El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

“Ahora para encontrar trabajo hace falta un máster. ¿Qué será lo próximo? ¿El Nobel? Entrevista al educador Ken Robinson

Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

Historia del Universo

Diagrama representativo de la historia del universo.

Para todas las mentes curiosas

con inquietud de conocimiento.

Neuronas

Conexiones sinápticas.

Química

Tabla Periódica de los elementos.

Tecnología

Al alcance de nuestras manos.

Moléculas y el espacio

FRASES DE CIENCIA

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Cuando la “nada”, según la ciencia, es “algo”



Por Rafael Alemañ


Resumen. El anuncio en julio de 2012 de los primeros indicios experimentales sobre la existencia del bosón de Higgs, reavivó el interés de la secular debate sobre el significado de conceptos como el vacío, los campos físicos o incluso la propia noción de espacio. La evolución de sus interpretaciones revela mutaciones profundas en nuestra visión de la naturaleza. En este artículo se pretende exponer la complejidad del concepto de vacío, clásico y cuántico, así como su relación con otras propiedades del espacio-tiempo, como la gravitación. Consecuencia de todo ello es que el moderno concepto de vacío físico encierra una enorme riqueza conceptual todavía por explorar.

1.1 Introducción

La mayoría de nosotros, en los momentos de crisis, solemos identificar el vacío con el estado de nuestros bolsillos o con nuestras perspectivas de futuro. El vacío, la ausencia de cualquier cosa concebible, parece ser el estado físico más simple de abordar por el mero hecho de que su propia definición implica que nada hay en él que describir. Y esa idea resulta ajustada a la realidad –y no del todo– dentro del marco que nos proporcionaba la física clásica.

Pero cuando la teoría cuántica entró en escena a principios del siglo XX, las sacudidas provocadas en el conjunto de nuestro conocimiento del mundo físico no dejaron indiferente ni siquiera al apacible vacío. Desde entonces lo que aparentaba no contener cosa alguna se convirtió en un bullicioso mar de partículas virtuales, apareciendo y despareciendo como por ensalmo. O esa es, al menos, la imagen que nos transmite la mayoría de los manuales de divulgación científica cuando se atreven a abordar este tema, algo no demasiado frecuente.

Buena parte de razón no les falta, porque se trata de una imagen muy impactante y bastante cercana a la realidad. Sin embargo, son también muchas las imprecisiones que se suelen mezclar con las exposiciones al uso de las propiedades cuánticas del vacío. El motivo de tales confusiones, sin duda, estriba en que el vacío cuántico es un estado físico peculiar, lleno de sutilezas y complejidades que ni siquiera los expertos dominan por completo. Debemos, pues, mostrar indulgencia con los errores ajenos si esperamos tenerla con los nuestros. Aun así, merecerá la pena sumergirnos en el fascinante descenso a las entrañas del vacío cuántico, donde nos esperan fenómenos asombrosos y enigmas inquietantes.

1.2 Primeros pasos en el vacío

Aristóteles rechazó la existencia en el mundo real del vacío absoluto –la completa ausencia de cualquier cosa– razonando por reducción al absurdo sobre la base de su propia concepción del movimiento físico. Para el filósofo griego una mera observación de los hechos cotidianos probaba que la velocidad de los cuerpos impulsados por una fuerza determinada, dependía de la resistencia del medio en el que se desplazasen. Un individuo que corriese con el agua hasta la cintura, digamos, encontraría más resistencia a su avance que quien lo hiciese en el aire, y éste último se movería lógicamente con mayor velocidad. Aristóteles dedujo así que un objeto sobre el que actúa una fuerza cualquiera, de hallarse en el vacio absoluto, no encontraría oposición alguna a su avance y alcanzaría una velocidad infinita. Los filósofos griegos se llevaban mal con el infinito, de modo que esta conclusión le pareció a Aristóteles una buena excusa para proscribir la existencia del vacío.

De esta convicción nació la idea del “horror al vacío” (el horror vacuum de los clásicos) que de forma tan natural explicaba numerosas observaciones de la vida diaria. El efecto de los sifones neumáticos era una de ellas; tomemos un tubo de goma no muy largo, y cerrando uno de sus extremos aspiremos con fuerza por el otro mientras lo sumergimos en un líquido. Si en el mismo instante de la inmersión abrimos el extremo cerrado y dejamos de aspirar por el otro, comprobaremos que un flujo de líquido comenzará a salir por el orificio abierto. La explicación aristotélica era obvia: al aspirar hemos creado un vacío –imperfecto, pero vacío al fin y al cabo– dentro del tubo, circunstancia que la naturaleza trata de compensar llenándolo con el líquido lanzado a su través.

El debate sobre el vacío se prolongó hasta el siglo XVII, cuando dos titanes intelectuales como Descartes y Newton tomaron partido por cada una de las opiniones en liza. El francés René Descartes (1596 – 1650), que en esto podría ser considerado el último de los autores aristotélicos notables, no creía en el vacío en modo alguno (Gaukroger 2002). A su juicio, desde los espacios entre cuerpos celestes hasta los huecos entre las partes más pequeñas de cualquier objeto, se hallaban permeados por un fluido sutil que –también en la tradición griega– llamaba “éter” (Lorentz 1927). Los vórtices y remolinos en el éter explicaban, por ejemplo, el movimiento incesante de los astros.

Por el contrario, el inglés Isaac Newton (1643 – 1727) sí admitía la posibilidad de un vacío perfecto, en el cual se moviesen los cuerpos físicos bajo la acción de las fuerzas contempladas en sus leyes del movimiento. No había en la mecánica de Newton impedimento alguno para que un objeto sometido a una fuerza constante acelerase hasta una velocidad infinita, aunque para ello necesitase también un tiempo infinito; el límite de la velocidad de la luz aún quedaba lejos en el horizonte histórico.

Pese a ello, el genio británico fracasó en la búsqueda de un proceso físico que explicase la propagación de la fuerza gravitatoria entre cuerpos, como los celestes, sin contacto mutuo. Las bolas de billar entrechocando sobre un tablero constituían un magnífico ejemplo de sus otras leyes dinámicas, pero nada había que explicase la atracción de la gravedad a distancia a través del espacio vacío entre estrellas y planetas. Así que finalmente incluso Newton hubo de admitir la hipotética presencia de un éter cuyas vibraciones serían las responsables de producir las atracciones expresadas en su ley de la gravitación universal.

La noción del éter como un fluido omnipresente que llenaba el universo hasta sus más íntimos intersticios, sobrevivió hasta principios del siglo XX, debido a que se consideraba la única explicación plausible para justificar la transmisión de ondas electromagnéticas a través del vacío sideral. En la física clásica toda onda se entendía como una oscilación en un medio elástico preexistente, ya fuesen olas en el agua o vibraciones en el aire como las del sonido. La luz era una onda electromagnética, y por tanto parecía obligado a buscar un medio que actuase como soporte material de sus vibraciones. Para explicar que la luz emitida por el Sol llegase hasta la Tierra, el éter se suponía el mejor candidato disponible; de hecho el único. La relatividad de Einstein lo despojó de su única función, aceptando que las ondas electromagnéticas pueden propagarse en el vacío a diferencia de las ondas elásticas usuales, y el éter se sumió lentamente en el olvido.
Los avances tecnológicos del siglo XVIII demostraron que el supuesto “horror al vacío” no era tal, sino la manifestación de una propiedad física previamente ignorada, la presión atmosférica (De Segovia 2010). En efecto, el aire, como cualquier sistema material, se ve atraído gravitatoriamente por nuestro planeta, y es el peso de la columna de aire que descansa sobre un determinado punto de la superficie terrestre lo que denominamos presión atmosférica en ese punto. Más que en el horror de la naturaleza al vacío creado dentro del tubo, la causa del efecto sifón antes mencionado había de buscarse en la diferencia de presiones que producía la succión entre ambos extremos. La bomba de vacío puesta a punto durante el Siglo de las Luces, así como los experimentos de Torricelli para estimar la presión atmosférica (empleando columnas de vidrio llenas de mercurio), allanaron el camino para admitir que, después de todo, el vacío sí era un estado físicamente asequible.

1.3 El vacío clásico, no tan vacío

Una de las formas más cómodas de estimar el grado de vacío en el interior de una vasija cerrada, consistía en aplicarle cuidadosamente un manómetro para tener una lectura directa de la presión en su interior. A mayor vacío, menor presión; pocas dudas había al respecto. Y en el caso límite, se tendría una presión cero al llegar a un vacío absoluto. Se reconocía que quizás no había bombas de succión tan poderosas como para llegar a ese resultado, pero también se afirmaba que semejante dificultad era tan solo de carácter técnico, no teórico. No parecía haber un impedimento de principio que impidiese obtener un vacío perfecto. ¿O sí lo había? Pues en realidad sí, ya que aún faltaba por entrar en escena un protagonista indispensable en este drama.

