El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

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Publicado por El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento en Jueves, 21 de julio de 2016

FRASES DE CIENCIA

sábado, 26 de noviembre de 2016

Melina Furman: "Llenemos la escuela de preguntas para pensar"

"Nuestras escuelas hoy están enseñando a no pensar, pero tenemos la chance y la urgencia de ayudar a los chicos a reconectarse con el sentido y el disfrute de su aprendizaje", consideró la profesora de la Escuela de Educación de San Andrés durante su presentación en TEDxRíodelaPlataED.
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Muchos dicen que la escuela no está enseñando a los chicos a pensar, pero creo que es mucho peor: les estamos enseñando a no pensar. Yo soy investigadora de Educación. Uno de mis pasatiempos es recorrer escuelas y recoger todas las preguntas que aparecen en los pizarrones. Me encantan los pizarrones porque son una gran ventana de lo que está pasando en el aula. Investigo cómo se enseñan las Ciencias Naturales en las escuelas, desde el jardín de infantes hasta la universidad, y a pensar diferentes maneras de mejorar esa instancia.

En general me encuentro con preguntas muy parecidas, todas cortadas por la misma tijera. Les hago algunas a ver si las saben: ¿Qué es una célula? ¿Cuáles son sus partes? ¿Qué es la nutrición? ¿En qué se diferencia de la alimentación? ¿Qué tipo de formas puede tomar la energía? ¿Cuántas capas tiene el planeta Tierra?¿Qué dice la primera Ley de Newton? Y esta última, apuesto a que todos la estudiaron en la escuela pero muy poquitos la podrían responder hoy: ¿Cuáles son las fases de la mitosis?

¿Qué tienen en común todas estas preguntas? Son preguntas fácticas, que se responden con un dato, un hecho, una definición. Son preguntas cuyas respuestas puedo encontrar en un libro, así que entonces la copio de ahí aunque no la haya entendido del todo y la olvido mañana.

¿Está mal que estén estas preguntas en los pizarrones? No creo que esté mal. De hecho, queremos que los chicos sepan qué es una célula y las distintas formas que puede adoptar la energía. El problema no es que estas preguntas estén en el pizarrón, sino que son las únicas que están en el pizarrón.

Les voy a mostrar algunas de mi pizarrón "favorito": “Con la ayuda del libro responda el siguiente cuestionario: ¿Las células intervienen en el proceso de crecimiento? ¿Las células se reproducen?”.

Si vamos a la formación docente, el escenario es bastante parecido. Hace dos años hicimos una investigación en un instituto de formación de profesores muy prestigioso del norte de la Argentina. Fuimos a ver qué preguntas les hacían en los exámenes finales los profesores a sus alumnos, que a su vez iban a ser los futuros docentes. Y encontramos algo tremendo: el 71 por ciento de esas preguntas eran fácticas y de ellas buena parte eran terminológicas, es decir que se responden con una palabrita o con un término técnico.

Les voy a dar un ejemplo para que entiendan de qué se trata. Es un diálogo entre el profesor, que está tomando examen, y el alumno, que lo rinde. El alumno le responde la palabra “donar”, pero el profesor quiere escuchar la palabra “transferir”, porque está hablando del proceso de transferencia de electrones.

Profesor: No es donar, ¿cuál es la palabra correcta? Yo te voy a ayudar. Imaginate que estoy en Misiones y tengo un hijo en Corrientes que necesita plata. ¿Qué hago?

Alumno: Le envío.

Profesor: Sí, pero cómo se llama eso en el banco. Trans…  (Uno no sabe qué más hacer para que le den la respuesta correcta. Casi que hay que ayudarlos con el cuerpo).

Alumno: ¡Transporto!

Profesor: No, le transfiero. No es lo mismos donar que transferir. Es importante que sepa bien la palabra.

Pero lo más interesante de esta investigación es que cuando entrevistamos a estos mismos profesores sobre qué querían lograr con sus alumnos, todos coincidieron en lo mismo: “Queremos enseñarles que sean curiosos, a entender el mundo, a que sean críticos”.

Sin embargo, aun con las mejores intenciones, nuestras aulas, tanto en la escuela como en la formación docente, están llenas de conocimiento fáctico e inerte. Esto es grave porque nos estamos perdiendo la chance de enseñar cosas más importantes e interesantes.

¿Pero qué aprenden? Aprenden que aprender es repetir incluso sin entender del todo. Aprenden a recitar y a que aprender es una actividad desapasionada. Que aprenden para otros, pero no para ellos mismos.

Entonces, ¿cómo cambiamos esta situación? Tal vez la pregunta sea por dónde empezar. Estamos ante un escenario muy complejo y que tiene muchas causas profundas. Pero una de las cosas que aprendimos en estos años de trabajar mucho con escuelas es que una de las claves está en ponerle foco a las preguntas. En transformar esas preguntas fácticas y muertas en preguntas para pensar, en desafíos, en problemas que presentan cuestiones intrigantes.

Les voy a contar dos ejemplos que usamos mucho en las escuelas. El primero es un clásico de las preguntas de la escuela primaria: ¿Cuáles son las características de los seres vivos? Todos aprendimos a repetir como lores que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Cuando los chicos son más grandes y están en la secundaria, sin embargo, dicen lo mismo con un par agregados. Miren cómo sería una pregunta para pensar sobre esta misma idea de que los seres vivos tienen ciertas características:

Resulta que ayer estaba cocinando pan en casa y me di cuenta que me faltaba levadura, así que fui al supermercado a comprar. La agarré de la heladera y cuando estaba en la caja una señora me dijo:

Señora: Cuidala mucho, que no se te vaya a morir. La levadura es un ser vivo.

