El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

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Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

FRASES DE CIENCIA

domingo, 12 de agosto de 2012

Química cerebral y depresión

Alteraciones químicas y depresión

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El cerebro humano es un órgano extremadamente complejo, compuesto por unos cien mil millones de células nerviosas conectadas entre si y un número aún mayor de otros tipos de células. En el cerebro se encuentran, además, cientos de sustancias químicas que continuamente llevan a cabo diversas tareas. Se han llevado a cabo investigaciones que parecen apoyar la idea de que existen personas cuya química cerebral las predispone a entrar en estados depresivos. Esto no necesariamente entra en conflicto con las explicaciones de tipo psicológico. Debemos recordar que todos nuestros pensamientos y emociones tienen un fundamento en la química cerebral. 

También sabemos que si bien la química cerebral influye sobre nuestras emociones, estados de ánimo y pensamientos, éstos también influyen y alteran nuestra química cerebral.

El estrés, el dolor, la pena, al igual que diversas enfermedades, producen cambios y variaciones en nuestra química cerebral. Los cambios hormonales, las deficiencias nutricionales al igual que ciertos medicamentos también pueden alterar la química cerebral. En la mayoría de las personas estas alteraciones tienden a regresar a la normalidad, tan pronto se remueven las circunstancias que las provocaron. 

En el cerebro de las personas deprimidas, sin embargo, estos cambios, en lugar de revertir al estado anterior, tienden a perpetuarse. Adquieren la capacidad de sostenerse por sí mismos sin necesidad de circunstancias externas que les sirvan de disparador y de ese modo continúan, aún cuando se remueva la circunstancia que les dio inicio. En algunos casos ni siquiera es posible identificar una circunstancia que haya servido de disparador.

Se ha postulado que en la persona deprimida la alteración de la química cerebral continúa durante largo tiempo. El estado depresivo resultante causa problemas tales como: falta de concentración, dificultades para dormir y para funcionar en el trabajo, al igual que problemas familiares que crean en la persona un estado de estrés. Ese estrés, a su vez, sirve para perpetuar o incluso, incrementar, la alteración de la química cerebral. De este modo la persona deprimida se encuentra encerrada en un estado de desesperanza del que no parece haber salida.

Afortunadamente, este estado parece ser uno auto-limitado. Tras un periodo que puede fluctuar entre seis meses y unos tres años comienza a producirse un retorno a una química cerebral normal, aun cuando la persona no haya recibido tratamiento. Sin embargo, en ese tiempo la depresión, aparte del sufrimiento que provoca, puede haber causado enormes daños a la persona en su empleo, sus relaciones sociales y familiares y en numerosas otras áreas de su vida. Peor aún, puede ser que el retorno a una química cerebral normal nunca se produzca porque la persona se suicidó.

Los neurotransmisores y la depresión

Hoy día, quienes investigan los aspectos bioquímicos de la depresión, concentran sus esfuerzos mayormente en los efectos de una serie de neurotransmisores (sustancias que sirven de mensajeras entre las células nerviosas). Se sabe que en el cerebro existen docenas de neurotransmisores, sin embargo, los que se estima están involucrados en la depresión pertenecen a una clase derivada de los aminoácidos (moléculas a partir de las cuales se construyen las proteínas). A éstos se les conoce como monoaminos y entre los mismos se encuentran: la serotonina, la norepinefrina y la dopamina. 

Sobre los efectos de los dos primeros es que tenemos mayor abundancia de datos. El interés en estas sustancias surge a comienzos de la década de 1950, cuando algunos médicos observaron que muchos pacientes que eran tratados para problemas de hipertensión con una droga llamada reserpina, comenzaban a sentirse severamente deprimidos. Posteriormente se descubrió que este medicamento tenía el efecto de reducir los niveles de monoaminos.

En la década de 1960 Joseph J. Schildkraut de la universidad de Harvard postuló que la depresión era causada por una deficiencia de norepinefrina en ciertos circuitos cerebrales. Posteriormente se encontró que, de hecho, existe una relación entre los niveles de norepinefrina en el cerebro y la depresión. Sin embargo, también se ha encontrado que hay personas en las que una baja en los niveles de norepinefrina no provoca estados depresivos. Hallazgos como éstos hicieron pensar que en la depresión hay muchos más factores envueltos.