El siglo XIX saludó la consolidación de una nueva rama de la ciencia física dedicada al estudio de los intercambios energéticos, la temodinámica, que tan relevante papel jugaría en la trepidante Revolución Industrial entonces en curso. De sus avances aplicados a los primeros modelos atómicos de la materia, se dedujo que la temperatura representaba la energía media de vibración de los átomos o las moléculas de un objeto. Una escala de temperaturas basada en esta interpretación, asignaría el valor cero al estado en que tales componentes microscópicos carecen de todo movimiento. Si los átomos de un material se encuentran en reposo, tanto su energía de vibración como la temperatura a ella asociada se anularán. Semejante escala térmica recibió el nombre de "escala absoluta de temperaturas", o también "escala Kelvin" en honor a William Thomson (1824 - 1907), Lord Kelvin, el científico británico que la ideó. Ahora bien, investigaciones realizadas por James Dewar (1842 – 1923), Walther Nernst (1864 – 1941) y Max Planck (1858 – 1947) determinaron la imposibilidad de enfriar cualquier sistema físico hasta el cero absoluto en un número finito de etapas sucesivas. El que más tarde sería conocido como el Tercer Principio de la Termodinámica, relegaba el cero absoluto a la condición de estado ideal inalcanzable en la práctica.

Tal vez no lo pareciese, pero tales cuestiones revestían gran importancia para la discusión sobre la posibilidad física de lograr un vacío perfecto. La teoría electromagnética −cuyos progresos también marcaron el siglo XIX− afirmaba que cualquier cuerpo por encima del cero absoluto emitiría algún tipo de radiación. Por tanto, aunque tomásemos un recipiente y lo vaciásemos por completo de todo su contenido mediante potentísimas bombas de succión, todavía nos quedarían las radiaciones electromagnéticas que penetrasen desde el exterior. Y si consiguiésemos aislarlo de las radiaciones externas, no podemos olvidar que las paredes del contenedor, dado que no podrían enfriarse hasta el cero absoluto, emitirían una cierta radiación que llenaría ese espacio interior supuestamente vacío.
El problema no era desdeñable, por cuanto el escocés James Clerk Maxwell (1831 – 1879), uno de los fundadores del electromagnetismo, hablaba en su magna obra Tratado sobre la Electricidad y el Magnetismo (1873), de la presión ejercida sobre una superficie por la radiación electromagnética. Y no cabe duda de la inconveniencia de considerar vacío un recipiente en cuyo interior existe un ente físico, la radiación electromagnética, capaz de ejercer presión sobre sus paredes.

Con todo, los físicos no se desanimaron. Era verdad que ahora sí existía un obstáculo fundamental que imposibilitaba enfriar un sistema hasta el cero absoluto, y que contando con la radiación ambiental ningún recipiente estaría completamente vacío. Pero también resultaba cierto que las leyes naturales permitían una aproximación arbitrariamente cercana a ese vacío ideal. Aunque jamás lo alcanzásemos, el vacío estaría cada vez más y más cerca de nosotros. O eso se suponía hasta la irrupción en el escenario de la teoría cuántica.

1.4 Osciladores cuánticos

En el plano científico, el siglo XX se recordará por haber acogido dos de las grandes revulsiones intelectuales de la historia humana: la relatividad y la física cuántica. La primera nos enseñó la esencial equivalencia entre masa y energía, la inextricable conexión entre el espacio y el tiempo, así como la interpretación de la gravedad en términos de la curvatura espacio-temporal. A la segunda debemos que el pulcro y gentil mundo macroscópico, gobernado por leyes deterministas, se disolviese a nivel microscópico en un bullicio fantasmal de partículas carentes de atributos tan esenciales para nuestra comprensión como la forma, la posición o la velocidad.

Era inevitable que estas dos grandes realizaciones científicas dejaran pronto su huella sobre el problema del vacío. En la fase que se dio en llamar "primera cuantización", los investigadores se ocuparon de explorar las nuevas propiedades cuánticas de las partículas materiales conocidas entonces (átomos, protones, electrones,...), mientras se dejaba para un segundo paso, denominado "segunda cuantización", la búsqueda de una descripción cuántica que abarcase tanto la materia como los campos de fuerzas (Aitchison 1985).

Ese último peldaño se ascendió con los primeros balbuceos de las teorías cuánticas de campos, las cuales concebían dichos campos de fuerzas como invisibles mallas de osciladores (algo similar a pequeñas masas unidas por muelles) extendidas por todo el espacio. Aplicando esta imagen al electromagnetismo, por ejemplo, las ondas electromagnéticas se explicarían como cambios en las tensiones de esos muelles que se propagan por el espacio obedeciendo una cierta ecuación diferencial (la ecuación de ondas). El hecho de que tales osciladores sólo puedan efectuar ciertos tipos de vibración, revela la vertiente cuántica de este fenómeno.

La táctica de razonar sobre los campos mediante modelos de osciladores cuantizados, contaba con una venerable tradición a sus espaldas. Basándose en trabajos previos de Max Planck (1900) sobre emisores oscilantes de energía, Otto Stern (1888 – 1969) y Albert Einstein (1879 – 1955) dedujeron en 1913 la existencia de una energía residual que todo oscilador cuántico debía poseer incluso aunque estuviese a la temperatura de cero grados Kelvin. Esa "energía del punto cero" (Nullpunktsenergie en alemán) era igual a la mitad del producto de la constante de Planck por la frecuencia mínima del oscilador. Como veremos más adelante, la constatación de que no parece haber una frecuencia mínima para muchos sistemas oscilatorios no hace más que oscurecer el problema.

Las célebres desigualdades de Heisenberg se utilizan a menudo para justificar esta energía remanente, dado que si uno de esos osciladores estuviese en perfecto reposo podrían determinarse a la vez con absoluta precisión su posición (en el punto de equilibrio) y su velocidad (igual a cero). Una situación tal se halla completamente prohibida por las desigualdades de Heisenberg, de modo que incluso en el cero absoluto el oscilador debe tener una distribución de valores de posición y de impulso (el producto de su masa por su velocidad) que satisfaga dichas desigualdades. Y ya que la energía es proporcional al impulso, ese mismo resultado implica que la energía del sistema también debe ser mayor que cero. En consecuencia, la física cuántica ni siquiera permite −como si hacía la clásica− un acercamiento arbitrario al cero absoluto, y por tanto tampoco al vacío absoluto.

Con un gran esfuerzo de la imaginación podemos admitir osciladores en los que siempre queda un residuo energético imposible de extraer, pero la situación empeora cuando nos referimos al espacio vacío. De acuerdo con la teoría cuántica, también allí hay algo. Entonces la mente se desboca, y suelen acudir las denominadas “relaciones de incertidumbre energía-tiempo”. En la mayoría de los manuales de divulgación al uso se cuenta que las desigualdades de Heisenberg se aplican también a la energía de un sistema y al tiempo que la posee (Desde luego que esto no es cierto. El tiempo, en palabras de Dirac, era una magnitud sin dispersión, y por ello no sometida a desigualdades como las de Heisenberg). Por este procedimiento, y como si fuese arte de magia, un objeto puede obtener energía de la nada a condición de que la devuelva en un tiempo tan breve que el universo no se dé por enterado.
El vacío cuántico se comportaría, así pues, como un prestamista indulgente: nos permite desviarnos del equilibrio en nuestro balance energético, a condición de que tomemos menos cantidad de energía cuanto mayor sea el tiempo que dure el préstamo. Por eso, si tomamos prestada una gran cantidad de energía de la nada, tendremos que devolverla en un periodo proporcionalmente más breve; cuando somos menos codiciosos y la energía tomada es menor, su posesión puede durar algo  más antes de devolverla a la nada de la que provino. Gracias a la equivalencia relativista entre masa y energía, estos préstamos energéticos se traducen en la aparición de partículas llamadas virtuales en el espacio vacío; partículas que acto seguido se aniquilan con una rapidez mayor cuanto más pesadas sean. La conservación de la energía se viola, es cierto, pero de una forma tan pudorosa que nadie puede dar testimonio de ello.

Naturalmente, eso no es lo que sucede, si bien la metáfora del préstamo cuya cuantía es inversamente proporcional a su duración, resulta muy fácil de manejar ante el público no experto. De hecho, la teoría cuántica sí respeta la conservación de la energía, y es curioso que la controversia que enfrentó a Einstein con Bohr sobre el llamado efecto BKS –en la que Bohr salió derrotado– giraba precisamente en torno a este tema. Se trataba de determinar si un cierto fenómeno atómico demostraba que la energía sólo se conservaba en sentido estadístico (es decir, como el promedio de muchos resultados) en algunos proceso cuánticos, o si probaba lo contrario. Los experimentos confirmaron la conservación estricta de la energía, y la postura de quienes opinaban como Einstein quedó reivindicada (Pais 1984, pp. 418 - 424).

1.5 Partículas virtuales

Al igual que cuando aplicamos razonamientos newtonianos a problemas relativistas –como si la relatividad fuese un simple retoque de la mecánica de Newton– solemos pensar sobre los problemas cuánticos en términos clásicos y nos vemos así enfrentados a paradojas insolubles. No es que la física cuántica sea diáfana en sus conceptos, pero sí tiene una lógica interna que, pese a desafiar nuestro sentido común, se respeta férreamente.