Yo le respondí:

- ¿Cómo que esta levadura es un ser vivo? No se parece a ninguno que yo conozco. 

Y me fui.

Mientras iba caminando a casa me quedé pensando. ¿Y si la señora tuviera razón? ¿Cómo podría averiguar si esta levadura es o no es un ser vivo?

Fíjense cómo ahora hay que pensar. Si con un sentido los chicos estudian que los seres vivos tienen ciertas características, juntos con la maestra pueden buscar la forma de averiguar si la levadura se reproduce. Y una forma de saberlo es poner un poco de levadura en un pan húmedo y esperar unos días para ver si aparece levadura nueva.

¿La levadura tiene células? Otra forma de saberlo es poner un poco de lavadura en un microscopio y ahí sabremos la respuesta.

¿Puedo matar a la levadura? Una manera de conocerlo es poner levadura a hervir durante un ratito, colocarla en un pan y ver que no levó.

La pregunta, entonces, ya no es un callejón sin salida, sino la puerta de entrada para aprender.

El segundo ejemplo que podemos citar es cuando los chicos estudian el sonido. Una pregunta fática clásica es cómo se propaga el sonido. Y los chicos aprenden lo que cuenta el manual: que los sonidos se expanden por un medio que puede ser líquido, sólido o gaseoso; que ese medio tiene que vibrar; que se propaga en forma de honda a distintas velocidades; que en el vacío no hay sonido.

Miren cómo sería una pregunta para pensar sobre esta misma idea del sonido. Para eso hay que volver a la infancia. ¿Alguna vez jugaron con un teléfono casero? Seguro que sí.

Agustín y Violeta son dos hermanos que habían estado toda la tarde en el fondo de su casa jugando con un teléfono casero. De tanto jugar y jugar vieron algo que les llamó la atención. Para andar el teléfono tenía que tener el hilo bien estirado. Si el hilo está colgando, no funciona más. Se pusieron a discutir. Agustín le dijo:

-Yo sé qué pasa. Si el hilo está flojo, no tiembla, entonces por eso no llega el sonido.

Violeta decía:

- Nada que ver. Lo que pasa es que cuando el hilo está flojo, el sonido se cae al piso y no puede volver a subir. 

Y así siguieron discutiendo.

¿Cómo podemos hacer para saber quién de los dos hermanos tiene razón?

De nuevo, la pregunta abre el camino para aprender y explorar. Esta pregunta la armé después de trabajar con chicos de una escuela primaria que jugaban con teléfonos caseros. Muchos de los chicos, casi la mitad de la clase, estaban convencidos de que el sonido se caía al piso y no podía subir. Entonces los chicos en grupo se tienen que romper la cabeza para buscar una manera de ver quién de los dos hermanos tiene razón. Y siempre, siempre, alguno de los grupos llega a una solución que es simple pero brillante: poner el teléfono en posición vertical, parado, con el hilo tirante; hablar desde abajo y escuchar hacia arriba. Si Violeta tiene razón, el sonido no puede trepar y no se va a escuchar. Si el que tiene razón es Agustín, va a pasar lo contrario.

Lo más lindo de estas preguntas para pensar, creo yo, es que los chicos no solo aprenden ideas, conceptos importantes sobre cómo funcionan el sonido, los seres vivos, etc., sino que aprenden capacidades de razonamiento que los van a acompañar toda la vida. Aprenden a debatir, a resolver problemas juntos con otros, a analizar datos, a discernir entre distintas explicaciones. Aprenden a pensar.

Esta idea de las pregunta para pensar no es nueva en educación. Sin embargo, estamos lejos, muy lejos, de que sea una realidad en todas las escuelas. La gran noticia es que cuando eso pasa los resultados son maravillosos. Desde 2007 venimos llevando a cabo un programa que se llama “Escuelas del Bicentenario”, por el que pasaron más de 130 escuelas públicas de las partes más pobres de la Argentina. Al principio del programa les tomamos una prueba a los chicos con todas preguntas para pensar. El resultado fue horrible, porque muy poquitos de los chicos las pudieron responder. Después de cuatro años de trabajo con cada escuela, con los maestros y directores, reformulando cada uno de los tema de todo el programa de estudio con preguntas para pensar,  los resultados fueron diametralmente opuestos, maravillosamente ente mejores. Ahora casi todos los chicos podían responder a esas preguntas y lo más lindo es que decían que eran fáciles; y no eran fáciles, sino que eran difíciles. Lo que pasó es que habían trabajado con los maestros todo el año.

Cuando miro estos datos siento que tenemos entre manos una gran oportunidad pero también un gran deber. Lo que nos dicen estos datos es que el cambio, que no es nada fácil, es posible. Requiere de un montón de esfuerzo, de estrategia y de hacer las cosas bien, pero es posible. Es posible en escuelas reales, potenciando a los maestros y profesores que tenemos hoy en el sistema educativo. Es posible con los chicos que tenemos hoy en la escuela y es posible en tiempos razonables. Nuestras escuelas hoy están enseñando a no pensar, pero tenemos la chance y la urgencia de ayudar a los chicos a reconectarse con el sentido y el disfrute de su aprendizaje. Llenemos la escuela de preguntas para pensar.

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