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Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

FRASES DE CIENCIA

lunes, 19 de septiembre de 2011

La Biblioteca de Alejandría PASADO Y PRESENTE

A la muerte de Alejandro de Macedonia, los territorios conquistados en Asia Menor, Oriente Medio, Oriente Lejano y África fueron divididos entre sus generales. El sucesor de Alejandro en Grecia, Casandro, ayudó a Demetrio de Falera (puerto cercano a El Pireo) a llegar al poder en Atenas.

Demetrio era un estudioso peripatético de la primera generación, es decir, había estudiado con Aristóteles junto a Teofrasto y al propio Alejandro.

Como gobernante de Atenas, hizo venir a Teofrasto para fundar unLiceo al estilo de la Academia de Platón. Después de diez años de tiranía, y debido a conflictos políticos entre los sucesores de Alejandro, Demetrio fue desterrado. Por su parte, Tolomeo, uno de los generales exitosos de Alejandro, se había consolidado como rey del Egipto conquistado, donde se lo conocía como Tolomeo I Sóter. Éste invitó a Teofrasto a hacerse cargo de la educación de su heredero. Teofrasto rechazó la invitación (297 a.C.) y recomendó en su lugar a Demetrio.

Fue Demetrio de Falera quien sugirió a Tolomeo I Sóter la idea de establecer un gran centro de investigación en Alejandría con una biblioteca importante ligada a él, al que se debía llamar "Museo". La fecha precisa de la fundación de estas dos instituciones no es conocida pero es probable que Sóter iniciara la obra en 290 a.C. y que luego la tarea fuera completada por Tolemeo II Filadelfo, porque es bien sabido que la Biblioteca y el Museo alcanzaron su máximo esplendor durante el reinado de Filadelfo.

La primera mención de la Biblioteca que ha quedado registrada se encuentra en la Carta de Aristeas (180-145 a.C.), estudioso judío que escribió crónicas sobre la traducción del Viejo Testemento al griego por setenta y dos rabinos. Según él, “este trabajo había sido encargado por el ateniense desterrado Demetrio de Falera, a quien patrocinaba Tolemeo Sóter”.

Demetrio de Falera, como otros pensadores y sabios griegos

(Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles),, se caracterizó por su capacidad para combinar el hábito de la meditación con el interés por la cosa pública. Después de su derrocamiento y de sufrir el destierro (la pena máxima entre los griegos), encaró la tarea más importante de su vida, lo cual es una prueba de la fuerza de sus convicciones y de su tenacidad. Ejerció su influencia sobre los dos primeros reyes tolemaicos para que éstos decidieran convertir a Egipto en el centro cultural del mundo antiguo y a Alejandría en la capital de las Ciencias, las Artes y la Filosofía. Según Aristeas, Demetrio recomendó a Sóter reunir una colección de libros acerca de la monarquía y el gobierno —del tipo de los escritos sobre filósofos-reyes de Platón—, además de libros de autores de todo el mundo que le   pudieran servir para entender mejor los asuntos de la política y el comercio. La estrategia de Demetrio consistía en traer escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes a Alejandría para enriquecer el Museo y la Biblioteca.

El Museo fue el centro de estudios más grande de los tiempos antiguos y el primer instituto científico que registra la Historia. La Biblioteca fue la primera en su tipo de carácter universal. De Demetrio se conservan pocas imágenes. Tras su caída del poder, sus más de 300 estatuas fueron destruidas.

El Museo

Ante todo se debe aclarar que éste no fue el primer templo dedicado a los patronos de las Artes y las Ciencias. Sin embargo, fundado medio siglo después de la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles, la Estoa de Zenón y la Escuela de Epicuro, y localizado en un rico centro del comercio internacional —y del intercambio cultural—, se dieron las condiciones para que la institución floreciera. El Museo, las escuelas recién mencionadas y la Biblioteca de Pérgamo han sido probablemente los modelos para los monasterios medievales y las primeras universidades.