La metáfora que identifica las partículas virtuales con un crédito fugaz concedido por el vacío, parte de la idea del vacío clásico como algo ya establecido. Tenemos un vacío total perfectamente bien definido donde se respeta la conservación de la energía; y si aparecen de la nada parejas partícula-antipartícula, aunque luego se aniquilen, es porque dicha conservación se ha infringido. Pero no hay tal infracción, sino el fallo de olvidar que el vacío clásico –con sus características bien determinadas– simplemente no existe. Lo que realmente existe es ese vacío cuántico con una rica estructura, que de ningún modo debe considerarse como una alteración estrafalaria del vacío clásico.
En el vacío clásico –esa ficción inexistente en la realidad– para cualquier campo de fuerzas se anula tanto su valor medio como su desviación cuadrática media. Pensemos en un campo eléctrico ε para fijar ideas. La condición anterior significaría que hεi y hε2i son ambos iguales a cero. Por el contrario, en el vacío cuántico –el único realmente existente– se cumple hεi = 0, pero hε2i 6= 0. ¿Qué significa esto? Veamos un ejemplo sencillo para comprenderlo mejor.

Imaginemos dos corredores gemelos en el centro de un gimnasio que salen corriendo a la vez en sentidos opuestos hacia cada una de las paredes del recinto. Cuando llegan allí vuelven hacia su posición inicial la cruzan, llegan a la pared opuesta y comienzan el ciclo de nuevo. Suponiendo que parten en el mismo instante y corren siempre con igual velocidad, ambos atletas estarán en cada momento a la misma distancia del centro del gimnasio (nuestro origen de referencia) y sus velocidades tendrán  signo contrario, de forma que el promedio será nulo. Pero si tomamos el cuadrado de dichas velocidades –lo que es una manera de prescindir del signo– observaremos que el promedio es distinto de cero.

Y ahí reside el nudo de la cuestión. La simetría del ejemplo impone que una magnitud estadística escogida para describir el sistema en su conjunto, el promedio de las velocidades de ambos corredores, se anule con respecto al origen de referencia escogido. Pero si prescindimos de los signos de las velocidades, indicativos de su orientación, y nos concentramos en otras características tales como el valor de la velocidad independiente del signo, comprobaremos que el promedio difiere de cero. Es obvio que si no hubiese corredores en absoluto ni el promedio ni la desviación cuadrática serían distintas de cero. Pues bien, trocando velocidades por intensidades de campo, el ejemplo de los corredores gemelos representaría el vacío cuántico y el caso de ausencia de corredores correspondería al vacío clásico.

¿Y no podríamos aislar una región del espacio eliminado de su interior todos los campos hasta llegar a una total ausencia de cualquier ente físico? La verdad es que no, porque ni siquiera en la física clásica –como ya vimos– es posible algo así. La física cuántica empeora la situación, dado que las partículas cuánticas se hallan deslocalizadas, y nunca podemos asegurar que no haya una cierta probabilidad de presencia suya en un lugar cualquiera.

Estas partículas cuánticas, o cuantones, también suelen hallarse en una combinación de estados de energía, que nos dará un valor promedio en torno al cual pueden darse desviaciones como sucede con cualquier magnitud estadística. Estas desviaciones serán tanto menos frecuentes cuanto más se aparten de la media. Y esa es la explicación que justifica el surgimiento de partículas virtuales en el vacío cuántico, no una fantasmagórica cesión de energía desde la nada. Además, incluso un vacío cuántico puede prepararse de diversos modos, lo que convierte en un asunto hasta cierto punto convencional la decisión de situar el cero de la escala de energías en un tipo de vacío o en otro. Contra la impresión que transmiten muchos textos divulgativos, también conserva su validez en la teoría cuántica el adagio filosófico de la antigua Grecia: “De la nada, nada sale”.

En términos de la teoría cuántica de campos, una región del espacio se considera en estado de vacío cuando en promedio se halla en su estado de menor energía. ¿Y cuál es esa energía mínima? Aquí llega otra de las claves de este problema, porque podríamos intentar calcularla simplemente sumando las energías residuales (“energías del punto cero”) de toda la red de osciladores que en nuestro modelo representan los diversos campos cuánticos. Pero como las frecuencias con menor longitud de onda –es decir, una frecuencia más alta– poseen mayor energía, si suponemos que el espacio es continuo, no hay límite a la pequeñez de las longitudes de onda posibles, y la suma de energías se hace infinita.

Una vía de escape consistiría en admitir que no sabemos si el espacio es realmente continuo, por lo cual sólo sumamos las energías remanentes de las vibraciones con una longitud de onda mayor que –por ejemplo– la longitud de Planck (unos 10–35 metros), lo que nos daría una densidad de energía finita pero enorme para el vacío; el equivalente a más de un kilogramo en cada centímetro cúbico. Sin embargo, a lo largo de todo este procedimiento estamos olvidando que el tratamiento de los campos cuánticos como redes de osciladores en vibración, únicamente sirve para campos libres, aquellos que no interactúan con ningún otro campo. Y no es ésa una suposición muy realista, en verdad.

Pese a todo, como la teoría cuántica de campos sólo se ocupa de variaciones de energía (la diferencia de un valor con respecto a otro cualquiera que tomamos de referencia), podemos añadir una constante arbitraria a la densidad de energía que hayamos definido sin alterar las predicciones teóricas sobre cualquier magnitud medible. Aprovechándonos no muy noblemente de esta ventaja, tenemos entera libertad para redefinir la densidad de energía del vacío restándole una cantidad constante igual a la energía del punto cero. Con ello conseguimos que la energía del vacío sea nula finalmente; un recurso generalmente bien acogido por los usuarios de la teoría cuántica de campos por cuanto parece librarles de un molesto estorbo (además, un estorbo infinito).

1.6 La radiación Hawking

Un caso especialmente flagrante se refiere a la explicación usualmente ofrecida sobre la radiación emitida por los agujeros negros, o “radiación Hawking” en homenaje a quien primero teorizó acerca de ella, el británico Stephen Hawking. Se acostumbra a comenzar diciendo que en el borde del horizonte de sucesos de un agujero negro, la indeterminación energía-tiempo permite la aparición de un par de partículas virtuales, Una de ellas –la antipartícula, por ejemplo– cae traspasando el horizonte de sucesos, región tras la cual resulta imposible escapar debido a la intensísima atracción gravitatoria que retiene incluso la luz. Privada de su compañera la otra componente de la pareja no tiene ya con qué aniquilarse de modo que puede escapar convertida ahora en una partícula real.

¿Qué ocurre aquí con ese velo de fugacidad que ocultaba tan descarado incumplimiento de la conservación de la energía? A esto se replica indicando que la antipartícula engullida portaba una cantidad de energía “negativa” que compensaba la energía positiva de su compañera liberada, pero al caer tras el horizonte de sucesos esa energía negativa ha cancelado parte de la energía positiva poseída por el agujero negro reduciendo su tamaño. Desde fuera, no obstante, todo se contempla como una emisión de partículas por parte del agujero negro –la radiación Hawking– que se encoge y además ya no es tan negro. Dejemos hablar al propio Hawking (1988):

«(. . . ). Como la energía no puede ser creada de la nada, uno de los componentes de un par partícula/antipartícula tendrá energía positiva y el otro energía negativa. El que tiene energía negativa está condenado a ser una partícula virtual de vida muy corta, porque las partículas reales siempre tienen energía positiva en situaciones normales. Debe, por lo tanto, buscar a su pareja y aniquilarse con ella. Pero una partícula real, cerca de un cuerpo masivo, tiene menos energía que si estuviera lejos, porque se necesitaría energía para alejarla en contra de la atracción gravitatoria de ese cuerpo.

Normalmente, la energía de la partícula aún sigue siendo positiva, pero el campo gravitatorio dentro de un agujero negro es tan intenso que incluso una partícula real puede tener allí energía negativa. Es, por lo tanto, posible, para la partícula virtual con energía negativa, si está presente un agujero negro, caer en el agujero negro y convertirse en una partícula o antipartícula real. En este caso, ya no tiene que aniquilarse con su pareja. Su desamparado compañero puede caer así mismo en el agujero negro. O, al tener energía positiva, también puede escaparse de las cercanías del agujero negro como una partícula o antipartícula real (. . . ). Para un observador lejano, parecerá haber sido emitida desde el agujero negro. Cuanto más pequeño sea el agujero negro, menor será la distancia que la partícula con energía negativa tendrá que recorrer antes de convertirse en una partícula real y, por consiguiente, mayores serán la velocidad de emisión y la temperatura aparente del agujero negro.

La energía positiva de la radiación emitida sería compensada por un flujo hacia el agujero negro de partículas con energía negativa. Por la ecuación de Einstein E=mc2 (en donde E es la energía, m, la masa y c, la velocidad de la luz), sabemos que la energía es proporcional a la masa. Un flujo de energía negativa hacia el agujero negro reduce, por lo tanto, su masa. (. . . )»
Tan rocambolesca explicación se simplificaría mucho si nos limitásemos a señalar lo que verdaderamente ocurre, a saber, que parte de la energía del campo gravitatorio del agujero negro se manifiesta como pares partículaantipartícula, una de las cuales tiene cierta probabilidad de escapar del horizonte de sucesos por la deslocalización de sus posiciones espaciales. El balance final es que el agujero negro, en efecto, ha perdido parte de su energía y se ha contraído levemente, sin necesidad de apelar a estrambóticas energías “negativas”.