La serotonina

Ya en la década de 1960 se comenzó a investigar el papel de la serotonina en la depresión. Actualmente un gran numero de investigaciones van dirigidas a entender las funciones de esta sustancia en el cerebro. Estas investigaciones han llevado a pensar que la serotonina controla una serie de mecanismos cerebrales relacionados con nuestros estados emocionales. Las células que producen la serotonina en el tallo cerebral tienen conexiones con numerosas áreas del sistema nervioso, incluyendo aquellas que controlan los niveles de norepinefrina. También se conectan con áreas del cerebro relacionadas con las emociones, el deseo sexual, el sueño, el apetito y los procesos cognitivos. Las investigaciones han demostrado que las personas deprimidas poseen niveles bajos de serotonina en el cerebro. Los más bajos niveles se han encontrado en personas que se han suicidado o intentado suicidarse.

Aunque, indudablemente, la baja en los niveles de neurotransmisores como la serotonina y la norepinefrina están involucradas en la depresión, también existen otras sustancias cuyas altas o bajas pueden ser causantes de estados depresivos. Nos referimos a las hormonas. Las hormonas son sustancias secretadas por las glándulas endocrinas como la pituitaria, la tiroides o las adrenales, y cuya función es la de regular procesos tales como: el metabolismo, el crecimiento, y la reproducción.

La glándula pituitaria localizada en la base del cerebro ha sido llamada la glándula maestra o la glándula controladora. Esto a causa de que las hormonas que produce controlan las secreciones de otras glándulas. Una región del cerebro, adyacente a la pituitaria conocida como hipotálamo, segrega varias sustancias que, dependiendo de las circunstancias, estimulan la secreción de hormonas por parte de la pituitaria o la inhiben.
Se ha demostrado que las personas deprimidas presentan una respuesta pobre a las sustancias que estimulan la secreción de varias de estas hormonas, entre ellas la hormona del crecimiento y la hormona estimuladora de la tiroides.

Hormonas de estrés y depresión

Probablemente el aspecto hormonal que mayor atención ha recibido es el de la conexión entre las hormonas que regulan es estrés y la depresión. Cuando tenemos la necesidad de enfrentarnos a una situación que amenaza nuestra seguridad física o psicológica, el hipotálamo comienza a enviar señales hormonales a la pituitaria, que a su vez envía otras señales a las glándulas adrenales localizadas en la parte superior de los riñones. Las adrenales segregan una hormona llamada cortisol que sirve para preparar nuestro organismo para enfrentarse al peligro. Uno de los resultados de los cambios hormonales relacionados con el estrés es que el cerebro se ve invadido por una serie de sustancias químicas, que estimulan las áreas que tienen que ver con los estados emocionales e inhiben las que tienen que ver con la concentración y el pensamiento racional. La producción de serotonina se ve también afectada. Cuando esta situación se prolonga demasiado, el resultado es un estado de depresión, con cansancio crónico e incapacidad para concentrarse en las tareas cotidianas.

Depresión y atrofia cerebral

La teoría acerca de la química cerebral como causa de la depresión se convirtió en la más aceptada. Sin embargo, varios descubrimientos relacionados con el cerebro y las células nerviosas llevados a cabo a partir de la década de 1990 han hecho que se comience a pensar que dicha teoría es incorrecta o tal vez no explica la totalidad de lo que sucede en el cerebro de las personas deprimidas.

En algunos estudios se ha encontrado que la condición de las personas deprimidas no empeora cuando los niveles de serotonina presentes en el cerebro disminuyen. También parece ser que una reducción similar en el nivel de serotonina en el cerebro de las personas no deprimidas no las lleva a deprimirse. Se ha encontrado además que los medicamentos antidepresivos llevan a cabo en pocas horas la tarea de aumentar el nivel de serotonina en el cerebro. Sin embargo, los efectos benéficos, en cuanto a elevar el estado de ánimo y reducir los síntomas de la depresión, tardan por lo general varias semanas en producirse.