Se invitó a estudiosos a llevar a cabo las actividades peripatéticas de la observación y la deducción en Matemática, Medicina, Astronomía, y Geometría; la mayoría de los descubrimientos del mundo occidental fueron registrados y se debatió seobre ellos allí durante 500 años. En Alejandría nacieron nuevas disciplinas como la Trigonometría, la Gramática y la Preservación de Manuscritos. Por otra parte, la colección de documentos permitió la transmisión y traducción de textos clásicos vitales al árabe y al hebreo, donde ellos se conservaron mucho tiempo después de que los originales se habían perdido en Europa.

Los arqueólogos no han descubierto o identificado todavía las ruinas del Museo. De fuentes primarias independientes, parece claro que éste se encontraba en el sector de la ciudad llamado Brucchium (nordeste), probablemente en las tierras del palacio o en sus adyacencias. Estaba rodeado por la corte, los jardines y un parque zoológico que contenía animales exóticos provenientes de las regiones más remotas del imperio de Alejandro. Según Estrabón, en su centro había un Gran Salón y un salón circular abovedado para cenas (¿romano?). Tenía un observatorio en su terraza superior y estaba rodeado por aulas. Se estima que allí se alojaron permanentemente entre 30 y 50 estudiosos, quienes probablemente se alimentaron y fueron mantenidos primero por la familia real y después, según un papiro romano temprano, haciendo uso del dinero público.
Reconstrucción del Museo tomada del vídeo Cosmos de Carl Sagan

La Biblioteca



“Y en lo que respecta al número de libros, los anaqueles, y la colección en el Salón de las Musas, no necesito decir nada, porque ellos están en la memoria de todos los hombres.”        Ateneo

Aunque no se conoce el número con exactitud, se cree que en su apogeo la Biblioteca tuvo unos 700.000 manuscritos, los cuales equivalen aproximadamente a unos 100.000 libros impresos de hoy. Los reyes tolemaicos quisieron enriquecer la Biblioteca con los tesoros del conocimiento de todas las ramas del saber; estaban ansiosos por adquirir manuscritos originales y hacían revisar cada barco que llegaba a Alejandría: cuando encontraban un libro, éste se llevaba a la Biblioteca para que fuera copiado y la copia se devolvía al dueño. En la misma línea, Tolomeo III escribió una carta “A los soberanos de todo el mundo” pidiendo prestados sus libros. Cuando Atenas le prestó los textos de Eurípides, Esquilo y Sófocles, él los copió, devolvió las copias y guardó los originales

Al principio, la Biblioteca estaba cerca del Museo, dentro de los recintos del palacio real. Medio siglo después, cuando la cantidad de libros adquiridos sobrepasó su capacidad, se decidió abrir una dependencia adicional para acomodar los libros sobrantes. Esta "Biblioteca Hija" estaba en el Serapeum (Templo de Serapis), que se situaba a cierta distancia del palacio, en el distrito sur de la ciudad. La Biblioteca Hija pronto se volvió una biblioteca propiamente dicha y en el período romano se convirtió en un centro de aprendizaje de gran actividad. Se han encontrado algunos restos de ella en excavaciones recientes. Su esquema de construcción era similar al del Museo; la construcción fue comenzada por Tolomeo II Filadelfo y completada por su hijo.

En tiempos de Demetrio, las bibliotecas griegas eran normalmente colecciones particulares de manuscritos, como la biblioteca de Aristóteles que tenía trabajos propios y de otros. Los templos de Egipto tenían a menudo anaqueles que contenían un surtido de textos religiosos y oficiales, como ciertos museos griegos. Varios siglos después, Tzetzes registra que Calímaco catalogó 400.000 manuscritos "mixtos" (probablemente aquellos que contenían más de un capítulo, trabajo, o autor) y 90.000 "puros", más 42.000 en el Serapeum. En la Biblioteca se hicieron los primeros trabajos sistemáticos de copiado, enmienda y comparación de textos clásicos sin los cuales ninguno de los autores hubiera sobrevivido.
                            Vat. gr. 190, vol. 1 fols. 38 verso - 39 recto

Los Elementos de Euclides, escritos alrededor del año 300 a.C., obra sobre temas de Geometría, Proporciones y Teoría de los Números. Ha sido la obra de vigencia más prolongada de la Historia. Después de la Biblia es el libro del cual se han hecho mayor cantidad de impresiones.