No sólo es que la teoría cuántica respeta la conservación de la energía, sino que tampoco necesitamos en modo alguno recurrir a energías negativas –el potencial gravitatorio newtoniano tiene un signo negativo convencional, tan solo para denotar el carácter esencialmente atractivo de la gravitación– de difícil interpretación física. Porque debido a la equivalencia masa-energía relativista, una energía negativa implicaría la presencia de masas negativas con inercias negativas (Terletski 1968, pp. 83 – 116) y, a causa del principio de Equivalencia de Einstein, también gravitaciones negativas. Un precio demasiado elevado a pagar en la coherencia de nuestra imagen de la naturaleza, a cambio de una muy discutible sencillez en la divulgación de un fenómeno físico sin duda fascinante como la  radiación de los agujeros negros.

Tampoco debemos olvidar que los estados de energía negativa surgen en el escarpado terreno del método de perturbaciones, una técnica de cómputo diseñada para calcular mediante aproximaciones sucesivas el resultado de ciertos procesos cuánticos donde sólo los estados inicial y final poseen un inequívoco sentido físico. Los estados intermedios carecen de semejante garantía, y de ahí el adjetivo “virtuales” que los acompaña. Curiosamente, los autores que repiten el relato de la incertidumbre energía-tiempo, violando transitoriamente la conservación de la energía, nunca sugieren que se infrinja la conservación de la carga eléctrica; los cuantones virtuales siempre aparecen como pares partícula-antipartícula. Y sin embargo, las mismas razones –ninguna, de hecho– habría para incumplir ambos teoremas de conservación.

1.7 Nuestro amigo el bosón de Higgs

Los comentarios precedentes podrían haber bastado con anterioridad a 1964, pues fue en ese año cuando diversos autores, entre los cuales el más célebre es Peter Higgs, propusieron la existencia de una nueva partícula que se conocería en adelante como el bosón de Higgs. Se trataba de encontrar un camino hacia la unificación del electromagnetismo y la fuerza nuclear débil, para lo cual era necesario explicar la gran disparidad existente entre la masa del fotón, cuanto asociado al campo electromagnético, y los bosones W+, W− y Z0, propios de la fuerza nuclear débil. Higgs y sus colegas propusieron la existencia de una nueva partícula, un nuevo campo cuántico universal extendido por todo el espacio, que al interactuar con las partículas conocidas explicaría los valores de sus masas, bien medidos experimentalmente pero sin justificación teórica.

De ahí nació la metáfora del sombrero mejicano, donde los sistemas físicos han de optar entre una situación de elevada simetría energéticamente inestable, y otra con menos energía, mayor estabilidad y menos simetría. La situación altamente simétrica representaba el caso en el que la fuerza nuclear débil y el electromagnetismo se hallaban unificados (todos los bosones carecían de masa, como el fotón), mientras que la pérdida de simetría indicaba la ruptura de dicha unificación para llegar al estado actual.
Resultaba, pues, que además del esquema de osciladores invisibles impuesto en todas partes por la teoría cuántica de campos como modelo para el vacío cuántico, ahora teníamos un campo adicional que llenaba todo el espacio como el desaparecido éter del siglo XIX. Era una razón más para no considerar "vacío" el vacío, en especial porque a diferencia de los campos cuánticos usuales el campo de Higgs posee un valor medio distinto de cero en el vacío, en todo lugar y en todo instante. Esto no es un efecto residual o remanente, achacable a la dispersión de ciertas magnitudes físicas sometidas a las desigualdades de Heisenberg. El campo de Higgs aspira a ser considerado una pieza omnipresente en la arquitectura básica del cosmos, sin la cual el resto de partículas elementales no podría dar cuenta del valor que tienen sus masas.

No es de extrañar que la búsqueda de este singular bosón se haya convertido en uno de los principales objetivos de la física experimental de altas energías a comienzos del siglo XX. Lo cierto es que el 4 de julio de 2012, el equipo de investigación del Gran Colisionador de Hadrones, dependiente del CERN en Ginebra, anunció con solemnidad que los datos recogidos hasta ese momento avalaban la existencia de un cuantón como el conjeturado por Higgs. Sin duda fue un momento histórico en la física experimental, como siempre que se descubre una nueva partícula; otra cosa es que este cuantón desempeñe el papel que Higgs y sus colegas le atribuyen.

¿Qué dificultades hay con el bosón de Higgs? Si lo pensamos bien, el modelo del sombrero mejicano es tan solo lo que los anglosajones llaman a just-so story, un relato de algo que simplemente “es así”. Nos parece convincente porque en la vida real, debido a la gravedad y a las ecuaciones dinámicas de Newton, todos sabemos que una bolita sobre la copa de un sombrero mejicano caerá sobre el ala más pronto que tarde. Sin embargo, en el mundo ultramicroscópico no hay una contrapartida a la gravedad o a las ecuaciones de Newton que gobiernen la transición desde el estado inicial al final. Meramente se nos dice que ocurre así, y probablemente sea cierto, pero seguimos sin saber por qué.

Este hecho ha propiciado que los físicos se distribuyan en tres escuelas, la primera de las cuales confía en que el bosón de Higgs sea descubierto y posea las propiedades que se le suponen sin mayores controversias. Y así parece que ha ocurrido. La segunda línea de pensamiento apostaba por la inexistencia del bosón de Higgs, y especulaba con la posibilidad de nuevos mecanismos de ruptura de simetría que permitan avanzar hacia una nueva física no contemplada por el Modelo Standard de la física de partículas. Sin embargo, el anuncio del 4 de julio de 2012 en el CERN ha desmentido casi por completo esta posibilidad. Por último, el tercer grupo acepta que el bosón de Higgs existe, aunque seguramente no cumplirá las funciones que de él se espera, lo que nos obligaría a replantear el mecanismo de ruptura de simetría que subyace en la teoría de unificación electrodébil. Sólo el tiempo decidirá quién tiene razón, si es que alguien la tiene y no acaba aflorando otra opción distinta de todas estas.

Otro interrogante surge cuando tratamos de explicar cómo logró la simetría electrodébil romperse de manera idéntica en todos los puntos del universo. Es decir, ¿por qué los fotones que recibimos desde la galaxia de Andrómeda tienen exactamente las mismas propiedades que los procedentes de nuestro Sol? En principio no tendría por qué ser así, pero de hecho así es, y la familiaridad con este dato ha oscurecido con frecuencia el misterio de su origen. Ahora bien, quizás el aspecto más inquietante del bosón de Higgs es que pretende explicar el valor de las masas de las partículas elementales, y las masas constituyen la fuente de la gravedad. La gravitación ha sido hasta el momento la gran ausente de este debate; hora es ya que dejemos paso a la más venerable y omnipresente de las fuerzas.

1.8 El problema de la gravedad

La gravitación, introducida en la visión científica del mundo mediante la ley newtoniana de atracción universal, se contempla hoy día a través de los ojos de Einstein como un efecto de la curvatura del espacio-tiempo (Misner et al. 1973, Gray 1992). Si nos imaginamos ese entramado de espacio y tiempo que en relatividad se denomina “espacio-tiempo”, como si fuese una lámina elástica sobre cuya superficie descansan todas las masas del universo, la curvatura producida por dichas masas sería el fenómeno físico que históricamente decidimos llamar “gravedad”. Pero esa costumbre no tenía más motivos que la falta de la adecuada perspectiva en cuatro dimensiones que nos vino a ofrecer el espacio-tiempo de la relatividad general, la teoría de Einstein para la gravedad.

Las órbitas de los planetas en torno al Sol, que antes creíamos líneas rectas desviadas por la atracción de la gravedad, ahora resultan ser las trayectorias menos torcidas –las “geodésicas”– sobre un fondo espacio-temporal curvado. Y esa es la raíz del obstáculo que ahora encontramos. Si la fuerza gravitatoria desaparece en la imagen relativista sustituida por la geometría espacio-temporal, el concepto de energía gravitatoria también pierde su significado ordinario. La energía es una magnitud que se aplica a los campos de fuerzas, y si tales campos quedan reemplazados por otro concepto, la energía a ellos asociada deja de tener sentido (Kragh 1996). Por eso no es del todo correcto identificar la constante cosmológica, como se hace usualmente, con la densidad de energía del vacío cuántico.

La constante cosmológica es un término de las ecuaciones de la relatividad general referido a la curvatura intrínseca del espacio-tiempo, en ausencia de la materia y la radiación que llenan el universo. Aun cuando desempeñe un papel comparable al de la densidad energética del vacío en la teoría cuántica, su origen conceptual es radicalmente distinto (Padmanabhan 2003, Nobbenhuis 2006), y sólo por un abuso de lenguaje equiparamos ambas magnitudes. No obstante podemos entrar en ese juego y ver hasta dónde nos lleva.

Interpretando la constante cosmológica en términos de una densidad energética del vacío (Birrel y Davies 1982), las observaciones astronómicas nos dicen que debe ser muy cercana a cero (unos 10–29 gramos/cm3) y positiva, ya que el universo parece acelerar su expansión (Kowalski et al. 2008). Ciertamente, para llegar a esas conclusiones, además de los datos empíricos, necesitamos aceptar ciertas hipótesis cosmológicas muy generales y confiar en la pertinencia de la relatividad general. Sea como fuere, el hecho fundamental es que la densidad energética del vacío deducida empleando la gravedad de Einstein, ha de ser muy próxima a cero, pues de lo contrario debería haber algo profundamente equivocado en la relatividad general, una teoría que nos ha venido proporcionando algunas de las mejores verificaciones experimentales de la historia de la física.