Cómo la depresión afecta al hipocampo y
los lóbulos frontales del cerebro

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Por otra parte se ha encontrado evidencia de que en el cerebro de las personas deprimidas se produce una reducción en el tamaño de algunas partes del cerebro, especialmente el hipocampo y los lóbulos frontales. Mientras más severa y/o más prolongada sea la depresión mayor es la pérdida de tamaño en estas regiones del cerebro.

El hipocampo es una parte del cerebro que posee importantes funciones relacionadas con la formación de memorias y el manejo de las emociones. El hipocampo se encuentra bajo la corteza cerebral en el lóbulo temporal medio y su nombre proviene de su forma que se asemeja a la de un hipocampo o caballito de mar (del griego hippos - caballo y kampos - un mostruo marino). Los lóbulos frontales del cerebro, por su parte, son una especie de centro de control de nuestras emociones, además de tomar parte en otras funciones en tre ellas la solución de problemas, el control de impulsos y el lenguaje.

Depresión y neurogénesis

Otro descubrimiento importante de años recientes es que el cerebro humano posee la capacidad de crear células nerviosas o neuronas nuevas a lo largo de toda la vida. A esto se le conoce como neurogénesis. Muchas de estas nuevas neuronas sustituyen a otras que han muerto.

Investigaciones recientes parecen indicar que la depresión provoca una inhibición del proceso de neurogénesis. Es decir, en las personas deprimidas el proceso de creación de nuevas células nerviosas se vuelve más lento o se detiene.

Algunos investigadores han postulado que la depresión se produce cuando las células nerviosas no tienen la capacidad necesaria para responder al ataque de estímulos externos, entre los cuales figura prominentemente el estrés. Algunos investigadores han encontrado que bajo un estados de depresión el cuerpo humano produce una cantidad mayor de lo normal de cortisol. Se cree que esta hormona relacionada con el estrés, tiene un efecto tóxico sobre las neuronas, especialmente las del hipocampo.

Ronald S. Duman, investigador asociado a la Universidad de Yale encontró el cerebro de las personas deprimidas suprime la producción de unas sustancias conocidas como factores neurotróficos que ayudan a que las neuronas sobrevivan y crezcan.

Estas nuevas investigaciones parecen demostrar que en la depresión lo que se produce no es tanto una falta de balance químico sino un proceso de atrofia de neuronas y una falta de producción de nuevas neuronas. En este sentido la depresión se parece a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer o el Parkinson. Sin embargo, hay una importante diferencia, en la depresión el proceso es reversible y el cerebro puede recuperarse. Según parece, en la depresión no hay tanto muerte de neuronas como atrofia de las mismas, por lo que éstas pueden recuperarse. El proceso de neurogénesis, también puede reiniciarse y es susceptible de ser estimulado. Se ha descubierto que los medicamentos antidepresivos hacen que aumenten los ya mencionados factores neurotróficos que nutren a las células cerebrales. Todo esto parece indicar que la forma en que los medicamentos antidepresivos, al igual que diversas actividades, entre ellas el ejercicio físico y mental, combaten la depresión no es incrementando el nivel de neurotransmisores en el cerebro sino estimulando la creación de nuevas neuronas y el rejuvenecimiento de las neuronas atrofiadas.

Herencia y depresión

Durante largo tiempo se ha librado una batalla en el campo de los estudios de la conducta humana entre quienes creen que los principales rasgos de la conducta y la personalidad vienen determinados por nuestros genes y otros que piensan que el aprendizaje o el ambiente son los factores determinantes. En décadas recientes esta batalla se ha extendido al campo de los problemas mentales y a los desórdenes afectivos de los cuales la depresión es el más extendido.

Los recientes avances en la genética nos están llevando a un mejor entendimiento de aquellos factores de nuestra biología que influyen sobre nuestras características mentales. Algunas personas tienen la idea de que cuando hablamos de la relación entre genética y depresión o de herencia y depresión estamos hablando de factores total y absolutamente determinantes. Con frecuencia las personas le preguntan a su médico si determinada condición como la diabetes, la esquizofrenia, o la enfermedad de Alzheimer es hereditaria. Sin embargo el problema es mucho más complejo.