Este manuscrito preserva una versión antigua del texto. Aquí se muestra la Proposición 47 del Libro I , el Teorema de Pitágoras: «El cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.»

Este importante enunciado ha sido objeto de varias notas en el manuscrito.
 Vat. gr. 204 fol. 116 recto
Éste es el manuscrito más viejo de una colección de trabajos sobre Astronomía y Matemática de Autólico, Euclides, Aristarco, Hipsicles, y Teodosio. El más curioso es el de Aristarco: Sobre el Tamaño y la Distancia del Sol y la Luna. Aquí se muestra la Proposición 13 (con unas cuantas glosas), la cual se refiere a la razón de la prolongación del arco que divide la parte iluminada de la parte oscura de la Luna en un eclipse de Luna a los diámetros del Sol y la Luna.
Se cree que Demetrio se convirtió al culto de Serapis o —más probablemente— que fue un sacerdote del nuevo culto greco-egipcio inventado por Tolomeo. Sin embargo, el Serapeum se construyó después de su muerte y a él no se lo recuerda como director de esa institución.

El Director de la Biblioteca era uno de los funcionarios de más alto rango y era designado por el propio faraón. Normalmente se lo elegía entre las personas más prominentes en Ciencia o Literatura. Los directores de la Biblioteca enriquecieron a Alejandría con sus propios estudios. El primer director de la Biblioteca registrado es Zenódoto de Éfeso, quien desempeñó ese cargo desde el final del reinado de Tolomeo I hasta 245 a.C. Su sucesor Calímaco de Cirene fue quizá el director de la Biblioteca más famoso de Alejandría y quien creó por primera vez un catálogo de su patrimonio al que llamó "Pinakes" o "Tablas". Este catálogo no era de ninguna manera exhaustivo, más bien era un buen índice temático. Apolonio de Rodas, el escritor de la notablemente meticulosa obra épica El Viaje de los Argonautas, parece haber sido quien reemplazó a Calímaco. 

Eratóstenes de Cirene, geógrafo y matemático estoico, lo sucedió en 235, y creó su "Esquema de los Grandes Anaqueles". En 195, Aristófanes de Bizancio —un estudioso homérico sin relación con el dramaturgo cómico— se hizo cargo y puso al día las Tablas de Calímaco. El último director registrado de la Biblioteca es Aristarco de Samotracia, astrónomo, quien asumió en 180 a.C. y fue separado del cargo durante los forcejeos dinásticos entre dos Tolomeos. [Algunos mencionan antes de él a Apolonio "Idógrafo" (189/6-175 a.C.) y luego de él a Kidas (145-116 a.C.).] La Biblioteca funcionó después durante varios siglos. Sin embargo, ningún otro estudioso es mencionado como director de la Biblioteca.

 Los estantes de la Biblioteca pueden haber estado en uno de los salones de conferencia periféricos, en el jardín, o pueden haber sido alojados en el Gran Salón. Consistían en casilleros, perchas para los manuscritos —los mejores de los cuales se untaban con aceite de lino—, o bolsas de cuero. 

El pergamino de piel (vellum) se puso en boga cuando Alejandría dejó de exportar papiro en un esfuerzo por estrangular a su biblioteca rival más joven, fundada por los Seléucidas en Pérgamo. En tiempos de los romanos, los trabajos empezaron a ser escritos en forma de códice (libro), y se los guardaba en estantes de madera llamados armaria. Curiosamente, la biblioteca más famosa del mundo no funcionó durante la era del libro impreso: primero fue la época del papiro, luego la del códice y hoy, en su reconstrucción, la del disco compacto.

Desde Calímaco en adelante, el catálogo de manuscritos se hizo de acuerdo a la división del conocimiento de Aristóteles, o por lo menos —como hizo él— separando de la "Filosofía" a las Ciencias Observacionales y Deductivas.