El cálculo de la densidad de energía del vacío a través de la teoría cuántica de campos, como vimos en un apartado anterior, puede arrojar un resultado nulo, infinito o finito pero inmensamente grande, según las premisas de nuestro razonamiento. Pero la relatividad general suele recordarnos que en todos estos casos estamos olvidando el papel de la gravedad. Es por ello que en muchas ocasiones se prefiere afirmar meramente que la densidad de energía del vacío no está definida, pues una misma teoría nos ofrece tres resultados posibles, y aun eso omitiendo la influencia de la interacción que posiblemente sea la más importante, la gravedad.

1.9 Conclusiones

Desde el comienzo de su investigación científica, el vacío –y en concreto el vacío cuántico– se nos ha revelado como un tema de investigación asombroso y prometedor. Lejos de la idea popular de una especie de “nada” carente de todo interés, la riqueza de sus estructuras, la distancia que separa sus propiedades de nuestras intuiciones ordinarias y la complejidad de los fenómenos que lo caracterizan, seguirán dando material de trabajo a los investigadores durante mucho tiempo.

No obstante, ya sabemos que para explorar sus misterios, igual que para explicarlos con un nivel divulgativo, sobran las tergiversaciones conceptuales, como aquellas que se basan en una supuesta violación de la ley de conservación de la energía. Y tampoco necesitamos recurrir a conceptos sin encaje en otras ramas de la física, como las energías “negativas”, rebosantes de connotaciones nada científicas.

La búsqueda del vacío perfecto se ha aferrado a la historia humana no con tanta popularidad pero sí con la misma intensidad que muchos otros ideales quiméricos, ya concerniesen al elixir de la eterna juventud, o a la piedra filosofal que todo lo convertía en oro. Al final, el vacío absoluto se difuminó junto con la velocidad infinita o el movimiento continuo en el viejo baúl de imposibilidades físicas que durante mucho tiempo desvelaron los sueños de los intelectos más inquietos. Para sustituirlo llegó un reemplazo no menos fascinante, el vacío cuántico, con un cortejo de paradojas, confusiones y nuevas utopías científicas. Tantas y tan bien justificadas perplejidades tenían su origen en el peculiar comportamiento de los sistemas cuánticos, lo que nos brindó una nueva oportunidad de poner a prueba la solidez de los prejuicios cotidianos que llamamos “sentido común”.

Gracias a este nuevo reto sabemos que para llegar a buen puerto en cualquier excursión al mundo cuántico, basta con pertrecharnos de una buena dosis de respeto por los datos experimentales, coherencia en nuestros argumentos y una consideración cuidadosa de los conceptos empleados. Aun así no es poco, pero sin duda la recompensa vale la pena.

Bibliografía

  1. Aitchison, I.J.R. (1985) "Nothing’s plenty. The vacuum in modern quantum field theory", Contemporary Physics 26: 333-391.
  2. Birrell, N.D., Davies, P.C.W. (1982). Quantum Fields in Curved Space. Cambridge University Press: Cambrdige(U.K.).
  3. De Segovia, J.L. (2010). "Historia del vacío desde Grecia a finales del siglo XIX", Revista Española de Física 24 (2): 58-66.
  4. Einstein, A., Stern, O. (1913). "Einige Argumente für die Annahme einer molekularen Agitation beim absoluten Nullpunkt". Annalen der Physik 40 (3): 551.
  5. Gaukroger, S. (2002). Descartes’ System of Natural Philosophy. Cambridge University Press: Cambridge (U.K.).
  6. Gray, J. (1992). Ideas de Espacio. Mondadori: Madrid
  7. Hawking, S. (1988). Historia del Tiempo, Crítica: Barcelona.
  8. Kowalski, M. et al. (2008). "Improved Cosmological Constraints from New, Old and Combined Supernova Datasets", Astrophysical Journal 686: 749-778.
  9. Kragh, H. (1996). Cosmology and Controversy. Princeton University Press: Princeton.
  10. Lorentz, H.A. (1927). Aether theories and aether models (Lectures on Theoretical Physics vol. I). MacMillan and Co. Ltd: London.
  11. Maxwell, J.C. (1873). A Treatise on Electricity and Magnetism. Clarendon Press: Oxford.
  12. Maxwell, J.C. (1890). The Scientific Papers of James Clerk Maxwell (W.D. Niven, ed.). Cambridge University Press: Cambridge (U.K.).
  13. Misner, C., Thorne, K., WheeleR, J.A. (1973). Gravitation. Freeman: New York. Nobbenhuis, S. (2006). "Categorizing Different Approaches to the Cosmological Constant Problem", Foundations of Physics 36: 613-680.
  14. Padmanabhan, T. (2003). "Cosmological constant – the weight of the vacuum", Physics Reports 380: 235–320. Pais, A. (1984). El Señor es sutil... La ciencia y la vida de Albert Einstein, Ariel (Barcelona), 1984.
  15. Planck, M (1900). "Zur Theorie des Gesetzes der Energieverteilung im Normalspektrum". Verhandlungen der Deutschen Physikalischen Gesellschaft 2: 237–245.
  16. Rugh, S. E.; Zinkernagel, H. (2002). "The Quantum Vacuum and the Cosmological Constant Problem". Studies in History and Philosophy of Modern Physics, vol. 33 (4): 663–705.
  17. Terletski, Y.P. (1968). Paradoxes in the Theory of Relativity, Plenum Press: New York.
  18. Wikipedia. Imágenes de libre uso tomadas de la Enciclopedia Virtual.

Vídeo   

martes, 4 de septiembre de 2018

William Kamkwamba: “El chico que amaestró el viento”

No sólo cambió la historia de su familia sino también, con su voluntad y creatividad, la de todo su pueblo


William Kamkwamba, de Malawi, es un inventor nato. Cuando tenía tan solo 14 años, construyó un molino de viento a partir de piezas de repuesto y recortes, siguiendo unos pocos planos aproximados que encontró en un libro de una biblioteca.

Buscaba ayudar a su familia, que no contaba con electricidad ni agua potable, y luchar contra la sequía que azotaba Malawi y que se estaba llevando tantas vidas a causa de la hambruna.

Después de que su inspiradora historia haya sido publicada en blogs y en varios diarios locales, KamKwamba fue invitado a dar su primera charla TEDx. En el escenario, habló de su invención y compartió sus sueños: construir un molino de viento más grande que fuera capaz de ayudar con el riego a todo su pueblo, y así poder volver a la escuela.

Tras su conmovedora charla, los miembros de la comunidad TED se unieron para ayudarlo a mejorar su sistema de energía mediante la incorporación de energía solar. Proyectos posteriores han incluido agua potable, prevención de la malaria, iluminación de viviendas y un sistema de riego por goteo.

Kamkwamba ahora asiste a la Academia de Liderazgo de África, una nueva escuela preparatoria panafricana en Johannesburgo, Sudáfrica.

William no sólo cambió la historia de su familia sino que también, con su voluntad y creatividad, cambió la de todo su pueblo. Su testimonio se ha plasmado en documentales y en una autobiografía llamada The Boy Who Harnessed the Wind: Creating Currents of Electricity and Hope ("El chico que amaestró el viento: Creando corrientes de electricidad y esperanza").

Cuando tenía tan sólo 14 años, el inventor malauí William Kamkwamba, construyó para su familia un molino de viento para generar electricidad hecho de piezas de recambio, basado en unos planos aproximados que encontró en un libro de una biblioteca.













A la edad de 14 años, en la pobreza y hambruna, un niño de Malawi construyó  un molino de viento para dotar a su casa  electricidad. Ahora Willian Kamkwamba, a la edad de 22 años y en TED por segunda ocasión, comparte con sus propias palabras la emotiva historia del invento que cambió su vida. 



Fuente: TED

domingo, 1 de abril de 2018

Este vídeo resume millones de años desde el Big Bang hasta la aparición del ser humano


TIMELAPSE DE TODO EL UNIVERSO

En una escala de tiempo cósmica, la historia de la humanidad es tan breve como un abrir y cerrar de ojos. Al comprimir los 13.800 millones de años en una escala de 10 minutos, este video muestra lo jóvenes que somos en realidad y cuán antiguo y vasto es nuestro universo. Comenzando con el big bang y culminando con la aparición del homo sapiens, esta experiencia sigue el desarrollo del tiempo a 22 millones de años por segundo, siguiendo la comprensión científica actual. Narración de Brian Cox, Carl Sagan y David Attenborough.

Concepto, música, edición, diseño de sonido y selección de VFX por melodysheep. Soundtrack disponible en bandcamp: https://melodysheep.bandcamp.com/albu...

Además del metraje personalizado, este video muestra una gran biblioteca de contenido de muchas fuentes, incluidas NASA, Voyage of Time, Cosmic Voyage, Wonders of the Universe y más. Aprenda más sobre este proyecto en: http://melodysheep.com/timelapse.