Los genes y la depresión

Estudios clínicos recientes han producido evidencia sustancial de que el riesgo de sufrir una depresión mayor corre en familias y se transmite por medio de mecanismos genéticos. En un estudio llevado a cabo en 1998 en la escuela de medicina de Washington University en Missouri, se encontró que en las personas que padecen depresión y que además tienen algún pariente cercano (padre, madre, hermano, hermana, hijo hija), un área de la región prefrontal del cerebro es más pequeña que en las personas que no padecen de depresión o que en aquéllas cuya depresión no corre en la familia. Esto sugiere que la depresión heredada es distinta a otros tipos de depresión.

En la actualidad una buena cantidad de esfuerzos van dirigidos a identificar los lugares precisos en los cromosomas humanos que están relacionados con esta mayor vulnerabilidad a la depresión. Sin embargo, la tarea no es sencilla debido a varios factores. En primer lugar, la depresión es tan común que posiblemente no haya una sino varias mutaciones genéticas implicadas en la misma. Es muy posible que cada una de estas alteraciones genéticas haga una pequeña contribución al desarrollo de la depresión que de por sí sola sea difícil detectar. En segundo lugar, en las enfermedades degenerativas como la esclerosis múltiple o la enfermedad de Alzheimer, la tarea es mucho más fácil ya que se pueden observar claramente unos extensos cambios estructurales en el cerebro. En el cerebro de las personas deprimidas no se producen cambios tan extensos y los que se producen son de naturaleza temporera, es decir desaparecen con el tratamiento y la remisión de la depresión. La naturaleza episódica de la depresión y la diversidad de edades en las que se puede manifestar por vez primera, también convierten en difícil la tarea de observar el modo en que se manifiesta en diversas familias.

En un estudio publicado por varios investigadores japoneses a finales de 2002 se concluye que lo que se hereda no es tanto la depresión sino ciertos tipos de temperamento que predisponen o hacen a una persona más vulnerable a la depresión. Sin embargo, estos factores temperamentales actúan conjuntamente con factores de tipo ambiental. En otras palabras, para que esa vulnerabilidad a la depresión se manifieste y se produzca un estado depresivo, se necesitan ciertos factores en el ambiente externo o en el entorno social que le sirvan de disparador.

En el primero de una serie de artículos publicados a partir de abril de 2009 en la revista Psychiatric Times se señala que lo que se está descubriendo es que ciertos genes predisponen al desarrollo de ciertos patrones funcionales y estructurales en el cerebro. Estos patrones a su vez promueven la manifestación de síntomas relacionados con desórdenes tales como la depresión y otros trastornos anímicos cuando se presentan situaciones ambientales retantes. Entre estas situaciones figuran prominentemente el estrés, pérdidas y tragedias personales así como problemas familiares y en el empleo. Situaciones que pudieran parecer positivas, como por ejemplo, un nuevo empleo con mayores responsabilidadespueden también representan un reto y pueden hacer que en algunas personas se desarrollen síntomas de depresión.

Por qué la mujer se deprime con mayor frecuencia que el hombre

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Como señalamos en otro lugar, la proporción de mujeres que padecen de depresión es alrededor del doble que en los hombres. Cuando se comenzó a notar esta relación entre depresión y género algunos pensaron que la explicación estaba en el hecho de que las mujeres eran más dadas que los hombres a buscar ayuda y a contar sus problemas. Según esta teoría hay muchos hombres deprimidos que prefieren callar y por lo tanto no aparecen en las estadísticas de depresión.

 Posteriormente se ha encontrado, que si bien puede haber algo de cierto en esto, el efecto no es lo suficientemente grande como para explicar la mayor incidencia de depresión en la mujer Es decir, la diferencia en las tasas de depresión de hombres y mujeres parece ser muy grande para deberse exclusivamente a este factor.

Diferencias en el cerebro

A mediados de la década de 1990 el Dr. Mark George de los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos realizaba estudios sobre las áreas del cerebro involucradas en distintos tipos de emociones. Utilizando un equipo de tomografía por emisión de positrones (PET Scan) que permite ver las diversas áreas del cerebro que están activas en un momento dado, se dio cuenta que el área cerebral que participa en los sentimientos de tristeza es alrededor de ocho veces mayor en la mujer que en el hombre. El significado preciso de estos hallazgos es aún tema de debate científico pero parecen indicar hacia una posible clave.