Para leer el artículo en su totalidad, haga clic aquí

Fuente:  Luventicus.org

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La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande del mundo. Situada en la ciudad egipcia de Alejandría, se cree que fue creada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter y que llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes. Una nueva Biblioteca Alejandrina, promovida por la UNESCO, fue inaugurada en el año 2003 en la misma ciudad.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es uno de los más grandes misterios de la civilización occidental. Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del Museo, siendo las del Serapeo muy escasas. Puede no obstante afirmarse sin duda que la Gran Bibilioteca fundada por los Ptolomeos no resultó afectada por la Guerra Alejandrina de 48 a. C., y probablemente ya había desaparecido en el momento de la invasión árabe, en que según algunas fuentes el califa Omar ordenó la destrucción de millares de libros. Independientemente de las culpas de cristianos y musulmanes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado del siglo III o del IV, quizá en 273, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297. La biblioteca-hija del Serapeo, sucesora de la Gran Biblioteca, fue expoliada, o al menos vaciada, en 391, cuando el emperador Teodosio el Grande ordenó la destrucción de los templos paganos de la ciudad de los Ptolomeos
.

Desde el siglo XIX, los eruditos han intentado comprender la organización y estructura de la biblioteca, y se ha debatido largo y tendido sobre su final. Los conocimientos sobre la Biblioteca, cómo fue, cómo trabajaron sus sabios, el número exacto de volúmenes e incluso su misma situación son escasos, ya que muy pocos testimonios tratan sobre tan gran institución, y aun estos son esporádicos y desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI han insistido en que se ha formado una utopía retrospectiva en torno a la Biblioteca de Alejandría. No hay duda de que la biblioteca existió, pero apenas hay certezas en lo escrito sobre ella. Se han hecho centenares de afirmaciones contradictorias, dudosas y simplemente falsas, realizando suposiciones a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones.

La biblioteca del Museo constaba de diez estancias dedicadas a la investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente. Un gran número de poetas y filósofos, que llegaron a ser más de cien en sus mejores años, se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.
Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergetes (246-221 a. C.), y se estableció en la colina del barrio de Racotis (hoy llamada Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar; concretamente, en el antiguo templo erigido por los primeros Ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo, considerado como uno de los edificios más bellos de la Antigüedad. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron y modernizaron en gran medida, incorporando incluso calefacción central mediante tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.

Ptolomeo II encargó a Zenódoto de Éfeso, ayudado por el poeta Calímaco, la tarea de catalogación de todos los volúmenes y libros. Zenódoto fue el primer bibliotecario de Alejandría, y en estos años las obras catalogadas llegaron al medio millón.[3] El resultado de su labor fue el Pinakes, primer catálogo temático de la historia. Unas se presentaban en rollos de papiro o pergamino, que es lo que se llamaba «volúmenes», y otras en hojas cortadas, que formaban lo que se denominaba «tomos». Cada una de estas obras podía dividirse en «partes» o «libros». Se hacían copias a mano de las obras originales, es decir «ediciones», que eran muy estimadas (incluso más que las originales) por las correcciones llevadas a cabo. Las personas encargadas de la organización de la biblioteca y que ayudaban a Calímaco rebuscaban por todas las culturas y en todas las lenguas conocidas del mundo antiguo y enviaban negociadores que pudieran hacerse con bibliotecas enteras, unas veces para comprarlas tal cual, otras como préstamo para hacer copias.

Los grandes buques que llegaban al famoso puerto de Alejandría cargados de mercancías diversas eran inspeccionados por la guardia, tanto en busca de contrabando como de textos. Cuando encontraban algún rollo, lo confiscaban y lo llevaban en depósito a la biblioteca, donde los amanuenses se encargaban de copiarlo. Una vez hecha esa labor, el rollo era generalmente devuelto a sus dueños. El valor de estas copias era altísimo y muy estimado. La biblioteca de Alejandría llegó a ser la depositaria de las copias de todos los libros del mundo antiguo. Allí fue donde realmente se llevó a cabo por primera vez el arte de la edición crítica










Extracto de la serie Cosmos, de Carl Sagan, sobre la antigua biblioteca de Alejandría: el saber del mundo antiguo, atesorado entre los muros del primer centro de investigación de la historia... que se perdió para siempre

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