Puede ser difícil comprender cuánto duran 13.800 millones de años. A medida que vea este video, más profundiza en lo increíblemente viejo que es el universo y lo magníficamente pequeños que somos los humanos dentro del gran sistema. Espero que ver este experimento de humildad le haga reflexionar sobre la gran cantidad de eras sin testigos que han pasado antes de que apareciésemos, y la brevedad de nuestra existencia en comparación. Cada evento presentado en este video es fascinante por sí mismo, por lo que recomiendo encarecidamente a cualquier persona interesada que profundice más. Comience con la página de Wikipedia sobre el tiempo geológico y desde allí explore para obtener más información sobre todos los eventos presentados en el mismo. 

Melodysheep @musicalscience Visualice la versión narrada y gratis aquí: https://www.youtube.com/watch?v=-CXr_... 

Apoye al creador con una donación de criptomonedas:

BTC: 3BcKKf8VNrn2DgFSzgSi6rS8NNmtCH4n7p ETH: 0x275f24BD324063823eF52B8b7Ed573a46da4A65F



sábado, 24 de febrero de 2018

Brian Greene: “¿Es nuestro Universo el único Universo?”

Brian Grrene

En el corazón de la cosmología moderna hay un misterio: ¿Por qué nuestro universo parece tan exquisitamente preparado para crear las condiciones necesarias para la vida? En este ‘tour de force‘ por algunos de los mayores descubrimientos de la ciencia, Brian Greene muestra cómo en la idea alucinante de un multiverso puede estar la respuesta al enigma.

Greene, profesor de física y matemáticas de la Universidad de Columbia, se ha centrado en las teorías unificadas durante más de 25 años, y ha escrito varios libros exitosos y no técnicos sobre el tema, incluyendo “El Universo Elegante”, finalista de los Premios Pulitzer, y “El Tejido del Cosmos”. Su último libro, “La Realidad Oculta”, explora la posibilidad de que nuestro universo no sea el único universo.

Brian Greene es quizá el proponente más conocido de la teoría de supercuerdas, la idea de que diminutos filamentos de energía que vibran en un espacio-tiempo de más dimensiones crean cada partícula y fuerza en el Universo.

Conferencia filmada en Marzo del 2012 en Longbeach, California



Fuente: TED

domingo, 28 de enero de 2018

La ciencia de las células que nunca envejecen

elizabeth TRD

La Dra. Elizabeth Helen Blackburn es bioquímica. Descubrió la telomerasa, una enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. Recibió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina 2009 –junto a Carol W. Greider y Jack W. Szostak– precisamente por este motivo, por el descubrimiento de la enzima telomerasa y cómo los cromosomas están protegidos por telómeros.

En esta conferencia de TED2017 Elizabeth Blackburn habla sobre la función de la telomerasa: repone los extremos de los cromosomas que se descomponen cuando las células se dividen. 

Nuestros cuerpos envejecen, nuestra piel se arruga o nuestro sistema inmunológico se debilita debido al deterioro de los telómeros. Elizabeth Blackburn explica cómo la telomerasa es una buena aliada contra el envejecimiento y la enfermedad.
«Nuestros hallazgos significaban que los eventos de la vida de las personas y la forma en que respondemos a estos eventos puede cambiar la manera en que uno mantiene sus telómeros».
¿Qué hace que los cuerpos envejezcan, que la piel se arrugue, que salgan canas, que el sistema inmunológico se debilite? La bióloga Elizabeth Blackburn comparte un Premio Nobel por un trabajo que descubrió la respuesta, por el descubrimiento de la telomerasa, una enzima que repone los extremos de los cromosomas, que se descomponen cuando las células se dividen. 

Obtenga más información acerca de la investigación pionera de Blackburn, que incluye cómo podemos tener más control del que creemos sobre el envejecimiento.

Los telómeros y la telomerasa, la razón del Nobel de Elizabeth Blackburn y Carol Greider

Cuando una célula se divide, parte del material genético situado en los extremos de los cromosomas se pierde, por lo que, como solución, éstos poseen unas estructuras, conocidas como telómeros, compuestas de ADN no codificante, que se encargan de proteger al resto, pues es mucho mejor perder material genético que no codifica nada a permitir que se degeneren las regiones que sí que poseen genes importantes para el desarrollo del organismo.

Estas estructuras ya se conocían cuando Elizabeth Blackburn comenzó sus trabajos como investigadora, pero se sabía muy poco sobre ellos.

Por eso, primero en solitario y después con Carol Greider, a la que se unió en la Universidad de California, comenzó a estudiar las razones por las que estos telómeros se acortaban inevitablemente o se alargaban, prolongando la vida de la célula.

Juntas descubrieron que había una enzima, a la que bautizaron como telomerasa, que tiene la capacidad de alargar estos telómeros, aunque en las células somáticas (no sexuales) ya diferenciadas se inhibe su función, llevando a que cada célula tenga un número máximo de divisiones tras las cuáles comienza el periodo de senescencia.

Gracias a este descubrimiento, pudieron crear telómeros artificiales, que les sirvieron para estudiar la división celular, obteniendo también conclusiones de gran interés, como que las células tumorales no tienen inactiva esta telomerasa, de modo que se siguen duplicando eternamente.

lunes, 23 de octubre de 2017

'La era de la estupidez', las consecuencias del cambio climático

estupidez

  • Un documental que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta

  • Presentado por el actor Pete Postlethwaite

¿Cómo viviremos en el año 2055 si no revertimos el cambio climático? Una pregunta que debería preocuparnos a todos , el documental La era de la estupidez, que nos invita a reflexionar sobre el trato que estamos dando a nuestro planeta.

¿Qué pasará si desaparecen nuestras costas? ¿Si las estaciones quedan reducidas a olas de calor y de frío? ¿Si la mayor parte de agua está contaminada? Reservas de combustibles fósiles agotadas, inestabilidad meteorológica, huracanes, tifones destructores, inundaciones, sequías devastadoras...,etc.

¿Cómo viviremos dentro de 40 años cuando la situación sea irreversible? En algún momento tuvimos la oportunidad de hacer algo, pero no se hizo ...
El Londres del futuro si no lo remediamos
Protagonizado por el actor Pete Postlehwaite
Año 2055. Un archivero del futuro, el fallecido actor Pete Postlethwaite, guarda en una torre en alta mar los restos de la humanidad y empieza a ver viejo material de archivo en vídeo desde el año 2008 para entender porqué la humanidad no hizo nada para frenar los efectos del cambio climático cuando aún había margen para revertir el desastre y el colapso de la sociedad.

La Era de la Estupidez (The Age of Stupid) es un documental en clave de ficción que nos invita a reflexionar sobre cómo será la vida cuando acabemos con los recursos de la Tierra y no hayamos conseguido, aunque pudimos, parar el cambio climático.

Del director de documentales Franny Armstrong, la película se estrenó con éxito de crítica en el 2009 y fue pionera en autofinanciarse gracias al modelo de "crowdfunding".

La era de la estupidez llegó a las pantallas para intentar sacudir conciencias, sobre todo las de los responsables políticos y repasar a algunas de las “estupideces” que estamos cometiendo como especie.
El Sidney del futuro si no lo remediamos
Realista y dramática
Durante 4 años el equipo del documental grabó las historias de 7 personajes reales que se mezclan con el personaje de ficción de Pete Postlethwaite: un empresario indio que lanza una nueva aerolínea de bajo coste, un empleado de Shell en Nueva Orleans que rescató a más de 100 personas durante el huracán Katrina, un guía de montaña francés de 82 años testigo del deshielo de sus amados glaciares, dos niños refugiados iraquíes en busca de su hermano mayor, una mujer médico que vive en la pobreza extrema en el mayor área de explotación de petróleo de Nigeria y un desarrollador de parques eólicos en el Reino Unido que lucha con su familia por reducir su huella ecológica y contra los vecinos que no quieren molinos de viento junto a sus casas.

La película documental advierte en sus primeros minutos que está basada en "las predicciones de la ciencia dominante".

"Todo lo mostrado sobre el presente y el pasado son noticias reales y grabaciones de archivo". Es decir, que todo lo que vemos en este documental son predicciones hechas por los mejores científicos del planeta para las próximas dos décadas y pintan un escenario realista, dramático y apocalíptico que nos debería hacer reaccionar.
El Taj Mahal tampoco se salvará de la destrucción

Fuente: RTVE.es

Vídeo:

La era de la estupidez – Documental

La era de la estupidez (Age of stupid) es un documental dirigido por Fanny Armstrong, una documentalista británica, activista contra el cambio climático. Desde el comienzo la película advierte que lo que mostrará del futuro está basado en predicciones científicas y que lo que se verá del presente son imágenes verídicas, documentales. Tras esa advertencia la película shockea con un planeta Tierra devastado en el año 2055. Australia está en llamas. Las Vegas cubierto por la arena. El ártico es un océano fuera de control y sin hielo. Londres está bajo el agua. El Taj Mahal, en India, destruido por vaya a saber qué guerra.