Según hallazgos recientes en la universidad McGill de Canadá, el cerebro de los hombres produce alrededor de cincuenta por ciento más serotonina que el de las mujeres. De esto ser así, es posible que esta cantidad adicional de serotonina en los hombres les provea cierto grado de protección emocional. Esto podría ayudar a explicar por qué es mayor la proporción de mujeres que de hombres que padecen de depresión. Sin embargo, debemos recordar que en años recientes se ha puesto en duda la hipótesis según la cual la depresión se debe a un bajo nivel de serotonina u otros neurotransmisores en el cerebro.

Estrógeno y depresión

El riesgo de depresión en la mujer parece también estar relacionado con la producción de estrógeno. Las mujeres son más susceptibles a la depresión a partir de la pubertad y hasta poco antes de la menopausia. Al parecer, el estrógeno no sólo provoca un incremento en la secreción de cortisol, que como ya hemos visto es una hormona asociada al estrés, sino que mantiene altos los niveles de éste durante un tiempo mayor.

Otros factores

Por otra parte, investigaciones recientes parecen demostrar que la mujer es más sensible a la luz natural (y a la falta de ésta) que el hombre. Se ha demostrado una relación entre la falta de luz solar y ciertos tipos de desórdenes afectivos. 

En nuestra sociedad vivimos gran parte del tiempo bajo luz artificial y es muy posible que muchas mujeres (y también algunos hombres) no estén obteniendo la exposición a la luz solar que necesitan.

En otro estudio reciente, se encontró que muchas mujeres sufrían una combinación de pensamiento constante acerca sus estados de ánimo, con una falta de control sobre su vida y una frustración crónica. Esto a causa de la gran carga que representan las tareas y responsabilidades, tales como el cuido de los hijos y las labores domésticas, que recaen sobre ellas en mucha mayor medida que sobre los hombres.

Audio

Depresión y cerebro (Redes #388)

En los últimos siete años con el avance de la ciencia se ha visto que en personas depresivas hay algunos cambios anatómicos del cerebro. Al mismo tiempo se ha observado que incluso las personas de más de sesenta años pueden fabricar nuevas neuronas. Estos avances nos darán una visión distinta de la depresión.


Peter Kramer, psiquiatra del Brown Medical School e invitado de esta semana en Redes, nos desarrollará la depresión de un modo distinto. Esto nos permitirá dar un paso más en la investigación de la depresión y poder tratarla como una enfermedad más.




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La Gran Amenaza: La Depresión (Capítulo REDES 388)


La idea que el sufrimiento es necesario para la creatividad, su relación con la moral, su profundidad,... ha originado una idea romántica de la depresión ¿Qué habría pasado si hubiera existido un antidepresivo en la época de Van Gogh? ¿Habría sido un pintor tan bueno?

¿Qué es la depresión en concreto y qué es lo que nos imaginamos sobre la depresión? Sabemos que existen diferentes indicadores biológicos como las hormonas y la disminución de plaquetas, pero ¿hay alguna relación con la genética? ¿Existe gente con menos probabilidad de desarrollar esta enfermedad?

En los últimos siete años con el avance de la ciencia se ha visto que en personas depresivas hay algunos cambios anatómicos del cerebro. Al mismo tiempo se ha observado que incluso las personas de más de sesenta años pueden fabricar nuevas neuronas. Estos avances nos darán una visión distinta de la depresión.

¿Qué papel tiene el amor en todo esto? ¿El amor nos conduce a la depresión o nos salva de ella?

Peter Kramer, psiquiatra del Brown Medical School e invitado de esta semana en Redes, nos desarrollará la depresión de un modo distinto. Esto nos permitirá dar un paso más en la investigación de la depresión y poder tratarla como una enfermedad más.

En el plató contaremos con la presencia de José Antonio Marina, Filósofo y ensayista y Antonio Bulbena, Director del Servicio de Psiquiatría en el Hospital del Mar.

6 comentarios:

Esta super bien la página y el artículo me ayudó cañón!!!

Muchas Gracias esta argumento articulo. Preciso muy interesante y me sacó de apuro me ayudó un Monton. Genial Gracias.

Gracias resumen mas ejercicio. Mas serotonina. Buscar el gozo

Gracias resumen mas ejercicio. Mas serotonina. Buscar el gozo

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