna deduce la verdad a partir de los hechos, verificados por experimentación metódica. Los experimentos dicen cuánto miden las cosas y fenómenos, cuánto pesan, cuánto duran, en qué dirección van, etc. Los experimentos ofrecen datos matemáticos. Mientras que la ciencia antigua trataba de explicar el “por qué” de las cosas, la ciencia moderna aspira a contestar el “cómo” de las cosas. Pero, ¿cómo funciona la ciencia?