En la película, el británico Pete Postlethwaite (“el mejor actor del mundo”, según Steven Spielberg), es un archivista que se encargó de preservar todo aquello que ya desapareció de la faz de la Tierra en una base elevada cientos de metros sobre el océano Ártico. En esta especie de Arca de Noé del futuro conviven embalsamados los animales que jamás volverán a caminar sobre el planeta con los documentos y piezas que registran miles de años de historia humana. Allí el archivista graba un mensaje para la posteridad, revisando imágenes documentales y periodísticas del año 2007, tratando de comprender qué hacía el hombre mientras destruía el planeta y se encaminaba hacia su final.

“No fuimos la primera forma viviente en desaparecer. Pero lo que es único es que lo hicimos sabiéndolo. ¿Qué es lo que eso dice sobre nosotros? La pregunta que me he estado haciendo es ¿por qué no nos salvamos cuando pudimos hacerlo?”, dice apesadumbrado mientras graba su video con la esperanza de que alguien, en algún lugar del espacio escuche su historia y no repita nuestros errores.




Fuente: RTVE.es

martes, 17 de octubre de 2017

¿CUANDO ES SEGURO TOMAR AGUA? - Mia Nacamulli


¿Cuál es el impacto de insalubridad en el consumo de agua no tratada?
¿Cuáles son los riesgos reales del tratamiento de agua en los acueductos de las ciudades?
¿Cómo identificar si el agua es segura para beber?
Con estos criterios, Mia Nacamulli destaca los beneficios del filtrado en el punto de consumo que se encuentran ahora disponibles en los hogares. Disfruten aprendiendo del video y la transcripción de esta interesante lección TED.


Revisa el agua en este vaso. Refrescante, hidratante y de gran valor para su supervivencia. Antes de tomar un sorbo, sin embargo, ¿cómo se sabe que el agua en el interior está libre de organismos causantes de enfermedades y los contaminantes? Uno de cada diez personas en el mundo no puede realmente estar seguro que su agua es limpia y segura para beber.


¿Por qué es eso? saneamiento inadecuado, la escasa protección de fuentes de agua potable, y la higiene inadecuada a menudo conducen a las aguas residuales y agua contaminada con heces. Ese es el caldo de cultivo ideal para bacterias peligrosas, virus, y parásitos. Y los efectos de estos patógenos son asombrosas. Las enfermedades diarreicas orginadas en insalubridad del agua es una de las principales causas de muerte en todo el mundo para los niños menores de cinco años.
Y de acuerdo con un informe de la ONU de 2010, las enfermedades microbianas transmitidas por el agua han matado más personas al año que la guerra.
Procesos adecuados de tratamiento, sin embargo, pueden hacer frente a estas amenazas. Por lo general tienen tres partes: sedimentación, filtración, y desinfección. Una vez que el agua que se ha recogido en una instalación de tratamiento, está lista para su limpieza. El primer paso, la sedimentación, sólo toma tiempo.


El agua se deja asentar sin perturbaciones, lo que permite que las partículas más pesadas se hundan al fondo. A menudo, sin embargo, las partículas son demasiado pequeñas para ser eliminadas por sedimentación y necesitan ser filtradas. La gravedad empuja el agua hacia abajo a través de capas de arena que captura partículas sobrantes en sus poros, preparando el agua para su tratamiento final: una dosis de desinfectante.

Productos químicos, principalmente formas de cloro y ozono, se mezclan en matar a cualquier patógeno y para la desinfección de las tuberías y sistemas de almacenamiento.
El cloro es muy eficaz en la destrucción de los organismos vivos de agua, pero su uso sigue siendo regulada por el gobierno porque tiene subproductos químicos potencialmente dañinos.

Y si se produce un desequilibrio de cloro durante el proceso de desinfección, pueden desencadenarse otras reacciones químicas. Por ejemplo, los niveles de subproductos del cloro, como los trihalometanos, podrían dispararse, lo que lleva a la corrosión de las tuberías y la liberación de hierro, cobre y plomo en agua potable. La contaminación del agua de estas y otras fuentes incluyendo lixiviación, derrames de sustancias químicas, y escorrentías, se ha relacionado con efectos sobre la salud a largo plazo, como el cáncer, enfermedades cardiovasculares y neurológicas, y aborto involuntario.


Por desgracia, el análisis de los riesgos exactos agua de contaminantes químicamente es difícil. Así que si bien está claro que los desinfectantes nos hacen más seguros mediante la eliminación de patógenos que causan enfermedades, expertos todavía tienen que determinar el alcance completo de cómo las mezclas químicas en el agua potable realmente afecta la salud humana.

Entonces, ¿cómo se puede saber si el agua a la que tienes acceso, si de un grifo o de otra manera, es potable? En primer lugar, el exceso de turbidez, trazas de compuestos orgánicos, o de alta densidad metales pesados ​​como arsénico, cromo o plomo, significa que el agua no es apta para el consumo. Una gran cantidad de contaminantes, como el plomo o el arsénico, no va a ser obvio detectar, sin pruebas, pero algunas pistas, como la nubosidad, marrón o coloración amarilla, un olor fétido, o un olor a cloro excesiva puede indicar la necesidad de investigar más a fondo.


Kits de análisis de agua puede ir un paso más allá y confirmar la presencia de muchos contaminantes y productos químicos diferentes.

Existen formas de tratar el agua en el punto de uso [como en casa], en vez de su punto de origen [Como en los acueductos]. Tratamiento en el punto de uso en realidad ha existido desde hace miles de años.


Los antiguos egipcios evaporaban muchos contaminantes orgánicos con el calor del sol. Y en la antigua Grecia, Hipócrates diseñó una bolsa que atrapaba sedimentos de mal sabor en el agua. Hoy en día, los procesos de punto de uso por lo general implican la ionización para reducir el contenido mineral. También utilizan filtración de adsorción, donde un material poroso llamado carbón activado trata el agua para eliminar los contaminantes y subproductos químicos. Si bien no siempre es una solución efectiva a largo plazo, tratamiento en el punto de uso es portátil, fácil de instalar, y adaptable.


Y en las regiones donde los sistemas a gran escala no están disponibles, o donde el agua se ha contaminado a lo largo de su viaje al punto de consumo, estos sistemas pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. El agua limpia sigue siendo un bien preciado y, a menudo escaso. Hay cerca de 800 millones de nosotros que todavía no tienen acceso regular a la misma. La buena noticia es que los avances en el tratamiento del agua, tanto a pequeña y gran escala, puede aliviar una gran cantidad de condiciones inseguras. La implementación de sistemas adecuados donde se necesitan y prestando especial atención a los que ya están en su sitio cumplirá con una de la más básica de nuestras necesidades.

FUENTE: TED

martes, 3 de octubre de 2017

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil

Lawrence Krauss  Enseñar creacionismo es abuso infantil
El doctor Lawrence Krauss habla de las nociones preestablecidas que tenemos los humanos, incluso cuando se contradicen con la realidad. Para explicarlo, usa como ejemplo al senador norteamericano Marco Rubio, a quien considera como un hombre razonablemente inteligente y educado.

Ante la pregunta sobre la edad de nuestro planeta, la Tierra, el senador Marco Rubio contesta que es un gran misterio. Krauss no se sabe si de verdad lo cree o está tratando de ser políticamente correcto.

Sea como fuere, el político aboga por enseñar a los niños dos ideas, la creacionista, que estipula que nuestro mundo tienen 6000 años, y la científica, que lo data en casi 5 mil millones de años de antigüedad.

Según el doctor Krauss, muchos pensarán que no se deben ofender las creencias religiosas.

No obstante, para este gran científico, enseñar a los jóvenes que la Tierra tiene 6000 años es como decirles que la distancia de costa a costa de los Estados Unidos es de 17 pies.

El propósito de la educación

Para el doctor Krauss, el propósito de la educación nunca debe ser validar la ignorancia, jamás defenderla ni dimensionarla.

El 50 % de los habitantes de Estados Unidos creen que el Sol gira alrededor de la Tierra, aun cuando está científicamente probado que no es así.

¿Significa eso que hay que enseñar en las escuelas las teorías anti-Galileanas y anti-Copernicanas y decir que la Tierra gira alrededor del Sol? Absolutamente no.

Así pues, es evidente que demasiada gente está interesada en hacer creer a los demás que la Tierra tiene 6000 años, lo que significa que los científicos y profesores tienen que hacer un mejor trabajo en cuanto a física y biología.

Otro gran problema de la educación actual es que mucha gente no reconoce la teoría de la evolución. No obstante, la evolución es la base de la biología moderna.
Es decir, hay que hacer un mejor trabajo educativo a este respecto, pues el objetivo de la enseñanza nunca puede ser validar la ignorancia, sino superarla.

Para el doctor Krauss, no se debería permitir que un senador de los Estados Unidos pueda manifestar sinsentidos con total impunidad en temas de vital importancia, pues es la salud y el futuro de la sociedad lo que está en juego.

Por último, Krauss insiste en decir que la base de la economía futura es la tecnología y la biotecnología.

Si se acepta y promulgan sinsentidos en las escuelas, están garantizando que los jóvenes norteamericanos caerán ante un mundo competitivo que depende de una fuerza de trabajo capacitada que pueda entender y manipular la tecnología y la ciencia.

Vídeo:

Lawrence Krauss: Enseñar creacionismo es abuso infantil


El poder invisible de los microbios

Peste, tifus o tuberculosis: en el curso de la historia, las enfermedades causadas por bacterias se han cobrado la vida de infinidad de personas. No obstante, sólo el uno por ciento de las bacterias conocidas son agentes patógenos. El reportaje trata de microorganismos que habitan en el cuerpo de seres vivos, en insectos minúsculos y en mamíferos como el ser humano.

Que-son-los-microbios-1
Las bacterias están en todas partes: en el suelo, en el agua y en el aire. 

Desde el insecto más pequeño hasta el ser humano, no hay ningún ser vivo en la Tierra que no esté poblado por bacterias. La ciencia comienza hoy a comprender paulatinamente su complejo papel. Sin bacterias, el aparato digestivo humano, el sistema inmunológico e incluso el aparato reproductor no funcionarían. En el cuerpo humano hay diez veces más bacterias que células, y ahora la ciencia empieza a entender por qué. Sin estos minúsculos habitantes muchas cosas no funcionarían. Parece que las bacterias tuvieron una función mucho más importante en la evolución y en el origen de las especies de lo que se suponía hasta el momento. Gracias a la simbiosis con las bacterias, el calamar enano que habita en Hawái puede iluminarse en su interior y vencer a sus enemigos. Un gusano de mar que vive frente a las costas del Elba es capaz de alimentarse sin disponer de aparato digestivo, y también la reproducción en una especie de avispa es unisexual gracias a una bacteria. ¿Hasta dónde llega el poder invisible de los microbios? Un fascinante reportaje sobre los microorganismos.


Fuente:  DW (Español)

domingo, 24 de septiembre de 2017

Conoce la vida microscópica de tu hogar… y de tu cara

anne_madden

La Dra. Anne Madden trabaja en el Laboratorio Dunn de la Universidad Estatal de Carolina del Nortey colabora con investigadores de la Universidad de Colorado. Estudia la vida microscópica que nos rodea y cómo puede emplearse para mejorar nuestra vida, desde nuevos medicamentos hasta diferentes sabores en alimentos y bebidas.

Es, además, socia y coinventora en la empresa de levadura de cerveza Lachancea LLC donde utiliza sus conocimientos de microbiología para mejorar el sabor de esta bebida.

En esta conferencia TED 2017 (en inglés, con subtítulos en castellano), Anne Madden explica en que consiste su trabajo. En particular, intenta convencer a su auditorio de que los miles de microorganismos que habitan en nuestros cuerpos y hogares pueden representar la llegada de nuevas tecnologías y medicamentos venideros.
Contempla la selva microscópica que existe en ti y a tu alrededor: organismos diminutos que viven en tus mejillas, debajo de tu sofá y en el suelo del patio trasero. Tenemos una relación antagónica con estos microbios; los desinfectamos, los exterminamos, pero según la microbióloga Anne Madden, son fuente de nuevas tecnologías y medicinas que esperan ser descubiertas. Estos alquimistas microscópicos no son algo sucio, dice Madden, son el futuro.
Fuente: TED

jueves, 14 de septiembre de 2017

La historia de las cosas – Annie Leonard



Las empresas juegan un papel preponderante en la actual sociedad, son el corazón de la economía, generan empleo, pagan impuestos, producen y ponen al servicio general la tecnología. La base de los negocios es identificar necesidades y maneras de satisfacerlas; se espera que en este proceso se aporte al bienestar y muchas veces se logra.

La producción, distribución, consumo y residuos tienen fuertes conexiones entre lugares distantes, tecnologías diversas, culturas contrastantes, ecosistemas únicos; es así como en un solo producto pueden haber materias primas de Suramérica, ser ensamblado por mano de obra asiática, utilizar sistemas operativos estadounidenses, sus dueños ser australianos, distribuirse en el mundo por una cadena de tiendas europea y los residuos de producción y consumo quedar dispuestos en África.

El objetivo principal de las empresas es la ganancia, todos los otros propósitos son accesorios; el excedente empresarial será la diferencia entre los ingresos totales menos los costos totales y un camino para aumentar la utilidad es lo que los economistas, de manera elegante, llaman externalizar los costos; lo cual no son más que bienes y servicios que consumen del ecosistema y la sociedad sin pagar por ellos, los usan gratis.

Toman más agua que la que es capaz de reponer la cuenca hidrográfica, extraen maderas, peces y otros organismos a tasas mayores de las que sus poblaciones pueden reponer, vierten a las fuentes de agua lixiviados con altos niveles de contaminación, arrojan al aire millones de toneladas de tóxicos, abandonan montañas de residuos en botaderos que agrupan y potencian los problemas.

A estos usos de la naturaleza por los que no pagan, o sólo lo hacen con un valor ínfimo, hay que agregar las relaciones laborales de muchas empresas que a través de una maraña de tipos de vinculación terminan eludiendo sus responsabilidades básicas con los trabajadores; es así como para abaratar sus costos vuelven externalidades las prestaciones sociales, la seguridad y salud en el trabajo, horas extras gratis; es decir para esta rebaja de costos abusan de los ecosistemas y se aprovechan de la gente.

La actual forma de producción y consumo es ante todo una gran productora de residuos, las investigaciones demuestran que en Norteamérica en sólo seis meses el 99% de todo lo generado lo convierten en basura, es una sociedad del compre y a la caneca.

Comprar y tirar a esta velocidad no es una consecuencia sólo de la satisfacción de necesidades reales sino también del despilfarro creado e incentivado por un mercadeo que publicita muchos productos y servicios innecesarios y de mala calidad; con sus estrategias le hacen creer al individuo que debe adquirirlos para parecerse a la estrella del momento y ser aceptado por su sociedad, para lograrlo este sujeto entra en un torbellino de avidez de dinero, todo ello a costa de su tranquilidad, salud y bienestar.

Los efectos también son en los ecosistemas, siendo más fuertes en los lugares más cercanos a la producción y el consumo, evidencia de ello es el Informe Planeta Vivo 2014, el cual demuestra que al 2010, y tomando como base 1970, el tamaño de las poblaciones de vertebrados en el mundo ha disminuido en 52%, y cuando esto se cruza con las causas más del 80% son antrópicas.

Puede decirse que hoy prevalece  una máscara empresarial de bienestar general, tras la cual se ocultan las intenciones de ganancia sin límites y los resultados negativos para las sociedades y la biosfera; detrás del discurso del bien a la sociedad hay una minoría que se enriquece avasallando ecosistemas y gentes; en el 2014 Oxfam publicó el informe Gobernar para las Élites  y en él demuestra que el 50% de la riqueza del mundo la posee el 1% de la población y la tendencia del abismo entre unos pocos extremadamente ricos y unas inmensas mayorías de pobres sigue en aumento.

Es importante que la sociedad conozca, discuta y tome posición frente a un modelo que tiene en su estructura tales perversidades, que genera perjuicios generales irreparables y ganancias particulares vergonzosas; los costos los exteriorizan hacia la biosfera y la sociedad pero las ganancias las internalizan hacia los accionistas.

Hay caminos desde los cuales se puede ayudar a mitigar esta tragedia como son la moderación del consumo, el apoyo a las economías locales, el repudio al uso irresponsable de ecosistemas.

La investigadora norteamericana Annie Leonard ha generado un profundo trabajo sobre el flujo de materiales y sus implicaciones en las cosas que usamos, los resultados se resumen en el video La Historia de las Cosas:

La Historia de las Cosas (documental en español completo)


domingo, 3 de septiembre de 2017

Preguntas a las que nadie sabe responder - Chris Anderson.

maxresdefault (1)


Las conferencias TED siempre son como una ducha con agua fresca en un día caluroso, edificantes, interesantes, cautivadoras… En este caso disfrutaremos con la obsesión de Chris Anderson, que no es otra que bucear en las preguntas que nos solemos hacer en la infancia, un tanto extravagantes y que no parecen tener respuesta.

En este caso es Andrew Park, un profesional de la animación, quien traslada las ideas de Chris Anderson al mundo de la imagen animada.

¡Disfruta, la curiosidad no ha muerto!


Preguntas a las que nadie sabe responder - Chris Anderson.

En un día típico de escuela de interminables horas aprendiendo a responder preguntas pero justo ahora haremos lo contrario, nos centraremos en preguntas de las que no hay respuestas por aprender por qué se desconocen.

Cuando niño solía interrogarme sobre muchas cosas por ejemplo:

¿Que se sentirá siendo un perro?.

¿Sienten dolor los peces?, ¿Que hay de los insectos?.

¿Fue el Big Bang solo un accidente?.

¿Existe un Dios?, de ser así ¿Como aseguramos que es "El" y no "Ella"?.

¿Porque tanta gente inocente y animales sufren cosas terribles?.

¿En verdad hay un plan trazado de mi vida?.

¿Esta por escribirse en futuro o ya está escrito? , Solo que no podemos verlo y de ser así, ¿Quien lo escribió?.

¿Quien soy a fin de cuentas?.

¿Acaso soy una máquina biológica?, ¿Entonces porque soy consiente?.

¿Que es la conciencia?

¿Serán los robots conscientes algún día?.

Quiero suponer que algún día me dirán las respuestas a todas estas preguntas.

Alguien debe saberlas, ¿No?.


Fuente: TED

Share

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More